viernes, 12 de abril de 2024

Salvador Bartolozzi y el Teatro Pinocho (7)


Bartolozzi, ilustrador y escritor, realizó ilustraciones para la Editorial Calleja. Pero su mayor 
fama llegó con el lanzamiento del semanario infantil Pinocho, en el que publicaba historietas con el personaje creado por Carlo Collodi. Tras la publicación de los catorce números que integran la "Serie Pinocho", para evitar el agotamiento de la fórmula, tuvo el acierto de crear el personaje de Chapete, el feroz antagonista de Pinocho, un terrible muñeco de trapo que pretende eclipsar la gloria del famosísimo muñeco de madera. El aspecto físico de Chapete puede relacionarse con Humpy-Dumpy. En 1928 publicó para el semanario Estampa Aventuras de Pipo y Pipa

Cherif, M.Xirgu y Bartolozzi
 Bartolozzi da el salto a los escenarios teatrales y organiza entre 1929 y 1933 el Teatro Pinocho, un espléndido intento de resucitar en la escena madrileña el teatro de títeres para niños. El Teatro Pinocho hizo temporada en 1930 en el Teatro Español y se desplazó al año siguiente al Teatro Muñoz Seca. primero con un retablo de muñecos de guiñol y después con actores de carne y hueso. Ese mismo año, realizó la escenografía de Farsa y licencia de la reina castiza de Valle-Inclán con unos decorados fantásticos y caricaturescos de tono grotesco. Junto con El señor de Pigmalión y La zapatera prodigiosa, termina la particular trilogía del teatro de títeres para mayores de Salvador Bartolozzi. 


Magda Donato y Bartolozzi

Este hombre polifacético construyó también muñecos y figurines de gran categoría artística. Con su compañera Magda Donato adaptó sus narraciones infantiles al Teatro Pinocho. Los dos escritores obtuvieron un enorme éxito de público y crítica con su hábil manejo del lenguaje humorístico y su radical modernidad estética, sus obras recorrieron gran parte de la Península Ibérica. Así, en la Guerra Civil la compañía del Frente Popular, de Benito Cebrián y Pepita Meliá, presentó en Alicante Pipo y Pipa en el País de los Borriquitos. Pero no publican sus obras para el teatro de títeres, por regla general son sus mismos personajes y sus mismos textos narrativos los que utilizan para el teatro de guiñol en España, y posteriormente en Francia y en México durante su vida de exiliados. 



Para saber más:




lunes, 8 de abril de 2024

El retablo de Maese Pedro: Tradición y vanguardia (6)

El estreno de 'El retablo'. Abajo a la derecha, Falla. HERNANDO VIÑES (PARÍS).

La ópera  para marionetas «El retablo de maese Pedro» de Manuel de Falla empezó a componerse  en 1918, después de aceptar una invitación de Winaretta Singer-Polignac que tenía proyectado el estreno de la obra en el teatro privado de su residencia en París. Cinco años después, el 25 de junio1923, logró estrenarla. La espera mereció la pena. Inspirada en los capítulos 25 y 26 de la segunda parte de «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes, constituye una obra maestra, nueva y original, de la música española del siglo XX con una mezcla de elementos vanguardistas, tradicionales y populares. Fue determinante en el arte de los títeres de nuestro país, teniendo, además, grandes repercusiones en la escena internacional.

En la concepción original, ningún personaje de la obra sería de carne y hueso, su amigo Hermenegildo Lanz creó los títeres originales y parte de los decorados fusionando estéticas, materiales e iconografías medievales y barrocas, inspirado además en la expresividad del arte africano o del art brut. Para Melisendra, don Gaiferos, su caballo y el rey moro, se emplearían pequeños títeres de mano. Para los personajes don Quijote, Sancho, Maese Pedro, el Trujamán y el público, Falla quería utilizar títeres de tamaño natural, finalmente tuvo que modificar por cuestiones prácticas este plan y se sirvió de actores.

Boceto para el teatrillo.
Manuel Ángeles Ortiz, 1923.
Falla saluda a Don Quijote tras la representación en Venecia (1932)

Argumento

Don Quijote y Sancho observan como espectadores el retablo que muestra en la venta el titiritero Maese Pedro, con la historia de Gaiferos y Melisendra, inspirada en los romances del ciclo carolingio. Mientras Maese Pedro maneja los muñecos, un muchacho, el Trujamán, narra la historia: la bella Melisendra se encuentra encerrada en una torre, prisionera de los moros en la ciudad de Sansueña. A su rescate llega desde París su esposo don Gaiferos, obligado a ello por el emperador Carlomagno. Don Quijote, buen conocedor del romancero, corrige dos errores en la narración del Trujamán, hasta que el Caballero de la Triste Figura, incapaz de separar la literatura de la vida, se levanta y destroza el teatrillo descabezando a los títeres.
El retablo sedujo a artistas como Manuel Ángeles Ortiz y Hernando Viñes, que colaboraron con Falla en el estreno. En 1926, fue Luis Buñuel quien, en Ámsterdam, dirigió la puesta en escena y dos años más tarde, Ignacio Zuloaga se encargó de los decorados y del diseño de los figurines para la representación de la Ópera de París. 


