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| Edición 1944 |
https://manuelblastres.blogspot.com/2019/10/luis-miranda-podadera-gramatico-y-autor.html
| Edición 2006 |
La supervivencia de la Ortografía práctica nos
recuerda que saber escribir marcaba fronteras entre las clases sociales y abría
la puerta a los estudios superiores, se exigía en las pruebas de ingreso y
reválida y en gran número de oposiciones. En aquellos años las faltas
gramaticales, en especial las ortográficas suponían un inmediato suspenso. En
su prólogo, el autor lo corrobora con palabras que todavía tienen sentido: “El
correcto uso ortográfico da idea de la cultura del individuo; es, por así
decirlo, el barómetro que marca el grado de ilustración individual […] Y, sin
embargo, es tan poca la atención que, en general, se dedica a corregir la
escritura viciosa y tan grande, comúnmente, el abandono en el dominio de la
ortografía, de la acentuación y de la puntuación, que forzosamente hay que
confesar que se reduce a un tanto por ciento muy limitado el número de personas
que no cometen yerro alguno ortográfico".
De los dos ejemplares que había en mi casa, solo ha sobrevivido el de mi madre que data de 1944 y parece una reimpresión del de 1939. Puede decirse que este libro unió profundamente a mis padres cuando empezaron su relación epistolar, él estudiaba en Barcelona Exactas y mi madre Magisterio en Valencia. Ella le recriminó cariñosamente que se saltara algunas reglas ortográficas y este curso de redacción hizo que mi padre se convirtiera en un gramático extraordinario. Cuando yo estudiaba prácticamente no se usaba, pero me ya me habían inoculado el miedo a cometer una falta de ortografía.
En 1921 apareció la primera edición de la Ortografía práctica, conocida como la Miranda Podadera, obra capital en la enseñanza de la ortografía en el siglo XX que, remodelada numerosas veces, todavía hoy puede adquirirse en una edición de 2006 en las librerías. Influyó de forma decisiva en generaciones de españoles. Basada en el aprendizaje memorístico de las reglas, el dominio de la ortografía se efectúa a través de los ejercicios. El manual contempla el uso de las letras, de la puntuación y de la acentuación, y se complementa con unas nociones de paleografía con el fin de ejercitar a los alumnos en la lectura de inscripciones, libros y documentos antiguos. El adjetivo “práctico” del título define a una colección de ejercicios para el dictado, cuya dificultad suele aparecer de forma escalonada, de lo más fácil a lo más complejo, hasta presentar todas las dificultades de los preceptos ortográficos. El problema radicaba en los textos propuestos, llenos de expresiones afectadas y relamidas que nunca se usarían en la vida normal, en lugar de ofrecer distintas tipologías textuales que reflejasen la lengua corriente hablada o escrita. Está claro que la ortografía no puede ser solo un añadido desligado de la actividad lingüística. ¿Quién, alguna vez, ha empleado términos o expresiones como horda de alarbes heterodoxos, holgorio —sin contar que la Academia acepta el término con j o h—, entibar, transverberación o transfixión, engarabitado, berroqueña, enjuto varón, ora. . . ora o yantar?
Además, la mayoría de los textos estaban marcados por un alto contenido ideológico que va desde la religión, la moral o la política. En la edición de 1939, añade nuevos temas en los ejercicios histórico-prácticos: El glorioso Alzamiento nacional español, José Antonio Primo de Rivera y Falange española tradicionalista y de las J.O.N.S., ¡Calvo Sotelo! ¡Presente!, ¡Franco, Franco, Franco! (Ejercicios XXXIII-XXXVI). Animo a investigar cómo los cambios sociales del siglo pasado se han visto reflejados en las distintas ediciones.









