domingo, 26 de mayo de 2024

Los monos en la literatura (el cine y el arte)


Tal como el más bello de los monos es feo al compararlo con otra especie, el más inteligente de los hombres ante un dios parecerá un mono en inteligencia, en belleza y en todo lo demás.
                    (Heráclito, fragmento 119 de la edición de A. Gª Calvo)

Monos y hombres  

    »Yo por seguro tengo
(Dijole á Blas Manuel)
Que el mono es hoy lo mismo
Que ántes el hombre fué.
    Piedras cual hombre tira,
Y es muy frecuente en él
Reñir á garrotazos
Mejor que un montañes.«
    Blas dijo: »Reconozco
Al mono su saber;
Opino, sin embargo,
No como piensa usted.
    Hay en humano traje
Irracional cruel,
Que agarra piedra y palo
Sin qué ni para qué.
    Bicho de tal ralea
Debe sin duda ser
orangutan exento 
De andar a cuatro piés. 
                      
                                                                                      (Hartzenbusch, fábula XLVI)

    ...o me gustan mucho los monos y, sin embargo, cometo un error, porque los considero una imitación perfecta de la naturaleza humana. Cuando veo a uno […], tengo la impresión de verme en un espejo de aumento: los mismos sentimientos, los mismos apetitos brutales, un poco menos de orgullo y nada más.»     (Gustave Flaubert)

Los monos se han utilizado en la mayoría de las culturas como mascotas por su exotismo, inteligencia, sus aptitudes para la imitación y su facilidad para ser domesticados. Los nobles los utilizaban como un adorno y un símbolo de riqueza, y los titiriteros y gentes del circo los incluían en sus espectáculos para asombrar con sus piruetas al pueblo llano (El Quijote: Maese Pedro y el mono adivino). Los filósofos y los científicos han especulado sobre su naturaleza comparándola con el hombre. Por lo general, su representación en numerosas expresiones artísticas y literarias ha servido más como motivo de burla, al identificar la figura del mono con los instintos más bajos y primarios del hombre. Pero, desde que a mediados del siglo XIX las teorías de Darwin fundamentaron científicamente nuestro parentesco, adquirieron una dimensión inesperada, dramática, objeto de todo tipo de fabulaciones, ironías y pesadillas. 

Los monos en el arte

Desde el siglo XVII se puso de moda entre los pintores hacer cuadros con escenas de la vida cotidiana (jugar a las cartas, acudir al dentista, ir a la escuela, leer un libro…) protagonizados por monos en vez de humanos. Este subgénero pictórico perduró los siglos siguientes y hasta tiene su propio nombre singerie: la palabra francesa que significa «monería».

 Los monos en la literatura 

El mono gracioso y burlón es el modelo que aprovechan los fabulistas para descubrir moralejas en la imitación simplificada de las prácticas humanas. Así lo plantean Esopo (La zorra y el mono discuten por su nobleza), Tomás de Iriarte (El mono y el titiritero), La Fontaine (El lobo pone pleito al zorro ante el mono) y Samaniego (El lobo, la zorra y el mono juez).

Pero otras veces, presas de turbias pasiones, los primates atacan al hombre y se dejan llevar por el salvajismo y la perversidad. En la antología De monos y hombresMarta Salís ha reunido diecisiete cuentos que ilustran perfectamente esta evolución de mascota graciosa y presentable a símbolo muchas veces oscuro de nuestra animalidad. De E. T. A. Hoffmann a Roberto Arlt, pasando por Flaubert, Poe, Lugones, Kafka, Lovecraft, Vallejo o Dinesen, vemos cómo la literatura se ha servido de los primates para ridiculizarnos, extrañarnos, forzar incómodamente nuestra comprensión. A veces imagen de la degradación, a veces recordatorio de la fatuidad, también ha sido un excelente pretexto para hablar de la cautividad y de los desmanes de la experimentación científica.

La siguiente lista de narraciones ordenadas cronológicamente nos acerca a la relación entre monos y hombres en literatura. El asterisco indica que el título citado es un cuento, los enlaces nos llevan al texto en pdf.

Hoffmann,  Noticia de un joven culto (1814). En este capítulo de la segunda parte de Kreisleriana, el narrador transcribe la carta de Milo, un joven que pasa de ser un salvaje a volverse todo un erudito…

Edgar Allan Poe, Los crímenes de la calle Morgue(1841). Cuento policíaco protagonizado por un gran orangután salvaje de las islas de la India Oriental, capaz de realizar los peores asesinatos

FlaubertQuidquid volueris* (1837). Escrito en la adolescencia presenta a un ser hijo de una mujer y un mono al que la desesperación conduce al crimen.

