| 8 sept 2025, Catedral Murcia |
| El flan canónigo |
| 8 sept 2025, Catedral Murcia |
| El flan canónigo |
Sinopsis
"Llamamos «malismo» al antiintuitivo mecanismo propagandístico que consiste en la ostentación pública de acciones o deseos tradicionalmente reprobables con la finalidad de conseguir un beneficio social, electoral o comercial. Quizás sea en política donde este fenómeno asentado en la última década en Occidente resulta más llamativo. Una representante pública entiende la destrucción de las infraviviendas de las personas sin hogar como un acto autopromocional. Otra aumenta su aceptación popular tras calificar de «mantenidos subvencionados» a los desfavorecidos afectados por una pandemia. Un alcalde se jacta de que no hará nada en absoluto por aquellos estudiantes y trabajadores que no pueden acceder a una vivienda digna en la ciudad que gestiona. Insultar a alguna minoría o mostrarse agresivamente contrario a consensos de mínimos como la justicia social o la Agenda 2030 es hoy en día tendencia en la propaganda política. Pero el malismo está también muy presente en cualquier forma de comunicación a pequeña o gran escala. Los bares de moda ostentan nombres canallitas. En los concursos de televisión son bien recibidas las figuras de poder que humillan a sus concursantes. El nuevo cristianismo neopentecostal que triunfa en nuestros barrios no es ya una religión de amor sino una de odio al diferente. Soldados sionistas difunden con orgullo pruebas audiovisuales de sus propios crímenes de guerra. Lo malote ha dejado de ser solo un sistema ingenioso para vender el producto musical de un grupo de jóvenes punks de barrio o un vídeojuego gamberro. Es una eficiente fórmula publicitaria que ya no se dirige contra los poderosos, sino que es una herramienta de estos".
Falso técnico de teleasistencia realizó un hurto de joyas en el dormitorio de una persona mayor con problemas de movilidad
Siempre crees que estas cosas no le pueden pasar a alguien cercano, pero pasan. Lo que más me indigna es que los amigos de lo ajeno se ceben con los más débiles y los responsables se laven las manos con total impunidad. Mi amiga, llamémosla C., tiene más de 75 años, vive sola y se ha caído varias veces en casa. Decidió apuntarse al servicio de Teleasistencia del Ayuntamiento de Madrid para estar más segura con una pulsera salvadora que se ha convertido en la carcelera de su depresión. Ahora tiene más miedo e inseguridad que antes.
Esta historia ocurrió el año pasado, todavía no se ha recuperado.
La caída
El 8 de septiembre resbaló de madrugada y llamó al servicio de Teleasistencia. Tirada a en el suelo no le resulto fácil ponerse en contacto con la centralita, perdió la noción del tiempo, le pareció que estuvo más de dos horas y solo transcurrieron unos 40 minutos hasta que llegaron dos trabajadores a levantarla. A los allegados no nos avisaron como tenían por costumbre. Esa misma tarde, ya recuperada, avisó del mal funcionamiento del detector de caídas porque no la oían y tenían que venir a solucionar el problema.
El robo
El lunes 15, sin previo aviso y sin identificarse, se presentó en su casa un técnico de Teleasistencia. En ese momento se encontraba con una amiga y, confiada, abrió la puerta. El supuesto técnico vio que la base central estaba en la entrada y, sin preguntar, se metió en la habitación para comprobar la instalación eléctrica. Una vez allí, las echó para que observasen el dispositivo central mientras les daba indicaciones. Finalmente, dijo que todo estaba bien y que tenía la pulsera estropeada, que no se preocuparan, en una semana mandarían una nueva.
El jueves 18, ya recuperada, para salir a la calle buscó las pocas joyas que tenía en una bolsa roja encima de la mesilla de noche, no las encontró, solo quedaban las de plata y la bisutería. En ese momento se dio cuenta de que había sido víctima de un
hurto. Llamó a teleasistencia. Allí no dieron
importancia al hecho y dijeron que esas cosas y otras más graves pasaban y que
por eso avisan con antelación cuando va a llegar su personal. Ella no recordaba
que le informaran de ello ni oralmente ni por escrito cuando se apuntó al
servicio.
La reflexión
Ató cabos, el técnico las confundió con la electricidad y
el wifi para echarlas de la habitación y se colocó en la puerta para
impedirles el acceso. Parecía muy seguro de lo que decía, incluso llegó a decir
que le iba a sustituir el dispositivo de la muñeca por un colgante que se
podía utilizar fuera de casa. Eso sí, sus maneras y su vestimenta no eran
correctas. De edad mediana, aproximadamente 1,65 de altura, pelo canoso y amarillento, con perilla, llevaba unos pantalones beige sucios. Y al despedirse dijo adiós, guapa. Eso fue lo más sospechoso.