200 años del Teatro Real: Montaje de marionetas de Enrique Lanz  

En enero de 2016, con motivo de la celebración de los 200 años del Teatro Real, tuve la suerte de asistir a la ópera para marionetas de Manuel de Falla, inspiradas fielmente en las originales. El director de este montaje de la Compañía Etcétera con marionetas gigantes era Enrique Lanz, nieto de Hermenegildo Lanz. La puesta en escena utiliza el recurso del teatro dentro del teatro, en una propuesta única en la que marionetas, músicos y cantantes funden realidad y fantasía. Es una pena que el vídeo que acompaña estas líneas sea tan breve, pero no he encontrado otro.



Los títeres de cachiporra de Lorca (5)


Representación en la casa de Lorca 
En Granada resucita el guiñol

El 6 de enero de 1923, día de los Reyes Magos tuvo lugar en la casa de la familia García Lorca, en Granada, la representación de Títeres de cachiporra, que protagonizaron Federico García Lorca, Manuel de Falla y Hermenegildo Lanz. El espectáculo acogió tres obras breves: el entremés de Cervantes Los dos habladores, una versión del Misterio de los Reyes Magos del siglo XIII y el estreno de la pieza infantil para títeres, La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntónun viejo cuento andaluz dialogado y adaptado al teatro de muñecos. En un tono muy popular, con llamadas al folclore infantil, el poeta expresa una vez más la atracción que sentía por los títeres y por los niños, compañeros inseparables del juego, la magia y el pensamiento ilógico.

Los tres artistas establecieron la fundación de “Teatro Cachiporra Andaluz” para recuperar la vieja fórmula del teatro de cristobitas, obras cómicas basadas en la burla de cornudosEl proyecto fracasó, pero dio sus frutos en El Retablo de Maese Pedro que estrenaron en París Falla y Lanz. En las Obras Completas de Lorca encontramos otros dos textos: Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita Retablillo de don Cristóbal. Farsa para guiñol, al que habría que añadir otro recuperado del olvido de la representación de Buenos Aires en el Teatro de la Avenida (1934). TragicomediaRetablillo presentan dos versiones de la burla del cornudo, siendo la segunda marcadamente mucho más grotesca y menos lírica, más acorde con el tono del teatrillo popular. 

Ver Cuaderno pedagógico 

Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita 

Los títeres de cachiporra. Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita. Farsa guiñolesca en seis cuadros y una advertencia fue escrita en 1922, después revisada, pero no llegó a estrenarse en vida de Federico García Lorca. Como su título indica consta de seis cuadros y una advertencia puesta en boca de Mosquito y dirigida al público.

Texto completo aquí 

El Retablillo de don Cristobal 

Lorca con don Cristóbal, Argentina 1934
El retablillo de Don Cristóbal
 es una farsa para guiñol en un acto escrita en 1930. Don Cristóbal es un adinerado bruto, siempre con la cachiporra en mano, que busca una chica joven y guapa para desposarla. Sus deseos coinciden con los de la madre de Doña Rosita, que aspira a encontrar un buen pretendiente para su hija. Llegados a ese punto, ambos acuerdan llevar a término sus fines, para desgracia del resto de personajes. Sin embargo, la pizpireta Rosita logra engañar a su marido y tiene encuentros con sus amantes, hasta dar a luz a cinco hijos, que reclama que son de Don Cristóbal. Éste, enfurecido, la emprende a golpe de porra con madre e hija. 
 Aunque el espectáculo está pensado para todos los públicos.  el texto hace referencia constante a lo escatológico, lo sexual y la violencia connatural al teatro de títeres tradicional.

Leer texto completo aquí 


Otras Representaciones del Retablillo

En 1972, el grupo de teatro independiente Tábano estrenó en Madrid una versión del El retablillo de Don Cristóbal en clave de muñecos humanos o polichinelas, ​ se presentó en la Sala Magallanes, local del Teatro Experimental Independiente, llevándolo luego en giras por España y Europa y, animados por Pepe Monleón, director de la revista de teatro Primer Acto, asistieron al Festival de Manizales, en Colombia. Para mí fue todo un descubrimiento asistir a una de sus representaciones. El texto lo hemos leído en clase muchas veces para regocijo de los alumnos. 

