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domingo, 11 de octubre de 2026

Dos relatos de Palacio Valdés: Ascetismo (1911) y Vida de canónigo (1920)


8 sept 2025, Catedral Murcia
El flan canónigo 


¿Qué tienen en común un escritor humanista, un canónigo que forma parte del cabildo catedralicio de Murcia y un postre delicioso? Mucho. Una larga conversación en casa Zoilo este verano con Juan Carlos García Domene (ambos somos padrinos de nuestra sobrina Marta) que terminó con la promesa de saborear para la próxima vez que nos veamos el delicioso postre que hacía mi madre cuando don Basilio Bustillo Catalina, salesiano que dio clases a mi padre en Villena (1926-29), venía de visita a La Marañosa y a la casa de Madrid.

1.  Armando Palacio Valdés escribió a principios del siglo XX dos amenos relatos que guardan relación con la vida de los canónigos y que le pueden servir como tema de reflexión a Juan Carlos en sus clases del seminario. El escritor asturiano tuvo una ideología moderada y liberal, marcada por la tolerancia y por rechazar tanto al radicalismo político como a los excesos del progreso industrial. A diferencia de otros novelistas realistas de su generación que adoptaron posturas anticlericales o abiertamente naturalistas, Palacio Valdés vio en la fe un refugio moral y una fuente de consuelo frente a los males de la modernidad. 

2. Juan Carlos fue nombrado canónigo de la catedral de Murcia en 2025. Y en abril de este año, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Fulgencio, patrocinado por la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

    3. El flan canónigo (también conocido como isla flotante) es un postre tradicional español y  francés hecho con claras a punto de nieva horneadas con una base de natillas.


Ascetismo

 Ascetismo fue publicado originalmente en el año 1911 como parte del libro Papeles del Doctor Angélico. Un cuento satírico e irónico de Armando Palacio Valdés que critica la falsa religiosidad, la hipocresía social y el egoísmo disfrazado de virtud. El argumento principal gira en torno a un hombre adinerado que decide adoptar una vida de supuesto ascetismo y penitencia en busca de la perfección espiritual. Sin embargo, el protagonista evita los verdaderos sacrificios cotidianos y el deber moral de ayudar a los demás, demostrando que su espiritualidad es solo una fachada para alimentar su propio ego. La relación entre Pachón y su amo es una genial parodia de las dinámicas de poder, la sumisión y la hipocresía social.


Vida de canónigo

Vida de canónigo (1920) refleja con fina ironía la sátira social que utilizaba Palacio Valdés. El relato, una continuación del relato Ascetismo al relacionarlo con Pachón de la Quintana de Arriba, gira en torno a la mítica frase "darse una vida de canónigo", usada popularmente para describir una existencia llena de comodidades, lujos, descanso y buena comida.   
El narrador nos cuenta la vida de su tío don Sebastián, cuyas ideas sobre el alto clero rozan la obsesión porque convive con dos hermanas solteronas de extrema tacañería que controlan minuciosamente cada recurso del hogar:
 
"Toda su vida había sentido una envidia ruin por el alto clero, y deploraba amargamente que su padre no le hubiese dedicado al estado eclesiástico, en vez de dejarle al frente del comercio de ferretería que tenían en la planta baja de la casa. Porque si le hubiese enviado al Seminario, tal vez a estas horas sería canónigo. ¿Por qué no? ¿No lo era su primo Gaspar, que pasaba por un zote en la escuela? ¡Y nada menos que arcediano de la santa iglesia catedral de León!"

Su única vía de escape para encontrar paz es refugiarse cada tarde en el Casino y alejarse temporalmente del control familiar. Para él, todo lo exquisito, confortable o delicioso es bautizado bajo este concepto: si un vino es añejo y reconfortante es "vino de canónigo"; si el chocolate es único, es "chocolate de canónigo"; y si un colchón es mullido y blando, es "colchón de canónigo". Merece la pena leerlo.



jueves, 2 de julio de 2026

Best seller de la ortografía del siglo XX: la Miranda Podadera (1921)

