El Curso general de Literatura universal y española fue el manual más utilizado en la posguerra en la enseñanza media. Gracias a él, varias generaciones aprendieron a leer a los autores. El método de Guillermo Díaz-Plaja (1909-1084) consistía, básicamente, en acercar los textos al alumno para aprender que las obras literarias son el síntoma más sensible y auténtico del pasado. Consiguió muchas vocaciones de lector.
El profesor, escritor y poeta, presenta una voluntad integradora frente a fraccionamientos ideológicos. Destaca en él su formación humanista. Tomaba ejemplo de los textos franceses, cuya claridad aplicaba a nuestros valores clásicos y modernos. En El intelectual y su libertad (1972) reflexiona sobre el triunfo del franquismo y de sus intelectuales y manifiesta su entrega a la defensa de los valores culturales:
"La cultura fue, desde el siglo XVII, sinónimo de ánimo libre, de rechazo de la esclavitud. Los pueblos –decían los filántropos de esta época- son tanto más felices cuanto más cultivados; cuanto más lejos se encuentran de la ignorancia y del fanatismo. Hoy se exige, se nos exige, además, una militancia política; una explícita formulación de dogmas sociales y económicos. Pero al hacer esta declaración, ¿no abjuramos de una parte de nuestra libertad para someternos a la férrea batuta del dirigente político?"

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