 En 1988, José Luis Alonso y Gerardo Vera, antiguos miembros de Tábano, presentaron un nuevo montaje con actores de carne y hueso: Pepe Lara, Juan José Otegui, Alfonso del Real, Milagros Martín, Pedro del Río y Chari Moreno.



El vídeo anterior  recoge la representación realizada por el Gayo Vallecano y emitida por TVE. La dirección es de Juan Margallo, con Javier Blanco, Juanjo Perucho, Petra Martínez, Eva del Palacio, Chicho, Rafael Álvarez "el brujo", Jesús Alcaide, etc. 


Exposición centenario 

Con motivo del centenario de la representación de títeres del día de Reyes de 1923, en el Centro García de Granada, se inauguró la exposición Los títeres de Lorca, Lanz y Falla donde se muestra la historia de los tres artistas andaluces que se encontraron en Madrid y confluyeron en Granada en torno al teatro de marionetas. Allí pudieron verse los títeres originales: las cabezas las realizó Hermenegildo Lanz y los trajes la madre de Federico, Vicenta Lorca.


Los títeres de cachiporra del Mago, Don Cristóbal, el Rey, la Reina, el Príncipe, la Niña y Currito el del Puerto. 

lunes, 1 de abril de 2024

Jacinto Grau, El señor de Pigmalion (4)

Merece la pena acercarse a la figura del dramaturgo Jacinto Grau Delgado (Barcelona, 1877-Buenos Aires, 1958). Opuesto a las modas teatrales de su época, adoptó una postura crítica también hacia empresarios, actores, críticos y público, y adquirió fama de "autor maldito". Fue muy criticado pero también muy admirado, sobre todo en el extranjero. Grau gozó de un cierto reconocimiento en la Europa de los años 20, avalado por personalidades como Charles Dullin y Karel Capek. Introdujo en sus obras las propuestas de autores como L. Pirandello y M. Maeterlinck. 

Publicada en Madrid en 1921, El señor de Pigmalión fue estrenado en París por el "Théâtre de L'Atélier" de Charles Dulllin en 1923, en la que Antonin Artaud  interpretaba el papel de Pedro de Urdemalas, y posteriormente por el Teatro Nacional de Praga, bajo la dirección de Karel Capek, en 1925. Siete años después se estrenó en España.

El señor de Pigmalión

Un día cualquiera en cualesquiera de los teatros del mundo, un portero nos abre las puertas de tan magnífico lugar y nos invita a entrar. Y así comienza la magia:

Portero. —Pase, pase usted.

Así comienza El señor de Pigmalión de Jacinto Grau con el deseo de que el público se  acerque a la obra con ojos e imaginación de un niño que destaca por la modernidad de su montaje. La "farsa tragicómica de hombres y muñecos" nace del conocimiento del dramaturgo de los mitos clásicos. Es una historia de amor, la frustración de un sueño y la historia de un desencanto. Plantea la vieja y clásica situación del ser creado que se rebela en contra de su creador. Trata de un afamado ventrílocuo, Pigmalión, creador de una compañía de muñecos y empresario teatral que se enamora de una de sus muñecas. Después de que esta sea raptada por un duque, el resto de muñecos escapan para darle un escarmiento  y le dan muerte como venganza.

Estructurada en tres actos, por las tablas pasarán una serie de personajes muy variopintos: desde los fantoches empresarios a los que Grau despachará a gusto con mordaces críticas, hasta los muñecos, inspirados en las máscaras de la Commedia dell’Arte italiana y en personajes quijotescos. Especial atención a sus acotaciones, donde se describe la escenografía —recargada en el primer y tercer acto, minimalista y sobria en el segundo para dejar que sean los muñecos quienes destaquen—, el sonido de los engranajes de los muñecos o las cerraduras de sus cajas al abrir y cerrar meticulosamente descrito, y por supuesto, la diversidad de registros de cada uno de los personajes que intervienen en el teatro. Estrenada en 1928,  en el Teatro Cómico,  Bartolozzi demostró en el diseño de los decorados y figurines una perfecta lectura del texto y una cabal comprensión de las intenciones de Grau. La crítica, que coincidió en reconocer su escenografía como un acontecimiento excepcional en los escenarios.

La mala suerte de Grau 

Grau contaba con el respeto de los escritores, la crítica le trataba con admiración, pero tenía muchas dificultades para estrenar sus obras, su difícil carácter le granjeó más enemistades que amistades. En los círculos teatrales de Madrid se comentaba que Jacinto Grau daba mala suerte y traía la desgracia a sus empresarios y actores: “Estrena Grau, teatro Cerrau”.

El texto completo aquí 

Para saber más: