domingo, 20 de septiembre de 2026

Prácticas de ortografía dudosa, José de Casas Hormaechea


Prácticas de ortografía dudosa es un conocido libro de texto escolar escrito por José de Casas a finales del siglo XIX. De pequeño tamaño y tapa dura, está diseñado para que los estudiantes imitaran la letra manuscrita y practicaran mediante la copia y el dictado. Contiene numerosos ejercicios prácticos con palabras de ortografía dudosa (uso de B y V, H o ausencia de ella, diptongos, signos de puntuación y división de palabras).
El manual siguió imprimiéndose en ediciones revisadas por sus editores (como Antonio Páez Hormaechea) hasta bien entrada la década de 1940. De la vida de este maestro y pedagogo sabemos poca cosa, sólo que el 30 de noviembre de 1880, una Real Orden del Ministerio de Fomento aprobó sus Practicas de ortografía dudosa como libro para las escuelas públicas de España. Me han prestado un ejemplar bellísimo de la 23.ª edición (1932), me va a dar pena devolverlo.
 A diferencia de los libros actuales, el manual de José de Casas no estaba compuesto en letra de imprenta común, sino imitando una perfecta letra manuscrita cursiva (la caligrafía que se exigía a los alumnos de la época). Se buscaba que el niño se familiarizara visualmente con la forma real que debían tener las letras al escribir a mano, Recordemos que en aquellos tiempos, una buena letra manuscrita y la ausencia de faltas de ortografía abrían las puertas al empleo administrativo y comercial. El método de Casas combinaba la destreza manual con la formación del carácter a través de los textos seleccionados para las copias. Sin duda un antecedente de la Miranda Podadera para escolares. 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Siete libros sobre Lengua y Literatura primera mitad siglo XX


Con esta entrada termino las breves reseñas  sobre los siete magníficos libros de la primera mitad del siglo XX encontrados en la casa familiar de Villena que tratan temas de Lengua y Literatura. Los dos de Miranda Podadera han acompañado a mis padres en todos los traslados y yo los encuaderné en los años noventa. Los otros estaban escondidos en una vitrina de la casa de mi abuelo y pude rescatarlos antes de la venta de la vivienda que este año cumplió 100 años.

Luis de Oteyza, Las mujeres de la Literatura (1917). Todo un descubrimiento que merecería ser reeditado.

Best seller de la ortografía del siglo XX: la Miranda Podadera (1921) 

José Rogerio Sánchez, Antología de textos castellanos (1924)

José Ciurana i Maijó, Nociones de Preceptiva Literaria (1932)

Guillermo Díaz Plaja, Curso general de Literatura universal y española (1941) 

Aurelio Ras, Reflexiones sobre el Quijote (1945)

La mayoría son manuales escolares para estudiantes de secundaria, gastados por el uso, amarillentos y muy deteriorados. El azar los ha unido. Algunos han perdido la portada y la contraportada. Amarillentos por la pátina del tiempo, la tinta apenas resalta y hace difícil la lectura. Huelen a polvo de madera. Pero a mí me parecen auténticas joyas, reliquias del pasado, un cordón umbilical que me une a mi familia, aunque no sepa quién los compró o los estudió. Sus autores (profesores, periodistas y escritores de distintas ideologías) y sus lectores tuvieron que adaptarse a los tiempos oscuros de la posguerra después de haber vivido un periodo de libertad de expresión. 

Destruir libros para conseguir datos

¿Dónde acabarán estos libros? probablemente en la basura, quemados o, si tienen suerte, en una librería de segunda mano. Ahora, en la era digital, muchos son destruidos para extraer sus datos con la intención de privatizar el conocimiento o restringir el acceso a la información. Primero se descuadernan y después se guillotina el lomo para liberar sus páginas, lo que permite escanear y digitalizar el ejemplar de manera más rápida y barata que con el escaneo conservador y cuidadoso utilizado por bibliotecas y archivos. 

Han aparecido artículos en prensa que nos dicen que las empresas de Inteligencia Artificial compran y destruyen miles de libros en todo el mundo para escanear sus páginas y poder entrenar sus modelos con textos de calidad..No es casualidad que en los últimos meses, libreros, distribuidores e investigadores hayan detectado compras masivas de ejemplares, sobre todo de segunda mano. A veces la destrucción no es física, sino mediante la invisibilización del conocimiento para priorizar productos más rentables. 
Se está pasando del libro tradicional al modelo digital de alquiler. Leo que las grandes editoriales ya no venden libros a las bibliotecas, les venden licencias de acceso temporal. En los sectores  académicos, científicos y escolares, aplican mecanismos que hacen desaparecer la disponibilidad libre de una obra para forzar un modelo de negocio basado en la suscripción y el pago continuo.
Las organizaciones sin ánimo de lucro que buscan democratizar el conocimiento escaneando libros han sido demandadas por grandes corporaciones editoriales, lo que en la práctica equivale a la destrucción de catálogos públicos en línea. Esto traerá como consecuencia la eliminación del mercado de segunda mano y litigios contra bibliotecas digitales de acceso abierto. Son muchas las plataformas de audiolibros y libros digitales que están desapareciendo. Hace años tuve que suprimir un blog con los libros recomendados en clase en formato PDF porque los enlaces daban error. 

Para saber más


viernes, 11 de septiembre de 2026

Luis de Oteyza, Las mujeres de la Literatura (1917)

2024
 Luis de Oteyza (Zafra, 1883, Caracas 1961) fue periodista, escritor y poeta. Dirigió el periódico Libertad y una de las primeras emisoras de radio que emitieron en Madrid, Radio Libertad. Enviado por su periódico a Marruecos para entrevistarse con Abd el-Krim, publicó un conjunto de artículos de gran interés periodístico e histórico, titulados "En el campo enemigo" (1922) sobre el caudillo del Rif.
Al leer el título "Las mujeres de la literatura" (1917) creí que trataba sobre las mujeres escritoras. Pronto me di cuenta de que la preposición "de" se refiería a las que aparecen como personajes en la literatura y yo había leído "en" que indica protagonismo como autoras. En este ensayo, Oteyza analiza a 50 grandes personajes femeninos de la literatura universal creados por hombres en distintas épocas (Helena de Troya, Dulcinea, Celestina y Lady Macbeth). La única excepción es Asís Taboada, la protagonista de Insolación de Emilia Pardo Bazán, una mujer dividida entre lo que la sociedad exige de ella y lo que su propio cuerpo y sus sentimientos desean. 

Precisamente, incluye un prólogo de la escritora donde celebra  cómo el autor juzga a las figuras femeninas y no duda en considerarlo feminista por presentarlas con tan complejas perspectivas psicológicas como los hombres: Lo que no conviene omitir es que el servicio prestado por Oteyza a la psicología femenina, que viene a mostrarse en estas páginas como cifra y signo de civilizaciones y sociedades, contribuyó a mi propósito de no escribir prólogos*.

Oteyza, muy popular en su tiempo, supo ganarse sobre todo a a las lectoras con su ingenio e imaginación poética. No es un erudito en la materia, es un lector crítico que busca la complicidad cuando expone su particular interpretación de estos personajes diversos entre sí, a la vez que manifiesta sus fobias y filias respecto a sus autores. Escribe con espíritu burlón, sin prejuicios, con pinceladas humorísticas, sin moralina. No duda en criticar la superioridad masculina y la religión. La lectura es ágil, amena y, sobre todo, moderna para su época. Como muestra incluyo sus comentarios sobre Madame Bovary su concepción del amor naturalista. Merece la pena leerlo, aunque un siglo después algunos de sus comentarios nos chirríen y choquen con lo esperado en la actualidad. 

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Tampoco esta vez he encontrado un archivo PDF gratuito de dominio público, aunque se puede conseguir en tiendas de segunda mano por poco precio. 

*Cristina Patiño Eirín, Aproximación a los prólogos de Emilia Pardo Bazán

Guillermo Soler García de Oteyza, El ingenioso e inquieto Oteyza en campo enemigo


Los estereotipos femeninos 
en Anticípolis de Luis de
 Oteyza

Años después, Oteyza volvería a retratar personajes femeninos, en este caso estereotipos, en una novela ambientada en Nueva York, el símbolo de la modernidad en esos años, Anticípolis (1931). El tema es la disputa entre modernidad y tradición representadas en el conflicto entre dos los modelos femeninos del “ángel del hogar” y la “flapper” (joven moderna).


sábado, 5 de septiembre de 2026

Cuchillas Palmera: ¡Ras, ras y ya está! (Jingle el Sultán)

A veces, una palabra o pensamiento serio me induce a decir tonterías o fruslerías para descargar la tensión. Por asociación de ideas el apellido de Aurelio Ras me ha llevado a recordar un anuncio publicitario de las cuchillas de afeitar Palmera (fabricadas en España por la empresa Juan Vollmer en Irún) que utilizaba la onomatopeya "ras, ras" para imitar el sonido suave y al ras del afeitado. Sus campañas en radio, prensa y televisión destacaban por eslóganes ingeniosos y forman parte del recuerdo sonoro de la memoria colectiva. 

