jueves, 5 de febrero de 2026

Carlos Hernández, periodista: Carta desde el más allá

 El periodista Carlos Hernández, fallecido este martes a los 56 años, dejó este texto escrito para que fuera publicado en elDiario.es tras su muerte. 

(…) De veteranos colegas de profesión aprendí las, que yo considero, dos máximas del periodismo:

1.- Objetividad no es sinónimo de neutralidad. Contar la realidad con objetividad te obliga, casi siempre, a no ser neutral. Si hay un agresor y un agredido, un mentiroso y un honesto, un corrupto y un honrado, tu misión es describir esa situación con claridad y contundencia. Harto estoy de quienes creen que ser periodista es contar, sin filtros, la versión de ambas partes, sin plantearse la veracidad de las mismas o, lo que es peor y más frecuente, sabiendo que una de ellas es incierta. 

2.- Para ser buen periodista es imprescindible ser una buena persona. Yo siempre añado una tercera máxima. El periodismo no es una profesión más. De nuestro trabajo depende que la sociedad pueda ejercer su derecho a estar bien informada. De nuestro trabajo, aunque no solo de él, depende la libertad, la igualdad y la democracia. Por eso no caben excusas para mentir u ocultar. En caso de hacerlo se nos deberían exigir responsabilidades profesionales e incluso penales. Deberíamos ser como los jueces (léase “como deberían ser los jueces”), a los que se les puede imputar y castigar por prevaricación, pero, para ello, también tendríamos que tener unas condiciones de estabilidad y dignidad laboral acordes a nuestra responsabilidad. 

En cualquier caso y por muy precaria que sea su situación, aquí va mi último consejo a mis colegas, especialmente a los más jóvenes: no toleréis la manipulación, no os autocensuréis, no os refugiéis bajo la excusa del miedo a perder el trabajo… luchad el enfoque de cada noticia. Sed objetivos, no neutrales. Sed buenos periodistas siendo buenas personas (…).


miércoles, 28 de enero de 2026

La Edad de Plata de Paco López en la Zarzuela


La Edad de Plata es el nombre con que se conoce el período de florecimiento cultural español del primer tercio del siglo XX. Muchos artistas encontraron en París la “patria soñada” para sus creaciones. Granados, Falla y Zuloaga viajan a París en este período, viven el estimulante encuentro con la vanguardia artística y urden los trazos de sus personales estéticas: tan distintas, tan cercanas. Persiguen la España esencial, la auténtica, la indeleble. Y creen encontrarla en las recreaciones de los grandes pintores, escritores y músicos españoles de antaño. El artista crea su obra en un marco histórico concreto. En tiempos como los actuales, donde con tanta urgencia se nos manifiesta la necesidad de “repensar” la España común, encuentra parte de su sentido mi propuesta.

                     Paco López 

Producción de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga (2023)

Goyescas

Ópera en un acto y tres cuadros

Música de ENRIQUE GRANADOS
Libreto de FERNANDO PERIQUET

El retablo de Maese Pedro

Ópera en un acto

Música de MANUEL DE FALLA
Libreto INSPIRADO EN UN EPISODIO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA DE MIGUEL DE CERVANTES

Me he enterado demasiado tarde, ya no hay entradas, las representaciones terminarán el 1 de febrero de 2026. Todo un éxito la versión arriesgada y rompedora del director de escena que no dejará a nadie indiferente, entusiasmará a muchos y decepcionará a unos pocos.


sábado, 24 de enero de 2026

Carmen Guillén, Redimir y adoctrinar (Patronato de Protección a la Mujer)

Tras décadas de silencio, la historiadora Carmen Guillén arroja luz al organismo franquista encargado del adoctrinamiento moral de las mujeres caídas (1941-1981). El Patronato de Protección a la mujer apuntaló su labor sobre cuatro pilares: trabajo y oración para redimir; disciplina y castigo para adoctrinar. En el cruce de intereses entre Iglesia y Estado, la doctrina católica sirvió para legitimar este control femenino. Miles de mujeres de todas las edades, procedencias y contextos socioeconómicos fueron entonces condenadas sin delito y encerradas sin juicio en nombre de esa moral. Bajo un disfraz de caridad se ocultó una realidad llena de abusos, trabajos forzados, robo de bebés y violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Para saber más:

Berna González Harbour: Redimir y adoctrinar: cuidado con perder la virginidad

"Un consejo para los que sienten nostalgia del franquismo, los que cantan el Cara al sol en las discotecas al amanecer o se sienten atraídos por las tentaciones del pasado: lean el libro de Carmen Guillén y se les quitarán las ganas. Salvo que sean ustedes muy, muy malas personas".

jueves, 22 de enero de 2026

Muñoz Molina, No enseñar al que no sabe (17/1/2026)

Otro magnífico artículo de Muñoz Molina sobre la educación, los profesores y la sociedad actual que merece ser divulgado. Lo copio íntegro para que pueda llegar a todos.

