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Otras veces se atreve a incluir lo que podríamos llamar moderneces. Afirma que el Quijote es una epopeya y nos lo explica utilizando las características de la oratoria. "¿Es el Quijote una epopeya?—Creemos que a las tres epopeyas citadas por todos los preceptistas debe añadirse otra, el libro inmortal de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Es más; opinamos que el Quijote es más importante que cada una de dichas epopeyas, y de tanta importancia, o más, que las tres reunidas, por la sencilla razón de que si el Ramayana es la epopeya de la civilización oriental, la litada de la clásica y la Divina Comedia de la cristiana, civilizaciones de un momento dado en la historia de los pueblos, el Quijote canta y simboliza a la humanidad, cima y compendio de todas las civilizaciones" (pág.179).
Considera al cinematógrafo como una representación y, por tanto, forma parte de los géneros dramáticos: "La definición que del cinematógrafo damos, no es completa, pues se
refiere sólo a las películas de asuntos representables, que es, no obstante, el
único aspecto que podemos considerar del cinematógrafo en la Preceptiva" (pág. 215).
Abrumada ante tanta norma y definición, solo me queda preguntarme si este "catecismo" literario tuvo que ser memorizado por sus alumnos de bachillerato o si les sirvió en su vida posterior. Los preceptos solo sirven si estimulan el proceso de creación libre. Enseñar literatura implica defender la libertad creadora, el rechazo a las fórmulas rígidas y la idea de que el arte evoluciona rompiendo los moldes establecidos por la tradición. Para mí, la Literatura fundamentalmente es arte y disfrute.
Recomiendo leer como antídoto el artículo de Gabriel García Márquez publicado el El País (1981) La poesía al alcance de los niños.

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