Kafka, Informe para una Academia* (1917)La obra parte de un aparente absurdo, de una situación insólita: una simio que hace cinco años ha dejado de serlo, redacta un Informe sobre lo simiesco y nos deja una reflexión sobre la definición de libertad.
Edgar Rice Burroughs Tarzán de los monos (1914)Huérfano y atrapado en el corazón de la selva africana, el heredero de Lord Greystoke es criado entre monos para convertirse en Tarzán, el hombre mono. Esta historia fue publicada por primera vez en la revista pulp All Story Magazine en octubre de 1912.
 Horacio Quiroga, El mono que asesinó* (1919). Cuento fantástico sobre una metamorfosis cruzada entre un humano y un simio. En 1904 ya había publicado Historia de Estilicón*, un bebé gorila que cambiará la vida de dos hombres (1904).
César VallejoLos caynas o el paso regresivo*, incluido en Escalas melografiadas (1923). Luis Urquizo tiene fama de loco entre sus vecinos pues todo lo observa a la inversa del sentido común, hasta que un día el problema se agrava cuando proclama ser un mono junto al resto de su familia.
Leopoldo lugonesYzur* (1924). La obsesión de un hombre por alcanzar una meta irrealizable: enseñarle a hablar a un mono. 
Delos W. LovelaceKing Kong (1932).Trata sobre el hallazgo de un gorila gigante, en una isla prehistórica perdida y sobre cómo fue capturado y llevado a la civilización contra su voluntad.
Isak Dinesen El mono* (1934). En sus breves páginas la autora se las arregla para contar historias muy diversas sutilmente emparentadas entre sí. Insinúa una perversa relación entre el mono y la Priora. Al final del relato, el mono termina encaramado sobre un busto de Immanuel Kant.
Roberto Arlt, Accidentado paseo a Moka* (1935). Escrito después de su viaje por España y Marruecos. 
Pierre Boulle, El planeta de los simios (1963). Como su título indica, trata sobre un planeta en el que los simios son la raza dominante. Su objetivo es comprobar cómo ellos repiten los mismos errores que nosotros.
Michael CrichtonCongo (1980). En esta novela de aventuras, Peter Elliott, un primatólogo de la Universidad de California, y su asistente enseñan la comunicación humana a los primates utilizando una gorila. 

Dian Fossey, Gorilas en la niebla (1983). La autora, asesinada en 1985 por un asaltante desconocido, combinó su aventura personal con un informe científico sin precedentes para completar un retrato inolvidable de nuestros parientes primates más cercanos.
 Daniel Quinn, Ishmael (1995). A través del cautivador diálogo entre un protagonista desilusionado y un sabio gorila se desvela un mensaje poderoso y urgente: nuestra civilización actual está atrapada en una trayectoria destructiva, impulsada por una ideología insostenible.
Stephen KingEl mono* (1980). La historia sobre dos hermanos gemelos que de pequeños encuentran un mono de juguete en el ático. El muñeco tiene unos platillos, los cuales toca de vez en cuando. ¿El problema? Que cada vez que lo hace, alguien cercano a los hermanos muere.

Monos en el cine 



Muchos de los libros citados han sido llevados al cine con gran éxito: Tarzán, King Kong y El planeta de los simios forman parte de nuestra infancia. Solo me permito recordar que la mona Chita era un chimpancé macho que fue creado por los guionistas de la MGM y que no figuraba en el libro. 

Para saber más

 cuyo título es una famosa frase de El planeta de los simios cruzada con el relato breve de terror La pata de mono escrito por el humorista W. W. Jacobs (1902).

miércoles, 22 de mayo de 2024

Cuento de Los vidrieros y de las mil monas/ Un cero en medio

Fabio. Viene en cifra…
Federico. ¡Qué tormento! 
Fabio. ¿Cómo la que uno escribió en guarismo*? 
Federico. ¿Qué sé yo? 
Fabio. Si no lo sabes, va el cuento:

De una dama era galán 
un vidriero que vivía 
en Tremecén, y tenía 
un grande amigo en Tetuán. 
Pidiole un día la dama
que a su amigo le escribiera 
que una mona remitiera;
y como siempre quien ama
se desvela en conseguir
lo que su dama le ordena, 
por escoger una buena, 
tres o cuatro envió a pedir.

*Signos o cifras arábigas que expresan una cantidad 

El tres o cuatro escribió
en guarismo el majadero;
y como es allí la o cero,
el de Tetuán leyó:
«Amigo, para personas 
a quien tengo voluntad,
luego al punto me enviad 
trescientas y cuatro monas». 
Hallose afligido el tal;
pero mucho más se halló 
el vidriero cuando vio 
contra su frágil caudal,
dentro de muy pocos días 
apearse con estruendo 
trescientas monas haciendo
trescientas mil monerías. 

El secreto a voces, Calderón (1642)

Un claro ejemplo de la relación entre literatura culta y popular es el cuento titulado Un cero en medio o El cuento de los vidrieros y de las mil monas. El texto escrito en redondillas aparece en la comedia de enredo El secreto a voces (1642) de Calderón de la Barca, las pronuncia Fabio, el criado gracioso. El éxito del cuento tal vez radicase en que era ya conocido por el público. Posteriormente fue reproducido en antologías de chistes, anécdotas, cuentos y chascarrillos a lo largo de los siglos siguientes. Juan Eugenio de Hartzenbusch retomó el tema con ligeras variantes en 1848, en sus Fábulas puestas en verso castellano.


Rafael Boira,
El libro de los cuentos (1862)

La comicidad del cuento proviene de la confusión de dos sistemas lingüísticos diferentes: el sistema de las letras y el de las cifras o números y la exageración de las proporciones típica del Barroco. El vidriero de Tremecén, para agasajar a su amada, escribió la cantidad de monas que quería  en números: 3 o 4; pero el vidriero de Tetuán la convirtió en un solo número (304) porque la conjunción o sin tilde la interpretó como un cero, dando lugar al malentendido. Además, nos advierte de la importancia del cero, en este caso un cero en medio, ni a la izquierda ni a la derecha. Un cero que trajo la desgracia al comerciante porque las trescientas monas con sus monerías acabarían con su frágil negocio. Se hace eco del dicho popular Chicas causas, grandes efectos que destaca la facilidad con la que se corrompe una información cuando se transmite o se entiende mal. Nosotros lo aprendimos de niños en el juego El teléfono escacharrado.  


