A veces, una palabra o pensamiento serio me induce a decir tonterías o fruslerías para descargar la tensión. Por asociación de ideas el apellido de Aurelio Ras me ha llevado a recordar un anuncio publicitario de las cuchillas de afeitar Palmera (fabricadas en España por la empresa Juan Vollmer en Irún) que utilizaba la onomatopeya "ras, ras" para imitar el sonido suave y al ras del afeitado. Sus campañas en radio, prensa y televisión destacaban por eslóganes ingeniosos y forman parte del recuerdo sonoro de la memoria colectiva.
Las campañas publicitarias comenzaron a partir de los años 50 hasta los 70 a través de la radio (con patrocinios en espacios como radionovelas en la Cadena SER y voces como la de Celia Gámez) y posteriormente en la televisión. Su repercusión creció de forma masiva a partir de 1955, cuando los vehículos publicitarios de la marca empezaron a participar en la Vuelta Ciclista a España, regalando cuchillas directamente a los espectadores
El anuncio más conocido de las cuchillas Palmera es el famoso "jingle" radiofónico del Sultán, compuesto e interpretado por un conocido grupo musical de la época Los Xey a mediados de los años 50. Su pegadiza melodía de estilo oriental y su onomatopeya final pasaron a formar parte de la cultura popular española. No he encontrado ningún registro de audio para incluirlo aquí, en su lugar he colocado el anuncio para el cine de Estudios Moro Ras ras (El fantasma barbudo) con la voz del grupo, realizado en el año 1955.
La letra contaba la historia graciosa de un sultán que no se llevaba bien con su pueblo porque iba barbudo. Sus vasallos le exigían que se afeitara comprando las cuchillas Palmera. Los Xey esquivaron la estricta censura franquista mediante la fantasía y el absurdo, una sátira musical sobre el cuidado de la barba no levantaba sospechas. Los censores vigilaban de cerca el tono lúgubre, la protesta social o la sensualidad pecaminosa y en la canción no encontraron ningún paralelismo con la dictadura de Franco ni con el erotismo que mostraba. La lectura actual sustituiría la palabra edén por harén y vasallos por mujeres. El jingle de las cuchillas Hoja Palmera utilizaba una melodía alegre que transmitía optimismo, algo que encajaba perfectamente con la estética blanca y familiar que el régimen aprobaba para la radio.
Ajaulí, ajaulá
jamala jamalajá.
Ajaulí, ajaulá
jamala jamalajá.
jamala jamalajá.
Ajaulí, ajaulá
jamala jamalajá.
Un sultán vivía
en un suntuoso edén
mas con sus vasallos
no se llevaba bien
porque le decían:
¡Aféitese bien!,
compre hoja Palmera
¡que requetebién!
en un suntuoso edén
mas con sus vasallos
no se llevaba bien
porque le decían:
¡Aféitese bien!,
compre hoja Palmera
¡que requetebién!
Hoja Palmera
el sultán veloz compró
¡ras, ras y ya está!
Y desde entonces
el sultán feliz vivió
¡ras, ras y ya está!
el sultán veloz compró
¡ras, ras y ya está!
Y desde entonces
el sultán feliz vivió
¡ras, ras y ya está!
Un sultán vivía
en un suntuoso edén
mas con sus vasallos
no se llevaba bien
porque le decían:
¡Aféitese bien!,
compre hoja Palmera
¡que requetebién¡
Décadas más tarde, el grupo vocal El Consorcio rescató esta nostálgica pieza y la incluyó en su disco recopilatorio de canciones de radio antiguas. Actualmente, Señora Audacia, un grupo creado por IA, que
hace versiones de anuncios radiofónicos de los años 40 y 50 con una estética nostálgica de la radio de otra época, la ha recuperado.
La melodía sería estupenda para una coreografía de las fiestas de moros y cristianos de Villena, que en estos momentos se está celebrando en todo su esplendor. El espiritu "festero" del pueblo vence por unos días al disgusto del robo del tesoro.
Para saber más:
"Cuando era un chiquillo me llamaba mucho la atención ver a mi padre afeitándose. El ruido “cris”, “cris”, al pasar la cuchilla por la piel. Las caras raras y graciosas que ponía, un señor tan serio y respetable, cuando tenía que rasurarse por encima del labio o al apurarse las patillas. Ritual, que seguía con los golpes con la maquinilla en el lavabo para quitar los pelos y yo jugando con las cuchillas mientras mi padre me decía, “deja eso que te vas a cortar”. A veces quitaba la cuchilla de la maquinilla, me ponía jabón en la cara con la brocha y me afeitaba de mentirijillas. ¡Qué grande y magnífico me parecía entonces mi padre!, y, ¡qué magnífico y enorme me parece ahora desde la insalvable distancia que interpone el tiempo entre nosotros y nuestros recuerdos!".
Mis recuerdos son similares a los de Juan Carlos Barajas, yo era una chiquilla sentada en la taza del váter mirando embobada a mi padre que hacía un extraño ritual mientras se miraba al espejo y cantaba. En pijama no era el mismo señor serio que salía de casa luciendo un uniforme de color caquí. Al terminar, con la brocha me ponía el jabón sobrante en la nariz y en las mejillas. Yo sabía que no tenía que imitarle porque era una mujer y como mucho me saldrían pelos, sobre todo en las piernas, que tendría que depilarme con crema mejor que con cuchilla para evitar accidentes como hacía mi hermana cinco años mayor. Y esa escena maravillosa no la he podido repetir con los hombres que he amado porque llevaban barba como mandaban los tiempos de rebeldía. Supongo que al final de los 70 la venta de las cuchillas Palmera decaería por ese y otros muchos motivos.










