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lunes, 23 de marzo de 2026

Pintoras de oficio: El realismo íntimo de Isabel Quintanilla

Maquina de coser Alfa (1951) 
En una entrada anterior sobre Las pintoras de mi familia, explicaba cómo su entorno conservador consideraba que pintar no podía ser un oficio para ellas, sino una afición. Había que formarse para ser maestras de enseñanza por si se quedaban solteras y asistir a clases de corte y confección para convertirse en buenas amas de casa.

Las tuve presentes en la hermosa exposición de 2024 de Isabel Quintanilla en el Thyssen. Paseando por sus salas, envuelta en el ambiente y en los objetos de las casas en las que viví de pequeña, me emocioné hasta las lágrimas. Con belleza y elegancia la pintora retrató el universo íntimo de la época franquista que mi madre no supo o no pudo reflejar en sus pinturas, preocupada por reproducir láminas de pintores ingleses y franceses de otras épocas. Una guerra y solo 17 años separan el nacimiento de mi madre (1921) del de Isabel (1938), prácticamente la sociedad era la misma pero ya se observan algunos cambios en el papel que las mujeres desempeñaban. Quintanilla pudo desarrollar su vocación, se formó en la escuela de Bellas Artes, tuvo buenos profesores y compartió su vida con un compañero de oficio. Sin hacer ruido, vivió de su pintura y demostró que pintar era también cosa de mujeres.

El realismo íntimo de Isabel Quintanilla

Ventana con lluvia (1970)
A Isabel no le gustaba tomar como modelo fotografías: "Es copiar". "Si te quieres enriquecer, tienes que ir viendo cómo cambia la luz, cómo se abre una flor, cómo avanzan las sombras. Has de ver algo que te estimule". La pintora retrata eleva los objetos sencillos de la vida cotidiana (un vaso, un mantel, unas flores) a la categoría de arte en una atmosfera íntima de silencio y recogimiento con ventanas que se abren al exterior. En las escenas de la vida domestica aparecen artilugios del momento: un transistor, un radiador, un teléfono, un frigorífico y un elemento que la unía a su madre: una máquina de coser Alfa que utilizó como costurera para sacar adelante a sus hijas. La estancia en Roma junto a su marido en 1966 le abrió nuevos caminos, saltó por la ventana para conectar con el exterior, pintó la vegetación en lucha en una angosta línea del patio y reflejó la arquitectura de las ciudades, los paisajes y las marinas. Como ella misma afirmó en numerosas ocasiones, la pintura era su vida y su vida era la pintura. 

Pintoras de oficio

Las mujeres se incorporaron tardíamente a las Escuelas de Bellas Artes, hasta el curso 1920-21 no pudieron asistir a todas las clases, excluidas de las asignaturas que implicaban la copia del desnudo de un modelo vivo. El profesorado exclusivamente masculino intentaba desalentar a las pocas jóvenes que habían logrado ingresar, suponiéndoles menos habilidad y tesón que a los alumnos masculinos porque consideraban que su lugar en el arte no estaba manejando los pinceles, sino como modelos dentro del cuadro. Siempre hubo mujeres que rompieron moldes y pudieron vivir de su arte, pintar se convirtió también en un oficio de mujeres en el clima de libertad de la Segunda República, aunque siguieron siendo una minoría hasta bien entrado el siglo XX. En los años posteriores a la Guerra Civil, los modos y las costumbres de la sociedad española, dominados por el peso de la Iglesia en los asuntos morales, los problemas económicos y las leyes laborales discriminatorias, dificultaron su acceso a las enseñanzas artísticas: pintar para una mujer volvía a ser un asunto para entretenerse y entretener. Pocas mujeres contaron con el apoyo de su familia al iniciarse en la pintura, pues el mundo externo era considerado peligroso y no indicado para las señoritas de buena familia. Solo algunas disfrutaron de becas en el exterior, se presentaron a concursos, contactaron con galerías de arte y realizaron exposiciones consiguiendo un hueco  en el mundo artístico. Únicamente se convirtieron en pintoras de oficio al vender sus cuadros.

En la posguerra, destacaron sobre todo las pintoras realistas. Son testigos de su tiempo. Pintan lo que ven sus ojos. No siguen modas ni vanguardias. Mujeres de distintas generaciones y reconocido prestigio, como Amalia Avia, María Moreno, Isabel Quintanilla, Esperanza Nuere, Clara Gangutia, Jordina Orbañanos, Leticia Feduchi y Alicia Marsans.