Diccionario panhispánico de dudas 

A todos nos puede pasar si no utilizamos correctamente las reglas de ortografía o nos confundimos al escribir en el ordenador poniendo un cero en lugar de la letra o. Esto es lo que dice el Diccionario panhispánico de dudas: "Por razones de claridad, ha sido hasta ahora tradición ortográfica escribir la o con tilde cuando iba colocada entre números, para distinguirla del cero: 3 ó 4, 10 ó 12. La escritura mecanográfica hace cada vez menos necesaria esta norma, pues la letra o y el cero son tipográficamente muy diferentes. No obstante, se recomienda seguir tildando la o en estos casos para evitar toda posible confusión. La o no debe tildarse si va entre un número y una palabra y, naturalmente, tampoco cuando va entre dos palabras: * Había 2 ó más policías en la puerta (correcto: 2 o más); *¿Quieres té ó café? (correcto: té o café)". 

¿Por qué hay tantos monos en Gibraltar?

 Ramón J. Sender en la novela La tesis de Nancy (1962), basándose en la confusión entre cifras y letras de los textos anteriores, con gran sentido del humor, explica así la presencia de los monos en Gibraltar.

No entendía Mrs. Dawson o no quería entender (nunca se sabe con ella). Estábamos en el café. Y preguntaba de dónde habían salido los monos gibraltarenses. Curro explicó no sé si en broma o en serio:

—En el siglo pasado un comerciante de Gibraltar que tenía un hermano rico en el Brasil le escribió una carta pidiendo que le enviara por el primer barco tres o cuatro monos. Pero escribió la cantidad en números, así: 3 o 4. Y el brasileiro fletó un barco especial y le mandó 304 monos. El comerciante no sabía qué hacer. Los ingleses aman a los animales y obligaron al comerciante a alimentar a los monos o a dejarlos en libertad. El comerciante vendió algunos, pero fue soltando a la mayor parte y velay*, esa es la historia.

* Ciertamente  (De velo ahí)

José Luis Garrosa Gude: Errores afortunados y razones para la abundancia: cargamentos de bacalao y monos, de Unamuno a Calderón de la Barca 

Buscando en internet hallé esta trilogía de artículos de extraño título, escrita por un colega del IES José Hierro de Getafe que se dedica al estudio de las diferentes tradiciones orales. Recomiendo su lectura porque está llena de intriga: saltos temporales y espaciales, vasos comunicantes y relaciones entre personajes variopintos. Porque las confusiones en la lectura provocan envíos masivos caros y engorrosos, pero alguna vez también riqueza. Así el lector descubrirá el enigma que relaciona los bacalaos con los monos y al escritor Unamuno con el adinerado bilbaíno Simón Gurtubay. Y el papel que tiene un artículo escrito en La Gaceta de Marsella.

En definitiva esta es una historia de enredos que se ha contado mil y una veces que nos demuestra la relación entre la literatura y la realidad, la fantasía y la verdad, la leyenda anécdota y la anécdota. De esta manera, yo he descubierto que en Gibraltar los ingleses se hicieron cargo de las monas que le sobraban al vidriero y que el título mil monas recibe ecos de los cuentos de las mil y una noches cuando decir mil era decir muchos. Puestos a fabular y a exagerar, la expresión llegar a las mil y monas de la que hablaba en la entrada anterior tal vez tenga que ver con el retraso en la llegada del envío y los problemas que acarrea. 

lunes, 20 de mayo de 2024

Monos en el diccionario


El macaco de Berbería (Macaca sylvanus), también llamado mono de Gibraltar y mona rabona, es el único primate no humano que habita en Europa, concretamente en el peñón de Gibraltar. En España, fue introducido como mascota por los árabes del 700 a 1492. 
La palabra mono viene del árabe andalusí “maymûn”, que significaba primero “afortunado”, pero que ha acabado significando en los dialectos del árabe moderno “mono” o “mandril”. 

 Antes de la teoría de la evolución de Charles R. Darwin, ya se había considerado que los monos y los humanos eran como primos hermanos y se les ha comparado continuamente. Mono es un ejemplo claro de polisemia, palabras que teniendo un origen común pueden tener diferentes interpretaciones o sentidos, dependiendo del contexto en el que se use. Lo que ha dado lugar a muchas expresiones y también a muchas confusiones. Un auténtico lío para alguien que no domina el lenguaje, sobre todo si es un niño o un estudiante de español, como la siguiente frase:

Un mono muy mono vestido con un mono de trabajo – A very cute monkey dressed with overalls.

El Diccionario de la RAE recoge 17 significados distintos y múltiples frases hechas, la mayoría coloquialismos, con el mono como protagonista en sentido real o metafórico. 

http://www.infinitoestudio.com/deja-de-pintar-la-mona/
En español como en la mayoría de las lenguas europeas, las comparaciones de un humano con un simio no son halagüeñas: hombre pequeño y feo, travieso y gamberro, tonto, borracho, lascivo, persona que hace gestos impropios de una persona cuerda y formal. («El hombre es el animal más hermoso y el mono, siendo el que más se le parece, es feísimo» (Juan de Zabaleta, El día de fiesta por la mañana, 1654). Pero en el caso del adjetivo mono, las connotaciones ofensivas fueron sustituidas por las positivas (guapo, gracioso, atractivo, arreglado), tal vez los hablantes habrán pensado que, bien mirados, los monitos no son ridículos, sino graciosos. El primer testimonio inequívoco de esta acepción en una obra literaria aparece en el sainete de Don Ramón de la Cruz La Crítica, la Señora, la Primorosa, la Linda (1762): A una cosa linda dicen/ que es muy mona cosa, luego/ un mono hace mil lindezas/ con sus muchísimos gestos. A este fenómeno Julián Víctor Méndez Dosuna lo llama polisemia incongruente.