Las campañas publicitarias comenzaron a partir de los años 50 hasta los 70 a través de la radio (con patrocinios en espacios como radionovelas en la Cadena SER y voces como la de Celia Gámez) y posteriormente en la televisión. Su repercusión creció de forma masiva a partir de 1955, cuando los vehículos publicitarios de la marca empezaron a participar en la Vuelta Ciclista a España, regalando cuchillas directamente a los espectadores

El anuncio más conocido de las cuchillas Palmera es el famoso "jingle" radiofónico del Sultán, compuesto e interpretado por un conocido grupo musical de la época Los Xey a mediados de los años 50. Su pegadiza melodía de estilo oriental y su onomatopeya final pasaron a formar parte de la cultura popular española. No he encontrado ningún registro de audio para incluirlo aquí, en su lugar he colocado el anuncio para el cine de Estudios Moro Ras ras (El fantasma barbudo) con la voz del grupo, realizado en el año 1955.



La letra contaba la historia graciosa de un sultán que no se llevaba bien con su pueblo porque iba barbudo. Sus vasallos le exigían que se afeitara comprando las cuchillas Palmera. Los Xey esquivaron la estricta censura franquista mediante la fantasía y el absurdo, una sátira musical sobre el cuidado de la barba no levantaba sospechas. Los censores vigilaban de cerca el tono lúgubre, la protesta social o la sensualidad pecaminosa, pero en la canción no encontraron ningún paralelismo con la dictadura de Franco ni con el erotismo que mostraba. La lectura actual sustituiría la palabra edén por harén y vasallos por mujeres. El jingle de las cuchillas Hoja Palmera utilizaba una melodía alegre que transmitía optimismo, algo que encajaba perfectamente con la estética blanca y familiar que el régimen aprobaba para la radio. 

Ajaulí, ajaulá
jamala jamalajá.
Ajaulí, ajaulá
jamala jamalajá.

Un sultán vivía
en un suntuoso edén
mas con sus vasallos
no se llevaba bien
porque le decían:
¡Aféitese bien!,
compre hoja Palmera
¡que requetebién! 

Hoja Palmera
el sultán veloz compró
¡ras, ras y ya está!
Y desde entonces
el sultán feliz vivió
¡ras, ras y ya está!

Un sultán vivía
en un suntuoso edén
mas con sus vasallos
no se llevaba bien
porque le decían:
¡Aféitese bien!,
compre hoja Palmera
¡que requetebién¡

Décadas más tarde, el grupo vocal El Consorcio rescató esta nostálgica pieza y la incluyó en su disco recopilatorio de canciones de radio antiguas. Actualmente, Señora Audacia, un grupo creado por IA, que hace versiones de anuncios radiofónicos de los años 40 y 50 con una estética nostálgica de la radio de otra época, la ha recuperado. 


La melodía sería estupenda para una coreografía de las fiestas de moros y cristianos de Villena, que en estos momentos se está celebrando en todo su esplendor. El espiritu "festero" del pueblo vence por unos días al disgusto del robo del tesoro.

Para saber más:

"Cuando era un chiquillo me llamaba mucho la atención ver a mi padre afeitándose. El ruido “cris”, “cris”, al pasar la cuchilla por la piel. Las caras raras y graciosas que ponía, un señor tan serio y respetable, cuando tenía que rasurarse por encima del labio o al apurarse las patillas. Ritual, que seguía con los golpes con la maquinilla en el lavabo para quitar los pelos y yo jugando con las cuchillas mientras mi padre me decía, “deja eso que te vas a cortar”. A veces quitaba la cuchilla de la maquinilla, me ponía jabón en la cara con la brocha y me afeitaba de mentirijillas. ¡Qué grande y magnífico me parecía entonces mi padre!, y, ¡qué magnífico y enorme me parece ahora desde la insalvable distancia que interpone el tiempo entre nosotros y nuestros recuerdos!".

Mis recuerdos son similares a los de Juan Carlos Barajas, yo era una chiquilla sentada en la taza del váter mirando embobada a mi padre que hacía un extraño ritual mientras se miraba al espejo y cantaba. En pijama no era el mismo señor serio que salía de casa luciendo un uniforme de color caquí. Al terminar, con la brocha me ponía el jabón sobrante en la nariz y en las mejillas. Yo sabía que no tenía que imitarle porque era una mujer y como mucho me saldrían pelos, sobre todo en las piernas, que tendría que depilarme con crema mejor que con cuchilla para evitar accidentes como hacía mi hermana cinco años mayor. Y esa escena maravillosa no la he podido repetir con los hombres que he amado porque llevaban barba como mandaban los tiempos de rebeldía. Supongo que al final de los 70 la venta de las cuchillas Palmera decaería por ese y otros muchos motivos.