No sé si te he dicho alguna vez tu
verdadero nombre. A lo largo de mi vida, a algunas personas les he dado un
nombre secreto, para uso exclusivo y simbólico. El tuyo es La Dorada. No es una palabra pensada, buscada y estudiada. Es una
impresión repentina que sentí alguna vez, al principio, por tu piel, por tu
pelo, por tus ojos de miel, por tu sonrisa radiante.
Pero el color exterior no es lo más importante. Lo esencial es la luz.
Otras han podido deslumbrarme alguna vez, pero el deslumbramiento no es lo
mejor para la vida. Un ofuscamiento sólo lleva a andar a tientas y a ciegas, a
tropezar y caer a cada paso. Tú me has iluminado con tu luz serena, la única
luz que ayuda a vivir. Que tu luz brille siempre para los que te queremos.
27 IV 2024
Gotas de miel y ámbar en el aire
ondas de plata y oro que llegan a la playa
y a las suaves dunas doradas
el surtidor de campanitas de cristal
que llenan todo el espacio vacío
el aire que alienta en la sombra
y da la vida cálida, cercana
el latir incesante y veraz
la luz invisible que nunca se apaga
y más allá y más alto y más dentro
y más hondo y más grande, más grande
y sin fin y sin fin y sin fin y sin finnnn