De monos y monerías

En mi casa, cuando era pequeña me decían que dejara de hacer el mono porque no paraba de moverme y hacer tonterías; en cambio, alababan las monerías (los gestos) de los más pequeños, que eran muy monos (guapos), y a los que a veces vestían con un mono (ropa cerrada) cuando hacía mucho frío. Si se referían a las ilustraciones del periódico y a los dibujos de las publicaciones infantiles, utilizaban de forma elogiosa la palabra monos (en Hispanoamérica se utiliza también para los dibujos animados). Si me observaban mucho, me enfadaba y preguntaba si es que tenía monos en la cara. Mis padres a alguien que no sabía ejercer bien su oficio lo llamaban pintamonas y si pintaba la mona es que era un holgazán.

En Villena, por Pascua nos íbamos al campo a tomar una mona (bollo típico de Levante, en este caso palabra homónima porque tiene otro origen) y en las fiestas de Moros y Cristianos mis primos, todos mayores que yo, primero cogían una mona (borrachera) y luego la dormían. Incluso alguna una vez me mandaron a freír monas (a paseo). En vacaciones de verano jugábamos a la mona (juego de naipes) y para ello teníamos que descartar antes los monos de la baraja (comodines, arlequines). A veces los vecinos estaban de monos (enfadados) por el ruido que hacíamos.

Sí me ponía muy pesada, me decían que parecía un mono de repetición. Otras veces me advertían que debía darme prisa para no ser el último mono equiparándolo con una idiota. Y si solo había cuatro monos en un lugar, es que no había casi nadie. Supongo que muchas veces me quedé hecha una mona (avergonzada) y otras me he cabreado como una mona. Eso sí, nunca me he pintado como una mona (con maquillaje excesivo) porque suelo ir con la cara lavada.

De mayor aprendí que el síndrome de abstinencia era tener el mono. Que el monosabio era un mono amaestrado capaz de hacer piruetas y ejercicios, además del ayudante del picador que atiende al caballo en la plaza de toros. Que las cucamonas (cucar ‘burlarse’ + monas) equivalen a carantoñas, demostración exagerada de cariños para conseguir algo.

En los años 90, en la televisión había un programa con el título ¡Caña al mono que es de goma!, expresión que se utiliza para recriminar o criticar a alguien con dureza.

Hay cosas que, por mucho que intentemos esconder o disfrazar, siempre seguirán siendo como son, ya lo dice el refrán.Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Incluyo la expresión de Torcuato Luca de Tena la letra con monos entra que es mucho más reconfortante que la tradicional que entra con sangre. Y ya termino porque voy a llegar a las mil y monas a mi cita (llegar tarde), frase que he oído mil veces y no sé cuál es su origen. 

Por último, no debemos meter en el mismo saco a la "Mona Lisa" (señora Lisa) con la mona Chita, "monna" es el diminutivo en italiano para la palabra "madonna". 

Para saber más

 Arturo Montenegro, Monerías artísticas y lexicográficas 

martes, 7 de mayo de 2024

Los monos en el origen del tebeo

 Durante el siglo XIX y el primer tercio del XX, las revistas ilustradas fueron el espejo del mundo, el universo formativo e informativo que mostró los hechos, primero con los grabados y dibujos y más tarde con la fotografía. Se editaron muchas publicaciones de todo tipo, como la revista ilustrada de divulgación cultural Blanco y Negro de 1891 (ver La jaula de los monos) que fue todo un éxito. Al mismo tiempo, aparecieron revistas de tipo humorístico que aludían en su título al coloquialismo "monos", con el que se designaba a las ilustraciones o dibujos que acompañaban un texto y, por extensión, a las viñetas humorísticas y a las historietasCon un cierto aire costumbrista, sus autores recurrieron generalmente a la copia de modelos foráneos, sobre todo franceses y, luego, británicos y alemanes. Estas publicaciones semanales de escaso número de páginas, dirigidas a un público adulto minoritario, tuvieron una existencia corta pero supusieron un antecedente de los tebeos que tendrán un público mayoritariamente infantil. Me refiero a Monos, Gente Menuda, El correo de los niños y Dominguín, considerado por algunos estudiosos como el primer tebeo que se publica en España, dos años antes que TBO.
Si el sufrido lector quiere más datos sobre las publicaciones y los dibujantes que las hicieron posible, sólo tiene que pinchar en los epígrafes. También encontrará enlaces a más números de las revistas, porque yo solo he incluido el primero como muestra. 