No enseñar al que no sabe

Los buenos profesores sufren el descrédito, la postergación y el asedio porque son una barrera, casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie

Cabe la triste posibilidad de que la educación, en España, no le importe a nadie, salvo a algunos profesores no vencidos por el desaliento ni aquejados en exceso por las oscuridades depresivas, a algunos alumnos y alumnas misteriosamente poseídos por el deseo de aprender, a algunos padres y madres de convicciones humanistas, y a unos cuantos ilustrados sueltos que siguen sosteniendo la extraña convicción de que el saber es un ingrediente de la libertad y también de la dicha. Son ilusos convencidos de que el ser humano, para alcanzar la plenitud de sus facultades, necesita un aprendizaje en ocasiones arduo que le ayude a comprender racionalmente el mundo, a reconocerse en la humanidad de los otros, a situarse en el espacio gracias a la geografía y en el tiempo gracias a la historia. Sin tal aprendizaje no hay posibilidad alguna de distinguir entre las cosas ciertas y los embustes, entre la astronomía y la astrología, entre la evidencia fiable y la propaganda religiosa o política, entre la justicia y la injusticia, la democracia y la tiranía.

 No nacemos de la nada ni somos los primeros ni los únicos en el mundo. Desde que salimos de nuestra deliciosa condición prenatal y submarina empezamos a aprender, porque nuestro equipaje genético no nos provee con la mayor parte de las capacidades que otros animales ya tienen al nacer. Aprendemos por nosotros mismos, y aprendemos de los adultos y los niños que nos rodean, y sin los cuales nuestro aprendizaje quedaría malogrado y nuestras posibilidades de sobrevivir serían irrisorias. La mayor parte de las cosas un ser humano no las aprende solo: ni a caminar, ni a hablar, ni a leer ni a escribir. Y quien nos enseña no es el transmisor mecánico de un conocimiento, o de una destreza, o de una pantalla. Aprendes de quien amas y te ama. Después del padre y la madre, el buen maestro te enseña no solo porque sabe las cosas que necesitas aprender, sino porque pone un fervor cordial en esa transmisión, sea en una escuela de párvulos o en un aula de Instituto.

 Las religiones, las ideologías racistas, las tradiciones sagradas, dividen a los seres humanos en jerarquías según ellos innatas: los hombres por encima de las mujeres, los nobles de los plebeyos, los fieles de los infieles, los ricos de los pobres, los blancos de los negros. La convicción ilustrada es que todos los seres humanos, tan diferentes entre sí en inclinaciones y caracteres, poseen una misma dignidad y un conjunto de capacidades que no están marcadas por el origen, sino que se descubren y se van desarrollando través de la buena salud y la enseñanza sólida e igualitaria. Solo así se puede lograr que cada uno y cada una den lo mejor de sí, al ejercer destrezas y formas de talento científico, técnico o creativo que de otro modo se habrían frustrado, y por lo tanto habrían empobrecido la propia vida y a la comunidad.

 Estos principios tan simples no le importan a nadie, o casi. En el cochambroso gallinero del Parlamento no se oye ni una sola palabra sobre la educación, una vez que cada nuevo gobierno ha derogado la nueva ley que promulgó el anterior. Cuando entrevistan en la televisión al presidente del Gobierno llegan incluso a preguntarle por el fútbol, pero nunca sobre la enseñanza, ni él se acuerda de mencionarla. Acaba de dimitir una ministra de Educación a la que durante varios años hemos visto hablar de casi todo, salvo de los asuntos propios de su ministerio. A un gran número de padres y madres tampoco parece que les preocupe la educación de sus hijos: tan solo que el profesorado se dé cuenta de lo especiales que son sus criaturas, o de que obtengan las credenciales suficientes para hacerse ricos cuanto antes, lo cual, como todo el mundo sabe, se consigue en instituciones religiosas privadas. Lo que le importa a las consejerías llamadas de Educación, en las comunidades gobernadas por la derecha, es demoler cuanto antes la enseñanza pública, a fin de beneficiar a la privada y a la santa Iglesia. Las quejas de los profesores, según informaba Ignacio Zafra hace unos días en estas páginas, son muy parecidas en todas partes, y nos las cuentan los amigos que se dedican al oficio: en las aulas de los centros públicos hay grupos hasta de cuarenta alumnos, lo cual no solo impide la célebre “atención personalizada”, por decirlo en el lenguaje entre psicopedagógico y empresarial que se ha impuesto, sino cualquier tipo de enseñanza verdadera.