Edición 1944
Durante los años treinta, cuarenta y cincuenta del pasado siglo, en aquella España en blanco y negro en la que, según sostienen algunos mentecatos, había más libertad que ahora, muchos españolitos aspirantes a un empleo público o privado, hacían sus prácticas de escritura con ayuda de los libros de don Luis Miranda Podadera titulados “Ortografía práctica de la lengua española” (1921, reimpreso y actualizado numerosas veces);  “Análisis gramatical de la lengua española”, “Prácticas de Análisis Gramatical” y “Curso de redacción” (1936). Su autor montó en Santander una academia de Lengua Española para opositores, con cuyo fin empezó a elaborar complejos y enrevesados libros de texto para la misma, tratados teórico-prácticos de ortografía, sobre todo, pero también de gramática y redacción, que conocieron un éxito y fama sin precedentes, haciendo rico a su autor ya antes de la Guerra Civil.

https://manuelblastres.blogspot.com/2019/10/luis-miranda-podadera-gramatico-y-autor.html

Edición 2006

La supervivencia de la Ortografía práctica nos recuerda que saber escribir marcaba fronteras entre las clases sociales y abría la puerta a los estudios superiores, se exigía en las pruebas de ingreso y reválida y en gran número de oposiciones. En aquellos años las faltas gramaticales, en especial las ortográficas suponían un inmediato suspenso. En su prólogo, el autor lo corrobora con palabras que todavía tienen sentido: “El correcto uso ortográfico da idea de la cultura del individuo; es, por así decirlo, el barómetro que marca el grado de ilustración individual […] Y, sin embargo, es tan poca la atención que, en general, se dedica a corregir la escritura viciosa y tan grande, comúnmente, el abandono en el dominio de la ortografía, de la acentuación y de la puntuación, que forzosamente hay que confesar que se reduce a un tanto por ciento muy limitado el número de personas que no cometen yerro alguno ortográfico".

De los dos ejemplares que había en mi casa, solo ha sobrevivido el de mi madre que data de 1944 y parece una reimpresión del de 1939. Puede decirse que este libro unió profundamente a mis padres cuando empezaron su relación epistolar, él estudiaba en Barcelona Exactas y mi madre Magisterio en Valencia. Ella le recriminó cariñosamente que se saltara algunas reglas ortográficas y este curso de redacción hizo que mi padre se convirtiera en un gramático extraordinario. Cuando yo estudiaba prácticamente no se usaba, pero ya me habían inoculado el miedo a cometer una falta de ortografía.


Ortografía práctica de la lengua española: un manual clásico para aprender a escribir correctamente la ortografía

En 1921 apareció la primera edición de la Ortografía práctica, conocida como la Miranda Podadera, obra capital en la enseñanza de la ortografía en el siglo XX que, remodelada numerosas veces, todavía hoy puede adquirirse en una edición de 2006 en las librerías. Influyó de forma decisiva en generaciones de españoles. Basada en el aprendizaje memorístico de las reglas, el dominio de la ortografía se efectúa a través de los ejercicios. El manual contempla el uso de las letras, de la puntuación y de la acentuación, y se complementa con unas nociones de paleografía con el fin de ejercitar a los alumnos en la lectura de inscripciones, libros y documentos antiguos. El adjetivo “práctico” del título define a una colección de ejercicios para el dictado, cuya dificultad suele aparecer de forma escalonada, de lo más fácil a lo más complejo, hasta presentar todas las dificultades de los preceptos ortográficos. El problema radicaba en los textos propuestos, llenos de expresiones afectadas y relamidas que nunca se usarían en la vida normal, en lugar de ofrecer distintas tipologías textuales que reflejasen la lengua corriente hablada o escrita. Está claro que la ortografía no puede ser solo un añadido desligado de la actividad lingüística. ¿Quién, alguna vez, ha empleado términos o expresiones como horda de alarbes heterodoxos, holgorio —sin contar que la Academia acepta el término con j o h—, entibar, transverberación o transfixión, engarabitado, berroqueña, enjuto varón, ora. . . ora o yantar?

Además, la mayoría de los textos estaban marcados por un alto contenido ideológico que va desde la religión, la moral o la política. En la edición de 1939, añade nuevos temas en los ejercicios histórico-prácticos: El glorioso Alzamiento nacional español, José Antonio Primo de Rivera y Falange española tradicionalista y de las J.O.N.S., ¡Calvo Sotelo! ¡Presente!, ¡Franco, Franco, Franco! (Ejercicios XXXIII-XXXVI). Animo a investigar cómo los cambios sociales del siglo pasado se han visto reflejados en las distintas ediciones.



