| El oso y el Madroño, Navarro Santafé (1967) |
| Raíces del alma, Ányel Martínez (2026) |
| Al fondo a la izquierda, pintada de granate, la casa de mi abuela |
| Replica en miniatura, Museo Santafé |
| En la rotonda |
| El oso y el Madroño, Navarro Santafé (1967) |
| Raíces del alma, Ányel Martínez (2026) |
| Al fondo a la izquierda, pintada de granate, la casa de mi abuela |
| Replica en miniatura, Museo Santafé |
| En la rotonda |
| Fernando Bonete en la biblioteca del Ateneo de Madrid |
Para saber más: Entrevista en El País
¿Los bookstagrammers están sustituyendo a los críticos literarios convencionales?
Respuesta. Yo creo que son complementarios. Pueden convivir. Hay puntos de cruce o unión, pero tienen propósitos diferentes. El crítico literario tiene el propósito o puede llegar a tener el propósito de iluminar la obra o al lector sobre una obra, desentrañar su sentido, su fondo, intentar hacer comprender la obra en un sentido muy profundo. El divulgador de cultura en redes sociales no tiene esa misión, sino la de hablar de su experiencia leyendo ese libro e ir directamente al grano de si la obra le ha gustado y por qué.
Esta vez conseguí entradas para el concierto homenaje al gaditano Manuel de Falla ciento cincuenta años después de su nacimiento. Llegué a duras penas al Auditorio porque Madrid estaba paralizada por una maratón. Sentada cerca a de los violines, gocé de los lugares, sensaciones y sentimientos a los que me lleva la música de este genio de la música española y universal que supo unir la tradición y la modernidad, lo culto y lo popular. Me sorprendieron sobre todo las obras de su etapa parisina que no conocía: «À Claude Debussy (Elegía de la guitarra)», «À Paul Dukas (Spes Vitae)» y «Pedrelliana», dedicada a Felipe Pedrell, su gran mentor y verdadero padre estético.
Y me volví a turbar con la canción del Fuego fatuo con texto de María Lejárraga, aunque históricamente firmada con el nombre de su esposo, Gregorio Martínez Sierra. Una historia de celos y amor, y la superación de estos dos fuertes sentimientos por parte de la protagonista, que ve cómo se le aparece su difunto amor continuamente como un espectro (fuego fatuo) celoso por su relación con su nuevo amante.
Canción del Fuego fatuo
Lo mismo que er fuego fatuo,
lo mismito es er queré.
Le huyes y te persigue,
le yamas y echa a corré.
¡Lo mismo que er fuego fatuo,
lo mismito es er queré!
Nace en las noches de agosto,
cuando aprieta la calor.
Va corriendo por los campos
en busca de un corasón...
¡Lo mismo que er fuego fatuo,
lo mismito es er queré!
¡Malhaya los ojos negros
que le alcanzaron a ver!
¡Malhaya er corasón triste
que en su yama quiso arder!
¡Lo mismo que er fuego fatuo
se desvanece er queré!