martes, 6 de agosto de 2019

Efectos secundarios, ingredientes y alérgenos


No suelo mirar los posibles daños que pueden causar los medicamentos porque ponen el vello de punta, ni los ingredientes de los productos envasados que consumo. Soy, en el fondo, una optimista. Creo que lo que te mata no es lo que comes, sino la propia vida que te obliga a tragar con todo. No soy hipocondríaca, consumo productos caducados desde pequeña porque a veces llegaban excedentes de chocolates y sardinas del ejército. Debo decir que  jamás tuvimos ningún problema. Ahora que somos un país civilizado que sigue la normativa europea se han disparado todas las alergias, incluidas las mías.
Glutamato Yé-Yé, el grupo de la movida que encontró el nombre en un envase de un flan, nos dio a conocer uno de los aditivos más estudiados junto a la sal o el bicarbonato que no sabíamos que lo consumíamos y la necesidad de leer la letra pequeña. El glutamato es un potenciador del sabor que usaban los soldados alemanes, cuando no había alimentos para conseguir energía, se lo daban en forma de pastillas. Como en todo, hay división de opiniones, unos dicen que es positivo y otros que negativo porque es una neurotoxina.
Con el aburrimiento de un verano caluroso y el cansancio producido por no haber consumido glutamato, eché un vistazo a los componentes de un plato preparado de judías verdes con patatas de una marca muy conocida. Los ingredientes eran los adecuados: Judía verde (55%), patata (22%), cebolla, aceite de oliva (5%), ajo, sal y especias. Pero cuando llegué a los alérgenos, me advertían de que puede contener trazas de crustáceos, huevo, pescado, soja, leche y derivados (incluida lactosa), apio, moluscos y mostaza. No me lo podía creer, cómo es posible que tenga trazas de productos que no están en los ingredientes. ¿De dónde han salido los crustáceos y los moluscos? ¿Es que no limpian? Me refuerzo en mi idea primigenia, en cuestiones de alimentación y medicina es mejor no saber. Como en las infidelidades.


lunes, 5 de agosto de 2019

Vais a ser sacrificados

Los jóvenes son los grandes perdedores de la crisis económica orquestada por el capitalismo más atroz que ha derivado en la situación política española actual. Ellos, que son la prenda de la supervivencia, van a ser sacrificados porque no tienen ni presente ni futuro. Se ha preferido mantener con vida a los jubilados porque son un voto cautivo. El sistema socioeconómico se mantiene por la acendrada tradición familiar hispánica en la que los jóvenes reciben la ayuda de los padres (el que no tenga abuela que se jorobe) con su infantilización indefinida y el pasotismo consecuente. De esa manera, la mano de obra desorientada, atemorizada, sin expectativas, está garantizada.
Lo peor que está pasando no es esto y las otras muchas barbaridades que sobrevienen a diario, lo pésimo es que además no se puede decir. Solo sé que al único grupo político que ha intentado reformas laborales serias se le ha culpabilizado de la no formación de gobierno. ¿Qué gobernantes serían capaces de mirar a los ojos de los jóvenes y decirles en la cara: como los soldados obligados avanzar en 1ª línea, vais a ser sacrificados para no se sabe qué?






jueves, 1 de agosto de 2019

La amiga de mi amigo

Un amigo mío tiene una amiga que fue antigua alumna, una mujer bellísima e inteligentísima, sobre la que el deseo de ser madre hizo estragos. Digo esto porque nunca deseó tener un hijo hasta que llegó a la edad en que las mujeres nos convertimos en yogures caducados. Ella que había sido altiva y despreciativa con los que la requerían de amores, la mayoría jóvenes y guapos, buscó primero un hombre maduro con experiencia en las lides de la paternidad, luego fue bajando sus preferencias y llegó a buscar posibles donantes en la noche madrileña. Mi amigo nunca me dijo si lo solicitó para padrear*, primero con trato carnal y luego como donante. Él sabrá. Lo que averigüé ayer, viendo el homenaje que le habían hecho a un dramaturgo de merecida fama con el que esta amiga de mi amigo posteriormente había compartido amores, es que los dos son clavaditos físicamente. Ahora entendí que, en un encuentro casual que tuvieron los tres en una tarde de verano, como quien no quiere la cosa, ella deslizase el siguiente comentario mientras los abrazaba: ¡Qué feliz soy entre las personas que más quiero!
Finalmente la amiga de mi amigo acudió a un banco de esperma. Ignoro si en la actualidad se siente orgullosa de su decisión. O si los dos hombres, ahora también amigos, se arrepienten de la suya. Éric Rohmer hubiese hecho una excelente película con estos mimbres.

* Parecerse a su padre en las facciones o en las costumbres/ Ejercer las funciones de la procreación.

El captcha, la tilde y el acceso a Madrid Central con código de usuario

En alguna entrada he hablado de mi dificultad para abrir los recipientes con el distintivo  abrefácil, la de entender un emoticono, o los problemas que tengo para comprender algunos mensajes de google o de blogger que me llevaron a perder todas las fotos subidas. Todo esto me ha desencadenado una fobia al ordenador que llevo como puedo. Ayer, ante la llegada antes de tiempo de unos familiares, tuve que adentrarme por primera vez en la página de Madrid Central tramitación de permisos sin haber tanteado el terreno. Pues bien, me equivoqué de ruta y me metí en Mi carpeta, que obligaba a pedir un permiso con antelación que me llegaría por correo. Y yo que pensaba que el trámite era coser y cantar. Entré en pánico y no me quedó más remedio que llamar al 010 para que me lo hicieran, allí descubrí que la ruta es Madrid Central con código de usuario, donde solo piden el DNI, la clave que me llegó por correo hace meses y mi apellido. Con ayuda todo fue sencillísimo y la chica, amabilísima.
Hoy, relajada, he intentado pedir otro permiso de circulación por un día. La gestión me ha dado error y se lo he achacado a la verificación del código de la imagen que se utiliza para evitar a los robots (captcha) que parece estar escrita por un niño de guardería porque siempre me genera problemas: h ó n, h ó b, r ó n. Pacientemente, lo he intentado hasta cuatro veces sin resultado, incluso he escuchado el código que parece grabado por un gangoso. Estaba a punto de abandonar, cuando de pronto se me ha encendido la lucecita y he pensado: no será que he escrito mi apellido con tilde y tal vez la funcionaria lo desconocía o el programa no admite acentos. Lo volví a escribir sin acento y la puerta, ábrete Sésamo, cedió. Por fin, he podido conseguir el pase.
Lo que no he sabido es cómo tramitar varios pases en fechas diferentes sin tener que teclear otra vez la matrícula del coche. Eso será para nota y, por ahora, me conformo con un aprobado. Y luego dicen que la ausencia o presencia de una tilde no es importante.

https://bloggeles.blogspot.com/2010/06/juegos-de-palabras-signos-de-puntuacion.html