La cubierta del libro termina con la frase “UN TESORO PARA EL ALUMNO. EL MEJOR AUXILIAR DEL PROFESOR”. Ha tenido 85 años de vida útil, más que cualquier otro manual. No he podido reproducirlo aquí completo porque todavía tiene derechos de autor. A cambio, incluyo otro manual de 1938 Prácticas de análisis gramatical 

Para saber más:


  

lunes, 6 de abril de 2026

Las novias de negro y de blanco en la posguerra

Boda de la reina Victoria ( Londres, 1840)

A lo largo de la historia las personas han empleado la vestimenta para identificarse, teniendo en cuenta el contexto y la posición social que desempeñaban. El uso del color blanco para las novias, que tradicionalmente se asociaba con la pureza y la inocencia, se produjo en Inglaterra en el siglo XIX. Pero no fue hasta 1840, en la boda de la reina Victoria, cuando se puso de moda en las clases altas y aristocráticas. Hasta entonces las mujeres se casaban con sus mejores galas. Un traje de novia venia a ser un traje de fiesta, con mantilla, sombrero o velo, y del color que quisiera, incluso un traje regional servía. El color negro se utilizaba porque se consideraba elegante, por la obligación de llevar luto por la muerte de un familiar y, sobre todo, porque podía servir en otras ocasiones. En las clases medias y bajas no había dinero para comprar un traje que sólo se utilizase una vez. 


Bodas de negro
Si nos imaginamos una novia, en nuestra mente surge la imagen de una mujer vestida de blanco con un traje de larga cola y un velo tul ilusión* tal y como aparecía en las películas americanas y en los recortables. Pero si miramos en nuestro álbum de fotografías familiares, vemos que nuestras abuelas y la mayoría de nuestras madres se casaban vestidas de negro, sin velo y con un traje corto que a veces era un elegante traje de chaqueta. No había fotógrafos en las ceremonias y el matrimonio acudía unos días después a hacerse una foto en un estudio. 
Las novias de la posguerra, época de represión, escasez y atraso que coincidió con el fin de la Segunda Guerra Mundial, solían vestir muy recatadas*, no se admitía en la iglesia un traje sin manga larga y escotado como en las postrimerías del siglo XX cuando se fue adaptando a la actualidad. En España, las primeras novias vestidas de blanco, salvo algunas excepciones, aparecieron en torno a los años cincuenta. La duquesa de Alba fue una de las pioneras, se casó un 12 de octubre de 1947, día de la Fiesta Nacional.

Boda de la duquesa de Alba


*La práctica de usar velo se remonta a la antigua Roma y Grecia, donde se creía que protegía a las novias de los malos espíritus. Con el tiempo, el velo se convirtió en un símbolo de modestia y pureza en diversas culturas. Tul ilusión era el extraño vocablo aplicado a los velos de novia. El tul proviene de la ciudad francesa Tulle, conocida en el siglo XVIII por la seda y el encaje.

* Se cuenta la anécdota de que un sacerdote, joven con ideas viejas en los años 60, avisaba que si la novia se presentase con un traje sin manga larga y escotado, no les casaría. 

La boda de mis padres 

La boda de mis padres fue atípica para el contexto y muy parecida a las bodas de los años posteriores. Mi madre fue la primera mujer que después de la guerra se casó de blanco en la iglesia de Santiago en Villena, el 2 de agosto de 1947 a las 12 de la mañana. La fecha coincidía con el santo de su suegra Ángeles que llegó a comprar una alfombra para que la llevase al altar. Su boda fue todo un acontecimiento en el pueblo, la gente se arremolinó en los alrededores para verla como si fuera una estrella de Hollywood. Hubo muchos invitados, convite y multitud de regalos. En esos años de penuria, sorprendentemente, la fábrica de clavos familiar estaba en su mejor momento. Contrataron un fotógrafo pero las fotos salieron a lunares debido al calor insoportable. Pasaron la noche en el hotel Palace de Alicante y el viaje de novios en Palma de Mallorca. Ella iba de blanco con tul y larga cola, él con uniforme militar. Mi madre no lo pasó bien con todos los ojos centrados en ella, no hablaba nunca de su boda como tampoco mi padre lo hacia de la guerra civil. Dicen que mi abuela materna, viuda con otros tres hijos, suspiró aliviada: su hija mayor había hecho una buena boda. El tiempo demostró después que había hecho un buen matrimonio. Mi madre no fue reina por un día, lo fue hasta que murió mi padre, cuarenta y siete años después. La foto de la espectacular dama de blanco, siempre en la alcoba matrimonial, nos acompañó en todos los traslados.