Monigotes (Madrid,1892)

Semanario festivo, profusamente ilustrado con dibujos, caricaturas e historietas, muchas de ellas a dos colores, así como algunos retratos de personajes populares de la época. En ella se dan cita destacados dibujantes cómicos y humorísticos como Mecachis (Eduardo Sáenz Hermúa), Melitón González (Pablo Parellada), Sileno (Pedro Antonio Villahermosa) y Ramón Cilla, entre otros.
Sus viñetas y dibujos se refieren a la actualidad política, están dedicados a la crítica social y de costumbres con especial énfasis en los asuntos picantes y atrevidos, así como a los espectáculos teatrales. Cada número, de 16 páginas, inserta también jeroglíficos, charadas, acertijos y anuncios comerciales. Fue impresa en Madrid la Litografía de Madrid Cómico. En mayo de 1908 reaparece este mismo título, que podría ser su segunda época.
Ver aquí número 1

 The Monigoty ( Barcelona, 1897)

Su título no corresponde a ninguna palabra inglesa, sino que se trata de una traslación caprichosa a este idioma de los términos monigote o mono, dibujos que caricaturizaban personajes estereotipados de la sociedad y que iban acompañados con un pie de texto. Sale de la barcelonesa Tipolitografía de Luis Tasso. Su existencia fue corta, tan solo quince númerosSus directores son los dibujantes y caricaturistas Joaquín Xaudaró Echauz (1872-1933) y Francisco Navarrete Sierra. Tenía otras secciones, como Caricaturas contemporáneas de escritores, actores y políticos; Cuartelerías, dedicada al humor militar o soldadesco, además de una Historieta muda y otra por entregas bajo el epígrafe Un viaje al Polo Norte.

Monos (Madrid, 1904)

Monos fue un semanario humorístico ilustrado​ publicado en Madrid entre 1904 y 1908. Su subtítulo en la cubierta, estampada a dos tintas es el de “semanario humorístico ilustrado”, a lo que añadirá: “único en su género en España y el que más grabados publica en cada número”. Su título -Monos- se refiere a los dibujos de trazos rápidos acompañados de un breve pie de texto, que llegarán a dar nombre a sus autores como pintamonas
Aparecía cada sábado en entregas, en un formato menor que el folio, con 16 páginas compuestas a tres columnas, ocupadas casi todas ellas por grabados, pero sin apenas especificar autoría o bajo seudónimos “absurdos”, anonimato que supondrá otra novedad y casi la seña de identidad de las publicaciones humorísticas a partir de entonces. Ya en su primer número insertó por entregas lo que desde el propio semanario se presenta como la “primera novela gráfica que se publica en España”: Las travesuras de Bebé, una tira cómica del norteamericano Frank H. Ladenfort (1860-1943), que había publicado previamente  en la revista neoyorquina The World. 
La dirección de la revista admitía la colaboración “de todo el mundo” y retribuía los trabajos si eran publicados. Además de esa sección de concursos, tendrá otras, como Entretenimientos, Pasatiempos, Epigramas, Adivinanzas, Problemas, Jeroglíficos, Curiosidades, Cantares cómicos, e insertará lo que denomina chistes viejos ilustrados, baturradas, transformaciones, sombras chinescas y caricaturas de artistas y literatos e, incluso una especie de crónica de actualidades con el epígrafe El ajenjo, y revistas gráficas de espectáculos. Su humor no es ingenuo, en la contracubierta estampaba fotograbados de mujeres o actrices que denominará Galería de bellezas, de tal forma que el mismo Sánchez Vigil llega a decir que el humor de la revista “bascula entre el de siempre y el ya cercano puramente sicalíptico, manteniéndose, no obstante, en un prudente tono medio”. Ya la propia publicación dirá de sí misma que tiene “por lema la caricatura culta, sin molestar a nadie y sin atacar la moral”. También publicará algún folletón e insertará publicidad comercial.


El TBO (Barcelona, 1917-1998)

Revista española de historietas de periodicidad semanal, editada en Barcelona que cambió el chiste por las viñetas. El primer número apareció el 11 de marzo de 1917 con un precio de 5 céntimos. La revista estaba claramente orientada al público infantil y juvenil, aunque podía ser leída por toda la familia. Se centró en el humor blanco y excluyó de sus páginas contenidos políticos o satíricos. Esta publicación marcó la infancia de casi todos los chavales del Siglo XX, entre los que me incluyo, aunque creo que el que más disfrutaba era mi padre que la leía primero. También es uno de los mejores reflejos de la sociedad española y de su evolución. Pero esa es otra historia que merece una historieta.

Toda la información sobre el TBO se publicó a los 100 años de su nacimiento por Antoni
Guiral y Lluís Giralt: un estudio exhaustivo de la historia de esta publicación, sus avatares y anécdotas, así como información completa sobre sus series, secciones y autores.
Su título tuvo tal resonancia dentro de la historia del cómic español, que terminó por designar a cualquier publicación que contenía historietas. Se ha dicho que el origen del nombre procede de una abreviación de la expresión "Te veo", reformulada a "TBO" lo que supondría una extraña falta de ortografía. Me gusta más la teoría de que posiblemente provenga de una zarzuela de 1909, de nombre T.B.O., firmada por Eduardo Montesinos y Ángel Torres del Álamo y que comienza así: 



¡Animo, señores! A trabajar. Mañana saldrá
el primer número de T. B. O. y hay que lucirse.
Ya saben ustedes que éste no será un
periódico vulgar. T. B. O. viene á llenar un
vacío.