 Una luminaria internacional del saber educativo, Andreas Schleichen, director de Educación de la OCDE, declaró hace unos años en este mismo periódico, en el curso de una visita auspiciada por nuestro Gobierno socialista, que una ratio de treinta o cuarenta alumnos por clase no tenía efectos perjudiciales sobre el aprendizaje. Lástima que eso no lo supieran los educadores españoles, que han de enfrentarse a esos grupos tan numerosos bajo una sombra que también es una queja universal entre ellos: el descrédito de la figura del profesor y la falta de respeto a su trabajo, compartida por los alumnos y por sus familias, y alentada por las autoridades académicas, y por esa corriente universal de desprecio al saber que viene de la mano del ascenso de la extrema derecha y el poder de las compañías tecnológicas. El profesor, la profesora, es de antemano culpable de una acusación contra él, incluso tras una agresión física. Y si los resultados académicos —puramente cualitativos— no son todo lo favorables que las estadísticas exigen, y con las que los cargos políticos aspiran a condecorarse, la culpa no será nunca de la falta de medios, de las aulas pequeñas y mal habilitadas, del exceso de alumnos, del desinterés de los padres, de la carga burocrática insufrible que la administración impone a los profesores: son ellos los culpables, por no adaptarse a las metodologías modernas, por su cabezonería en seguir creyendo en la importancia del conocimiento, y en el valor de transmitirlo con el entusiasmo necesario para que sea fértil. Un profesor extraordinario al que conozco bien, que enseña con éxito literatura en el instituto de un barrio popular de Madrid, me explica que todas estas aberraciones, tristemente abrazadas por la izquierda, tienen su origen en un informe sobre la educación del porvenir que la OCDE solicitó a la consultora McKinley. Sus conclusiones se resumían en dos puntos igual de aterradores: la escuela tenía que educar en el liderazgo para la innovación; y no tenía que promover el conocimiento, sino las “competencias”. Un programa, me dice este amigo, a la medida de un neocapitalismo de pillaje.

 ¿Qué competencias pueden enseñarse separándolas de ese conocimiento que tanto les desagrada a todos? ¿Pueden la creatividad o el sentido crítico ejercerse sin una formación verdadera? El conocimiento no se transmite mecánicamente, como la información que uno copia de la inteligencia artificial. La principal arma de supervivencia y progreso de los seres humanos fue la capacidad de preservar y transmitir las experiencias adquiridas gracias primero a la palabra y luego además a la escritura. Los buenos profesores sufren el descrédito, la postergación y el asedio porque son una barrera, casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie, de la amnesia colectiva y el cinismo insidioso para el que todo da igual, salvo la ansiosa satisfacción de cualquier capricho instantáneo. Nos quieren ignorantes, groseros, sectarios, ansiosos, apoltronados, narcisistas, aislados cada uno en su paraíso virtual, insolentes y mansos en nuestro aborregamiento colectivo. En la Guerra Civil, los fascistas españoles tenían predilección por fusilar maestros. Ahora se trata de volverlos irrelevantes, de despojarlos de su dignidad y de los medios necesarios para su trabajo hasta que claudiquen y se rindan, o esperen desmoralizados a jubilarse.

martes, 13 de enero de 2026

Algunas parejas de escritores jóvenes

 Juan Gómez y Marta Jiménez 

Esta entrada es la continuación de Parejas de escritores (2016). Aquí incluiré las noticias sobre jóvenes escritores, nacidos a partir de los años 80 y 90 del siglo pasado, que forman pareja en la vida real y en la vida literaria.
En la revista Popper han entrevistado a algunas parejas  para descubrir cómo afecta el amor a la literatura y viceversa:

-  Marta Jiménez Serrano y Juan Gómez Bárcena: «La literatura empapa nuestra manera de ver el mundo, por separado y también como pareja».

Juan Gallego Benot y Pablo Caldera
Para saber másLa (casi) muerte dulce de Marta Jiménez Serrano


Juan Gallego Benot y Pablo Caldera: «Si no me imagino no escribiendo, es porque no me imagino sin él».




Y no me olvido de Reyes Guillén y David Francisco, citados muchas veces en el blog, que combinan perfectamente la escritura con la gestión de Pregunta Ediciones (Zaragoza, 2012).


lunes, 5 de enero de 2026

El auto sacramental Los Reyes Magos de La Cañada

 
La Cañada (1968)
C
ada 6 y 7 de enero, en La Canyada, un pequeño municipio de poco más de 1200 habitantes de la comarca del Alt Vinalopó, muy cerca de Villena (Alicante), se representa el auto sacramental «La venida y adoración de los Santos Reyes Magos al Niño Jesús»,  basado en el libro «La Santa Infancia del Niño Jesús» escrito por Gaspar Fernández de Ávila en el año 1764.
Desde el siglo XIX de manera itinerante por las calles, combinando escenarios fijos con espacios naturales, los vecinos escenifican los momentos más emblemáticos de la Natividad: la Anunciación, la Venida y Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús, la huida a Egipto y la degollación de los Santos Inocentes…
 

La Cañada  (2020)


Como muestran las fotografías, la tradición y la vida de sus habitantes ha mejorado notablemente en los últimos años. Todo un ejemplo de cultura popular donde se juntan las fiestas religiosas con el folclore de la comunidad valenciana. Esperemos que este año el mal tiempo no impida la celebración en la que el color, la pasión y la ilusión están  presentes. 



Documental del NO-DO



Parte 1.  Auto de los Reyes Magos del día 6


Parte 2.  Auto de los Reyes Magos del día 7

 





Si quieres leer el libro original de Gaspar Fernández y Ávila pincha 
aquí

jueves, 1 de enero de 2026

Un deseo para 2026