Carmen Bravo, la dama de blanco 

P.D. (23 de abril)

   La prima de mi madre Juanita Prats y su marido Andrés Hernández Hurtado me han mandado una foto del enlace que está en su álbum familiar. A pesar de que la imagen está arreglada, se puede observar el granulado que impide la nitidez. M
i abuela Ángeles Caturla tenía problemas de visión y no quiso ser la madrina. En su lugar, mi abuelo Emilio Cuéllar ejerció como padrino. La  madrina con mantilla y peineta fue Vicenta Esquembre Hurtado, casada con Vicente Prats, en lugar de mi abuela Carmen Prats que estaba de luto por la muerte de su marido. En primer plano, como pajes figuran Roberto y Mª Ángeles Marco Cuéllar, hijos de Leonor la hermana de mi padre. La foto recuerda sin buscarlo la cualidad impresionista derivada del puntillismo del pintor Seurat. 

La niña de luto 

El luto en España era la manifestación pública del duelo por el que atravesaba una familia, obligaba a vestir de negro el día del matrimonio y evitaba toda actividad de la vida social. La observancia del luto se regía por un riguroso calendario que señalaba los períodos de luto a guardar según el grado de parentesco con el difunto. Paradójicamente, el color negro servía de unión entre funerales y matrimonio, un ejemplo más de cómo afecta la muerte a los vivos. Un perpetuo vivir en Semana Santa. Mientras los varones seguían acudiendo al trabajo, las mujeres eran las más afectadas, obligadas a recluirse en casa al menos durante los primeros seis meses desde el fallecimiento. En 1964, el cineasta Manuel Summers dirigió la película La niña de luto, una comedia costumbrista con buenas dosis de humor negro, que narra las vicisitudes de una pareja de novios que reflejaba y condenaba una realidad todavía vigente en algunos lugares de España. La niña vestida de luto no podía casarse y no valía ni la radio encendida, ni el canario cantando, ni las macetas en el balcón, ni la corbata de color, ni la cervecita en el bar, ni las persianas subidas. Los protagonistas eran Rocío y Rafael, encarnados, respectivamente, por los actores María José Alfonso y Alfredo Landa. Rocío, hija de una humilde familia andaluza, está muy contenta porque llega el final del luto que ha de guardar por la muerte de su abuela. Por fin podrá casarse con Rafael, su novio. Pero al día siguiente, su abuelo come demasiado en un bautizo, y muere de una indigestión. De nuevo, Rocío tiene que guardar luto y aplazar la boda.

viernes, 10 de febrero de 2023

Regaliz de palo y pastillas Juanola

El artículo de El Comidista ¿Qué fue del regaliz de palo? Historia de una golosina natural me ha hecho recordar que hace mucho tiempo que no veía palo de regaliz en los puestos callejeros, porque ahora el dulce tradicional está relegado a herbolarios y tiendas de especias. A la planta del regaliz se la conoce por multitud de nombres: agarradera, alcancuz, alcarzuz, alcazul, alfendol, bena, chocolate del moro, erregaliz, fendoces, findoz, fustdolz, melosa, orojué, ororuz, orozú, orozuz, paliduz, palulú, palo dulce, palo-luz, palodul, palodulce, regalicia, regalistia, regaliz, regaliza y rogalicia. Yo la he llamado siempre palulú. 

Esta raíz medicinal se obtiene del arbusto Glycyrrhiza glabra L., una planta herbácea vivaz, originaria del sur de Europa y de Asia menor que puede llegar a alcanzar el medio metro de altura, cuyas raíces son cilíndricas, largas y leñosas. Su nombre científico significa raíz dulce en griego. En la antigua Grecia utilizaban el regaliz por sus cualidades terapéuticas para tratar cuestiones de salud tan diversas como: úlcera de estómago, virus, gastritis, tos, catarros o dolencias del sistema respiratorio. Su recolección sigue siendo artesanal.



Precisamente el regaliz es el componente básico de las pastillas Juanola junto con el mentol y el eucalipto que se utilizan para calmar la tos. Fueron creadas en 1906, en el laboratorio de una pequeña farmacia del barrio de Gracia en Barcelona por el boticario Manuel Juanola Reixach. Las diminutas píldoras para chupar tuvieron un éxito increíble y se comercializaron en las farmacias españolas.

Para mí, el palulú y las pastillas Juanola van unidos en el recuerdo. En los años sesenta no teníamos tantas chucherías como ahora, apenas caramelos, chicles y alguna chocolatina en determinadas fiestas. En las ferias, el lujo era comer trozos de coco. Los chavales nos entreteníamos comiendo pipas, chupando regaliz y ablandando castañas pilongas. En el pueblo el repertorio aumentaba con "torraos" (garbanzos tostados), chufas y altramuces. Mi padre era nuestro proveedor porque de pequeño invertía parte de su paga semanal en esos sanos manjares a su alcance y nos comprendía mejor que nadie. Se ponía contentísimo cuando conseguía raíces de regaliz y en sus bolsillos siempre llevaba una pequeña caja de juanolas de distintos colores con tapa de plástico trasparente que contenía pequeñas pastillas de un negro brillante y forma romboidal. Por arte de magia aparecía en el momento oportuno para aclarar la garganta y, de paso, hacer amigos, costumbre que había heredado de su padre. Incluso tenía una estrambótica teoría elaborada con datos reales: era más barato comprar una caja de Juanolas que comprar un periódico. 
Tenía razón, hoy un periódico cuesta 2 euros y una caja pequeña de pastillas 2,20. Ahora mismo me acerco al quiosco y a la farmacia.  

jueves, 5 de mayo de 2022

Mis vecinos los tenistas de Equelite (Villena)

 Estos días la academia de tenis Equelite*, al lado de casa Zoilo donde paso los veranos, está en el foco de la prensa nacional e internacional porque allí se ha formado el joven tenista murciano Carlos Alcaraz que acaba de ganar su primer Conde de Godó a sus dieciocho años y se presenta como un tenista de gran futuro, tal vez el próximo Nadal. Emocionada y nerviosa vi la semifinal contra el australiano De Miñaur en la televisión porque estuvo en un tris de perder varias veces contra su oponente, pero no se amilanó tras dos horas y media de partido. Me acordé de mi padre que decía irónicamente que él era gafe cuando veíamos juntos los partidos de Manuel Orantes en televisión porque siempre los perdía, las victorias las conseguía fuera de España cuando no los retrasmitían.

Me acordé de otro partido de su maestro, Juan Carlos Ferrero (Onteniente, 1980), en la final de Roland Garros (2003) contra al neerlandés Martin Verkerk, cuando expresó su agradecimiento a la ciudad de Villena donde se había formado y que tanto le había apoyado. En ambos casos se me saltaron las lágrimas. Es lo que tiene el deporte: pone a flote tus sentimientos más atávicos e impredecibles, te hace pasarlo mal y bien al mismo tiempo. Tengo que volver a ver más partidos de tenis, aunque ya no tenga a nadie con quien comentarlos.

Precisamente, mi vecino Alcaraz se mudó en la academia a una vivienda prefabricada de 90 metros cuadrados, la que tenía su entrenador cuando se convirtió en número uno y por la que pasaron también otras destacadas raquetas como Nicolás Almagro y Guillermo García-López. En Equelite, el flamante campeón pasa la mayor parte del tiempo con Carreño y su preparador, Samuel López, con los que ahora también coincide en el circuito ATP.

*El complejo cuenta con 20 pistas de tenis, gimnasio, colegio, jardines y unos pequeños bungalows donde alojarse. En total, 120.000 metros de instalaciones de primer nivel.

https://elperiodicodevillena.com/el-problema-de-equelite-con-el-ayuntamiento-salta-a-la-prensa-nacional/

 

viernes, 28 de enero de 2022

Mi frutero-violetero


Si de mi casa tuviese que rescatar algún objeto del fuego, me quedaría con el jarrón azul que heredé de mi abuela Ángeles y que presidía la mesa del comedor de la casa de Ciudad Jardín en Alicante. Me parece bellísimo, un poco barroco como las fachadas de las casas de Valencia y los mosaicos de su Estación del Norte, pero funcional. Abajo se colocan las frutas de la huerta y en la parte superior a modo de penacho emerge el florero estilizado que recibe el nombre de violetero. Es un dos por uno, ofrece flores y frutos. El pie parece de plata, pero debe de ser de metal porque apenas se ensucia. El color del cristal soplado es azul con bordes en tonos más claros, imita las olas de un mar encrespado. Mide 43 cm de alto y 31 de diámetro. No sé cuál es su origen, ni quién lo compró. Siempre pensé que era un modelo de alguna fábrica de vidrio de Valencia o de Mallorca. He buscado en internet y parecer ser un diseño modernista de finales del XIX y principios del XX relacionado con el Art déco. Aquí ofrezco una galería de imágenes de las distintas versiones que he encontrado: un lujoso cristal de Bohemia; una versión inglesa más sofisticada en rosa; y el hermano gemelo, una versión mesetaria en cristal transparente y borde rizado en verde que recuerda a las hojas de las viñas. Me quedo con el mío que incluso tiene un pequeño desperfecto. 