Por último, incluyo un vídeo (Historia de los tebeos) que analiza el nacimiento de las principales publicaciones; su trayectoria editorial; los personajes, las temáticas, los argumentos y el contexto político, social y económico de la época, haciendo especial referencia a los factores que contribuyeron a su progresiva desaparición.

jueves, 2 de mayo de 2024

La jaula de los monos, exposición sobre Madrid y la revista Blanco y Negro

En 1891 Torcuato Luca de Tena lanza la revista Blanco y Negro. Quiere ser, según sus palabras, “una crónica constante de todo lo que constituye la vida moderna”. La publicación, que se vende por 15 céntimos –una suma importante en la época– se agota en pocas horas cuando se lanza el primer número, el 10 de mayo. Tiene el objetivo de informar y entretener. Su lanzamiento revoluciona el sector. Usa buen papel y la mejor tecnología de la época para la impresión. Pero hay otra novedad: es una revista ilustrada. Algunos colegas criticaron que una publicación no podía ser a la vez de información y de monos (ilustración y fotografía), él respondió “la letra con monos entra”. Monos que dibujaban grandes ilustradores de la época como Eugenio Varela, Narciso Méndez Bringa o Ángel Díaz Huertas, a los que se sumaron durante las siguientes décadas firmas como Joaquín Xaudaró, Francisco Sancha, Rafael de Penagos, Ramón Gaya o Antonio Mingote. Un conjunto de obras que permanecen unidas y forman la Colección ABC

Madrid está profundamente unida a la revista Blanco y Negro y al periódico ABC. Atraídos por su modernidad en su sede se reunieron numerosos escritores y artistas que retrataron la vida misma: los lugares, los edificios y los personajes madrileños de todas las clases sociales. La exposición La jaula de los monos. 6 miradas a la colección ABC, en el Museo ABC de Madrid que comparte con el Centro Cultural Clara del Rey, realiza un itinerario pictórico por distintos periodos cronológicos, desde sus comienzos hasta los 2000. Los 6 encargados de la selección de cada época son Inmaculada Corcho, Víctor Zarza, Eduardo Alaminos, Fernando Castillo, Juan Manuel Bonet y Julieta de Haro. A ellos se suma la propuesta de Andrés Trapiello Este Madrid.

ESTE MADRID

Madrid como entidad pictórica cristaliza tarde, con Goya. Antes hubo, claro, artistas que llevaron la ciudad de Madrid a sus cuadros, como asunto principal o como fondo y acompañamiento. Acaso, como no podía ser de otro modo, el gran pintor de Madrid fue Velázquez, que pintó como nadie «el aire de Madrid», el de la sierra del Guadarrama, observada por él desde la Torre del Viento, y el de los interiores del Alcázar. Y su yerno Mazo, y otros más en pinturas con más valor documental que pictórico. Pero fue Goya, con sus praderas de San isidro y sus escenas matritenses (carnavales, cacharreros, placistas) quien fijó el tema madrileño. Tras él otros, Lucas, Alenza… Hasta los del 98. Estos, con Beruete y Regoyos a la cabeza, hicieron con Madrid lo opuesto a Velázquez, que vio de dentro afuera, y sacaron sus caballetes a los arrabales de Madrid, para retratar, de fuera adentro, su palacio, su río, su lejanía… En unos años Madrid fue uno de los asuntos preferidos de los pintores, como lo fue también de sus escritores, y surgieron cien ilustradores que trabajaron con los textos de Larra, Mesonero, Alarcón, Fernández de los Ríos y, por supuesto, Galdós. Y por supuesto cien periodistas y escritores más que acercaban a la curiosidad de los lectores de Madrid, de España y aun, de Hispanoamérica, los mil aspectos de una ciudad cada vez más cosmopolita y atractiva. Muchos de esos ilustradores que trabajaron desde el último tercio del XIX hasta casi finalizado el XX figuran en la extraordinaria colección procedente de los archivos del ABC y de Blanco y Negro, publicaciones para las que hicieron sus trabajos.

 https://www.arteinformado.com/agenda/f/la-jaula-de-los-monos-228804

Historia de Dos de Mayo (Plaza, DosDe, 2D)

Estupendo artículo de Ricardo Aguilera en CTXT Dos de Mayo (23/03/2024) sobre esta hermosa plaza de Madrid que ha resistido cercada por todas las invasiones. La primera la de las tropas francesas. Luego la de los ayuntamientos franquistas (La Gran Vía Diagonal y El Plan de Malasaña) que querían derribar sus casas modestas. En la transición, la revolución de la movida y las drogas. Luego la especulación y la gentrificación y, ahora, la invasión de los turistas y las terrazas.

 Dos de Mayo. Plaza. DosDe, para amigos, colegas y vecinos. 2D para millennials, telecos y amantes de los acrónimos. Ágora de resistencia desde hace siglos. Núcleo de esa pequeña aldea anti-gala que aguanta lo suyo incrustada en este Madrid empeñado en ser España dentro de España. Barrio-barrio en constante peligro de extinción, reducto bohemio a su pesar, pieza cotizada por las inmobiliarias. Un trozo de historia urbana y sangrienta. Y un futuro incierto.

lunes, 29 de abril de 2024

El tirititero de ayer y de hoy (y 10)


Picasso, familia de saltimbanquis  



No somos ni de aquí ni de allí, somos trotamundos y nos dejamos enamorar por la cultura popular que nos rodea. Contamos historias que creemos que son necesarias. También difundimos una forma de arte que amamos, los títeres.