La consecuencia
Conclusión, le robaron cuatro sortijas, algunas heredadas de su abuela y de su madre de gran valor objetivo, y algunas más modestas compradas con su primer sueldo. Pero lo peor es que se sintió por primera vez en su vida vieja y vulnerable. Llena de rabia, no paraba de llorar. Dejó de salir a la calle. La animamos para denunciar on
line, pero para ello tenía que firmar la denuncia en una comisaría y todas le parecían muy lejanas. Como no tenía fotos de lo robado, se empeñó en que
jamás las recuperaría. Quería poner punto y final y llevar al olvido la amarga
experiencia.
Miré en internet, por esas fechas se habían producido robos similares. Llamé al servicio buscando una complicidad para hacer la denuncia. No se responsabilizaron en ningún momento amparándose en que Telemadrid, televisión que ella no ve, había dedicado varios reportajes para avisar. Está claro que no fueron suficientes. Me parece increíble que la víctima al final sea la culpable.
Estas son las preguntas que han quedado sin contestar:
¿Cómo se han podido hacer con el nombre y la dirección de las víctimas? ¿Dónde está la privacidad de sus datos? ¿Qué están haciendo para que esto no vuelva a pasar?
¿Cómo recuperar la confianza en un servicio que te deja a merced de los ladrones y que encima tiene una copia de la llave de su casa.
Conclusión: No abras a nadie si tienes el servicio de teleasistencia del Ayuntamiento de Madrid
En cualquier caso, creo que el servicio de teleasistencia debe informar sobre lo sucedido a los otros usuarios de la zona (una simple llamada sería suficiente) para que estén prevenidos y crear una plataforma para que denuncien si les ha pasado lo mismo. No me queda otra que hacer responsables del robo al servicio de ASISPA y, subsidiariamente, al Ayuntamiento de Madrid. La policía tiene que investigar además de informar: un hackeo de datos, un trabajador despedido, alguien que oyó en una conversación que una mujer mayor vivía sola...
Esta historia ocurrió el año pasado, todavía no se ha recuperado. Yo no he podido ayudarla. Ojalá sirvan estas líneas para que se acabe con la impunidad de estos robos.
Con esta entrada termino las breves reseñas sobre los siete magníficos libros de la primera mitad del siglo XX encontrados en la casa familiar de Villena que tratan temas de Lengua y Literatura. Los dos de Miranda Podadera han acompañado a mis padres en todos los traslados y yo los encuaderné en los años noventa. Los otros estaban escondidos en una vitrina de la casa de mi abuelo y pude rescatarlos antes de la venta de la vivienda que este año cumplió 100 años.
Luis de Oteyza, Las mujeres de la Literatura (1917). Todo un descubrimiento que merecería ser reeditado.
Best seller de la ortografía del siglo XX: la Miranda Podadera (1921)
José Rogerio Sánchez, Antología de textos castellanos (1924)
José Ciurana i Maijó, Nociones de Preceptiva Literaria (1932)
Guillermo Díaz Plaja, Curso general de Literatura universal y española (1941)
Aurelio Ras, Reflexiones sobre el Quijote (1945)
La mayoría son manuales escolares para estudiantes de secundaria, gastados por el uso, amarillentos y muy deteriorados. El azar los ha unido. Algunos han perdido la portada y la contraportada. Amarillentos por la pátina del tiempo, la tinta apenas resalta y hace difícil la lectura. Huelen a polvo de madera. Pero a mí me parecen auténticas joyas, reliquias del pasado, un cordón umbilical que me une a mi familia, aunque no sepa quién los compró o los estudió. Sus autores (profesores, periodistas y escritores de distintas ideologías) y sus lectores tuvieron que adaptarse a los tiempos oscuros de la posguerra después de haber vivido un periodo de libertad de expresión.
| 2024 |
Oteyza, muy popular en su tiempo, supo ganarse sobre todo a a las lectoras con su ingenio e imaginación poética. No es un erudito en la materia, es un lector crítico que busca la complicidad cuando expone su particular interpretación de estos personajes diversos entre sí, a la vez que manifiesta sus fobias y filias respecto a sus autores. Escribe con espíritu burlón, sin prejuicios, con pinceladas humorísticas, sin moralina. No duda en criticar la superioridad masculina y la religión. La lectura es ágil, amena y, sobre todo, moderna para su época. Como muestra incluyo sus comentarios sobre Madame Bovary su concepción del amor naturalista. Merece la pena leerlo, aunque un siglo después algunos de sus comentarios nos chirríen y choquen con lo esperado en la actualidad.
![]() |
| 1 |
![]() |
| 2 |
![]() |
| 3 |
Tampoco esta vez he encontrado un archivo PDF gratuito de dominio público, aunque se puede conseguir en tiendas de segunda mano por poco precio.
*Cristina Patiño Eirín, Aproximación a los prólogos de Emilia Pardo Bazán
Guillermo Soler García de Oteyza, El ingenioso e inquieto Oteyza en campo enemigo
Años después, Oteyza volvería a retratar personajes femeninos, en este caso estereotipos, en una novela ambientada en Nueva York, el símbolo de la modernidad en esos años, Anticípolis (1931). El tema es la disputa entre modernidad y tradición representadas en el conflicto entre dos los modelos femeninos del “ángel del hogar” y la “flapper” (joven moderna).