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Los balnearios de la playa del Postiguet (Alicante)


    
 De Madrid vino un Almirante

llamado Guillermo Delicias
tuvo relaciones con Rosa Florida
perdió la Confianza
y se caso con Estrella.
Tuvieron tres hijas
que fueron Alhambra,
Diana y Alianza.

(Poema Tradicional Alicantino sobre los Balnearios del Postiguet)

 

Ferrocarril y baños fueron dos conceptos modernos y, en cierta medida, interdependientes. El ferrocarril era la imagen del progreso, de la velocidad, de la exactitud, de la movilidad, de una nueva forma de viajar a destinos desconocidos; el baño de mar era sinónimo de salud, de higiene, de deporte, esparcimiento y relación social. A partir de 1830, tras la aparición del ferrocarril en Europa, todas las compañías explotadoras de Caminos de Hierro ofertan viajes directos a las estaciones balnearias. Incluso las típicas Guías de Ferrocarril, que nos dan una visión rápida de las ciudades y monumentos de las poblaciones que atraviesan, nunca dejaban de citar estos establecimientos. Alicante fue la primera ciudad costera comunicada por ferrocarril con la capital española (1858), lo que supuso el inicio de la actividad turística en la zona, la nueva apertura al mar y la proliferación de los balnearios. Neptuno, La Alianza, Diana, Las Delicias, eran algunos de los nombres de las populares casas de baños a las que los turistas acudían para alojarse y disfrutar de sus días en la playa. Gracias a la crónica que envió un turista inglés al diario Times, sabemos que el bullicio comenzaba desde bien temprano, que para acceder al baño existía una separación entre zona para hombres y zona para mujeres, o, que tras la comida, todo el mundo aprovechaba para descansar y echarse la siesta. Los balnearios mantuvieron todo su esplendor hasta 1938, cuando varias bombas los destruyeron, reduciéndolos a simples pilares de madera sobre la playa. Solamente dos de ellos volvieron a resurgir de sus cenizas: La Alianza y La Alhambra. Ambos continuaron en funcionamiento hasta 1969, año en el que fueron expropiados por el Ayuntamiento debido a las remodelaciones de la zona.


Las casas de baños consistían en sencillas construcciones en madera de una planta, que se adentraban en el mar a modo de plataformas cubiertas sobre pilotes enclavados en el lecho marino. Solían tener distribuciones similares, bien con planta longitudinal y largos corredores en torno a un hueco central, al que volcaban las estancias independientes para el baño, o bien con planta en forma de cruz. Se montaban para la temporada de baños y se retiraban cuando la época estival llegaba a su fin. Ofrecían al bañista todo tipo de servicios, no solo para la puesta en práctica de la talasoterapia, sino también para amenizar las horas de asueto. En torno a estos establecimientos se desarrollaron toda una serie de actividades complementarias que modificaron la fachada marítima de la ciudad. Se abrieron nuevos hoteles y restaurantes para dar servicio a los visitantes y se realizaban conciertos, ferias o teatros al aire libre para amenizar el tiempo de ocio una vez acabada la hora del baño. 

En la postal de la derecha se puede ver lo que quedaban de los balnearios a principios de los años 60 del siglo pasado. Debía tener seis o siete años cuando acudí con mi familia a uno de ellos, las chicas nos cambiamos en un pequeño vestuario y nos tiramos al mar por una estrecha escalera. Recuerdo la extraña sensación que tuve al meterme en el agua turbia llena de algas que se adherían a mi bañador  como si fuesen sanguijuelas. Acostumbrada a bañarme en playas abiertas y piscinas, la experiencia no me resultó agradable. No repetimos. 

Después acudimos al Hotel Palas para saborear los famosos canelones, rito que mantuvimos hasta la muerte de mi padre. Sin duda, la playa del Postiguet ganó en limpieza y amplitud sin los entramados de madera. 