                                                                      Títeres de Abajo 




Títeres ambulantes

El teatro de títeres o marionetas en la actualidad no tiene nada que ver con la clásica imagen del titiritero solo y ambulante que desempeñaba un oficio antiguo situado en los márgenes sociales, aunque sigue yendo de un sitio a otro, de pueblo en pueblo, de feria en feria o de venta en venta, actuando con distintas habilidades en posadas y en la calle, junto a los saltimbanquis, juglares, trujamanes, bululús… Su nombre ha estado asociado a connotaciones negativas e incluso utilizado como insulto para despreciar el trabajo de los artistas del escenario calificándolos de ‘titiriteros’.
Miguel de Cervantes realizó acerbas críticas en contra de los titiriteros, describiéndolos como gente de poca monta, ruines, haraposos, sin escrúpulos y carentes de moralidad en dos de las Novelas ejemplares, El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros. Sin embargo, la fascinación de don Quijote ante el retablo de maese Pedro ha dejado mella en toda una serie de artistas y directores de escena que han ido creando y recreando un nutrido repertorio escénico inspirado en obras cervantinas adaptadas al teatro de marionetas.
Más benevolente se muestra el ilustrado G. Melchor de Jovellanos (1744-1811) por lo que se desprende de la lectura del escrito Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España. Los considera indecentes y groseros. Propone purgarlos para que el pueblo pueda seguir entreteniéndose con ellos. Jovellanos expresa la oposición entre los espectáculos rudimentarios sin valor estético que satisfacían los gustos ordinarios del pueblo y las representaciones estilizadas en los salones, donde las figuras mecánicas y los efectos ópticos podían ofrecer, en cambio, un interés pedagógico muy apreciable y útil para el público:

«Acaso fuera mejor desterrar enteramente de nuestra escena un género expuesto de suyo a la corrupción y a la bajeza, e incapaz de instruir y elevar el ánimo de los ciudadanos. Acaso deberían desaparecer los títeres y matachines, los payasos, arlequines y graciosos del baile de cuerda, las linternas mágicas y totilimundis y otras invenciones que, aunque inocentes en sí, están depravadas y corrompidas por sus torpes accidentes. Porque ¿de qué serviría que en el teatro se oigan sólo ejemplos y documentos de virtud y honestidad, si entre tanto, levantando su púlpito en medio de una plaza, predica don Cristóbal de Polichinilea su lúbrica doctrina a un pueblo entero, que, con la boca abierta, oye sus indecentes groserías? Mas si pareciese duro privar al pueblo de estos entretenimientos, que por baratos y sencillos son peculiarmente suyos, púrguense a lo menos de cuanto puede dañarlo y abatirlo».



Carlos Converso describe muy bien al titiritero en El unipersonal de títeres (2021).

He aquí la clásica imagen del titiritero ambulante cargando su maleta y un fajo de palos con los que arma su retablo. Representado en la atinada expresión: “..con el teatro al hombro”, o aquella otra en palabras de Javier Villafañe: “el teatro que camina”, o la de los actores contemporáneos que dicen: “el teatro de maleta”.
La imagen del titiritero ambulante podemos, al menos en occidente, rastrearla en la juglaría medieval y en el teatro renacentista; en la búsqueda de una audiencia, innumerables y diversos han sido los espacios, lugares y rincones que ocupaban para montar su tinglado. A veces simplemente valiéndose de una cuerda atada entre dos árboles con una manta encima, o una capa de gran tamaño que servía para ocultar al titiritero (el Bululú), o bien los muchos y variados retablos concebidos para instalarse en áreas reducidas y en las más diversas condiciones espaciales y sonoras. Después se rompió la convención del titiritero ocultoprimero tímidamente luego con total osadía y desenfado para convertirse en el hombre orquesta, el gran demiurgo creador de sentidos. Así uno de los ejes centrales de la forma unipersonal es el titiritero-actor cumpliendo funciones de animador, narrador, actor y eventualmente cantante o músico.
En un resumen rápido entonces, tenemos un titiritero, solo e itinerante, llevando a cuestas su teatro que se reducía en lo posible a pocos elementos para dar la viabilidad de presentarse prácticamente en cualquier espacio, en un formato donde el titiritero está oculto en el interior del retablo y las historias son representadas en la técnica de títeres de guante.

Relación del titiritero con el circo: Félix Malleu  

Félix Malleu

En la exposición del Museo ABC La jaula de los monos encontré un "mono" de  Medina Vera que acompañaba al artículo de Luis Gabaldón El titiritero ambulante (Blanco y Negro,1904), donde se hacía un retrato muy realista de un acróbata o saltimbanqui que nada tiene que ver con los idealistas que pintaron otros artistas plásticos como Georges Seurat, Joan Miró, Paul Klee o Picasso. La Wikipedia vino en mi ayuda explicándome el nexo entre disciplinas en principio tan diferentes como los títeres y el circo. Hay razones históricas que ejemplifican un punto de origen compartido en las barracas de feria, además de la acumulación de oficios de los artistas nómadas, algunos de los cuales podían ser acróbatas o domadores durante su juventud y titiriteros al hacerse mayores, como el caso de Félix Malleu, domador de leones con fama internacional, que acabó arrastrando un desvencijado guiñol por los jardines del Retiro, como tantos otros titiriteros populares se convirtió en un mito sin nombre: el titiritero de Madrid. Allí lo encontraron Buñuel y García Lorca.



