En cada uno de estos episodios de descontrol siempre termino tan empapada como Carmen Maura en La ley del deseo, no por voluntad propia ni por trastada de un gamberro, sino por el dichoso riego automático que acaba burlándose de mí. Mi deseo en esos momentos sería transportarme al Generalife para disfrutar de sus espléndidos jardines. Ya veremos esté año cómo acabará toda la igneniería instalada en mi terraza y qué plantas spbrevivirán.
sábado, 30 de mayo de 2026
L´arroseuse arrosée (la regadora regada)
Cuando llegan estas fechas siempre me acuerdo de la famosa película del cine mudo L'arroseur arrosé (El regador regado) de Louis Lumière de 1895, considerada como la primera historia de ficción de la historia del cine. Uno de los primeros gags que arrancó la carcajada del entonces inocente y sorprendido público. Un jardinero está regando sus flores, cuando un niño travieso se acerca sigilosamente y pone un pie en la manguera de agua. El hombre se sorprende y mira por la boquilla para averiguar qué ha pasado. El gamberro levanta el pie de la manguera y el agua sale a chorros empapando al jardinero. El jardinero persigue al niño, lo agarra de la oreja y le da una palmada en las nalgas. Desde hace años, en mayo empiezo a preparar el patio para que la inmisericorde canícula no acabe con las plantas que tanta alegría me han dado y me dan. Tuve que instalar un grifo con dos salidas, una para el temporizador del riego por goteo y otra para la manguera que con mano humana tiene que completar el regado por lo menos dos veces por semana. Incordié a mis amigos para establecer un circuito de tuberías y microtubos adaptados a las macetas porque las plantas tienen distintas necesidades de agua. Desde el principio surgieron multitud de problemas: fugas por exceso de presión, inundaciones por desajustes del programador. El primer año, no cambié la pila y en septiembre lo encontré todo seco. Como el sol dilata las uniones, los goteros y los difusores, se pierde agua por todas partes menos donde corresponde. Es muy dificil dar con la presión adecuada y mantener el flujo de agua. Algunas veces la terraza se ha convertido en un cruce de chorros que ha asustado a los vecinos.
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