Alicante tuvo el primer tren y los primeros balnearios, un turismo popular que viajaba con un botijo convirtió a la ciudad en la llamada playa de Madrid. Los medios económicos de estos viajeros no estaban a la altura de los de los balnearios de las playas del norte, frecuentados por la alta burguesía y la nobleza.

Para terminar este viaje entretenido en torno al tren que ha durado un mes, vuelvo a los inicios y me permito incluir un folleto (tren+balnearios) de los Caminos de Hierro del Norte de España con su hermosa estrella roja. 

viernes, 17 de diciembre de 2021

Estación de Villena (Compañía de Ferrocarriles MZA)


Soy nieta y bisnieta de ferroviarios. así que tengo el gen de la puntualidad metido en la sangre. Mis primeros recuerdos del tren se remontan a los años 60, cuando toda la familia iba a pasar el verano en Villena. No teníamos casa, nos dividíamos entre los Bravo y los Caturla para poder dormir. Dábamos la lata, pero no había forma de cambiar la costumbre. Los trenes entonces eran de carbón y el expreso nocturno, que llevaba el correo, tardaba horas en llegar, porque paraba en todas las estaciones. A la llegada nos encontrábamos a toda la familia esperándonos como si viviésemos a mil kilómetros. Recuerdo mi cara y mi pelo llenos de hollín. A la vuelta a Madrid, mi abuelo nos llevaba con una hora de antelación a la estación porque así presumía ante sus amigos de su familia. Mientras él disfrutaba, los cuatro, llenos de maletas, bultos y polvorones, aguantábamos cómo podíamos la espera interminable en el andén. Recuerdo los nervios de mis padres ante la dificultad de dar con el tren y el compartimento por pasillos atestados de gente de pie. Viajar en tren, por los caminos de hierro, era toda una aventura. 

La Compañía de Ferrocarriles MZA fue una de las grandes compañías ferroviarias españolas junto a la del Norte. Las dos compañías rivales acabaron juntas en 1941, cuando se decretó la nacionalización de todos los ferrocarriles de vía ancha. MZA fue creada  en 1856, participaron en su capital la Banca Rothschild, el Grand Central francés y el Marqués de Salamanca. La construcción de este ferrocarril se divide en tres partes, comenzando por la inauguración del Ferrocarril Madrid-Aranjuez en 1851 y la prolongación posterior hasta Almansa y, más tarde hacia Alicante, financiadas y construidas por José de Salamanca Mayol. Las dos otras importantes líneas ferroviarias fueron la de Madrid-Zaragoza y la de Córdoba-Sevilla. La estación de Villena se inauguró en 1858, en el viaje inaugural viajó la reina Isabel II, que realizó un pequeño descanso en la ciudad, para lo que se habilitó el Paseo de la Reina, actual Paseo de Ruperto Chapí. El edificio, de segunda clase, se ha conservado casi sin modificar hasta la actualidad. 

A mi abuelo Emilio Cuéllar de la Torre, hijo de jefe de estación,  que trabajó como revisor en la Compañía de Ferrocarriles MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) antes de casarse en Villena con mi abuela Ángeles Caturla, le hubiese gustado el trabajo de José Francisco Pascual del colegio Nuestra Señora de los Dolores: Historia del ferrocarril: Villena y la reina Isabel II.

El  interesante artículo (El ferrocarril Madrid-Alicante) de Gonzalo Roger incluye un reportaje del escritor Pedro Antonio de Alarcón con sus impresiones personales sobre la inauguración del  F. C. Madrid-Alicante.

Jean Laurent, el fotógrafo francés que retrató la España del siglo XIX, también fotografió la línea Madrid-Alicante en 1858. El álbum ferroviario titulado “Camino de hierro de Madrid a Alicante. Vistas principales de la línea” sería uno de los primeros álbumes de fotografía ferroviaria. En este álbum se recogen diferentes vistas en la que se combina imágenes de algunas de las principales ciudades que atraviesa la línea como, Madrid, Aranjuez, Villena, Elda, Sax o Alicante, con otras de infraestructuras ferroviarias como el puente sobre el Jarama, los puentes sobre el Tajo, ambos en Aranjuez, el puente y el túnel de Elda, el castillo y la estación de Sax o el puente metálico en Monóvar.

 En la imagen inferior se puede ver a su ayudante en el carruaje- laboratorio que utilizaban para preparar y revelar las placas de vidrio al colodión en 1872 en sus viajes por España.