Los titiriteros y la libertad de expresión: Títeres desde Abajo  

Los títeres de cachiporra son políticos de nacimiento y violentos por definición: son la proyección popular de la libertad contra la opresión. Se reconocen porque no son de cuerda sino de guante, porque siempre pegan al poderoso, al rico, al policía, a la autoridad. Todos protagonizan una trama simple de fondo antiautoritario que resuelven a base de violencia, ingenio y pillería. Su poder contra el poder son el absurdo y la risa. Tienen colores y formas grotescas, con personajes robados de los cuentos populares infantiles y gastan bromas muy chuscas. Pero es todo una farsa diseñada para la denuncia, la radicalidad política. La infantilización de las formas es la estrategia que protege a los actores y a la compañía teatral de la censura y la persecuciónLos títeres entran dentro de una convención que existe desde la Edad Media: los títeres pueden decir lo que quieran. Incluso en la Cuaresma y otras épocas en las que estaba prohibido el teatro*.
Parece que estas consideraciones anteriores no eran conocidas por los espectadores adultos del barrio de Tetuán que acudieron a la representación La bruja y don Cristóbal durante los carnavales de 2016, ni por la policía ni el juez. Los dos componentes de Los Títeres desde Abajo fueron acusados por exaltación del terrorismo y detenidos por mostrar una pancarta en la que estaba escrito «Gora Alka-ETA», lo que les supuso su entrada en la cárcel. Lo que a priori sólo era una simple función de títeres se convirtió en el desencadenante de un acalorado debate político a nivel nacional sobre la libertad de expresión que hizo tambalearse al gobierno municipal de Manuela Carmena. 


Los trece mandamientos de los titiriteros 

Pilar Amorós y Paco Paricio en Cómicos de la Legua
Este Teatro reivindicativo y popular se ha dignificado, está presente en en festivales, teatros, revistas, asociaciones e incluso en la universidad y la escuela infantil. Ha recuperado las técnicas antiguas y ha colocado a sus marionetas en los museos, pero todavía tiene como asignaturas pendientes la formación de directores, técnicos, gestores, diseñadores, etc. y el establecimiento de locales estables. 

La Entrevista a Paco Paricio, de los titiriteros de Binéfar nos da las claves de este arte en la actualidad y nos contagia su entusiasmo por la profesión que queda reflejado en estos trece mandamientos:
 
PRIMERO: El público es lo primero, míralo a la cara durante la función, despídelo al acabar.
SEGUNDO: Cuida al personal técnico y de sala, pues durante el espectáculo estás en sus manos.
TERCERO: La mejor función será la próxima.
CUARTO: En el restaurante primero si pide la comanda, después se lavan las manos. Si no quieres postre pide fruta para el viaje de regreso.
QUINTO: Los títeres son sólo muñecos, pero hay que conocerlos bien. Como si fueran un instrumento de música.
SEXTO: La función siempre sale adelante.
SÉPTIMO: Estamos dónde estamos porque somos equipo: oficina, taller, costura, carga, también están en el escenario.
OCTAVO: Por la noche turnos cortos de conducir.
NOVENO: Al público infantil trátalo con inteligencia y sensibilidad. Decimos “echar comedia” porque es una siembra en los corazones.
DÉCIMO: El escenario es nuestra Patria, en ella tenemos derecho a agua…
UNDÉCIMO: Desde la furgoneta de los Titiriteros siempre se responde el saludo de un niño.
DUODÉCIMO: Aprovecha el trabajo de montaje para calentar y repasar, concentrarte y ponerte en lugar del público.
Y DÉCIMO TERCERO: El bolo completo son las 7 partes: carga, viaje, montaje, función, desmontaje, regreso y descarga.
Estos 13 mandamientos se resumen en dos:
LOS DOS: ¡El público es lo primero, y si hacemos bien nuestro trabajo la sociedad será mejor!

¡De sabios y de prudentes será seguirlos!

Serrat, El titiritero

No puedo terminar el trabajo sobre el teatro de títeres sin hacer referencia a la conmovedora canción de Serrat de 1969 El titiritero que nos acerca a la vida y las experiencias de ser solitario y errante. Guiado por el viento y abrazado a sus muñecos cuenta historias para alegrar a las personas y ofrecer consuelo mientras esconde sus penas. Que en el fondo no es más que una parábola sobre la vida.

Os dejo el enlace a dos vídeos: la canción de Serrat y la versión de Juan Perro (1995).

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Con esta última entrega llega a término la serie que empecé en el mes de marzo bajo la etiqueta de Teatro de Marionetas, en total han sido 12. Lo que da de sí un Teatro de los Niños que fue la primera. 

Desde mi ignorancia, he intentado acercarme al arte milenario de los títeres, un teatro popular llevado por un titiritero solitario o en familia. Este arte sirvió para "reteatralizar" la escena española a principios del siglo XX cuando los jóvenes escritores se nutrieron de su espíritu burlón, los retablos subieron al escenario para desbordar con su alegría las plateas ante un público formado por niños y adultos, y los actores se convirtieron en muñecos humanizados. Como consecuencia de todo ello, se revalorizó también el teatro de títere que empezó a escribir y publicar sus textos, y a adaptar a autores clásicos de la literatura y de la música contemporánea. Se produjo una retroalimentación entre las dos formas de entender el hecho teatral: el teatro burgués complaciente con el poder y el teatro callejero más crítico. Lo culto y lo popular, la vanguardia y la tradición, se dieron la mano. Un siglo después, el teatro de títeres es el campo donde más se experimenta con lenguajes paratextuales como la pintura, la música, la danza, la pantomima o el cine, y con la fusión con otros géneros literarios.

Por tanto, el teatro tradicional y el teatro de títeres han sido, son, y serán vasos comunicantes: sus características se traspasan de uno al otro, aumentando su potencialidad en busca de un espectáculo total, más llamativo y convincente

En este viaje me han acompañado las marionetas y los títeres de guante que han hecho las delicias de pequeños y mayores de todas las clases sociales con su espíritu carnavalesco y sus diversos nombres y peculiaridades: Polichinela, la Tía Norica y Batillo, don Cristóbal, Joanet o Titella, Petrushka, Pinocho y Chapete