jueves, 30 de agosto de 2018

Escritores que abandonaron a sus hijos

Siempre me ha llamado la atención que los padres no sientan amor o cariño por sus hijos pequeños y que lleguen a desentenderse del cuidado y de la manutención de los mismos. Entiendo que inicien una vida nueva y se olviden de su pareja, pero no de estos. También entiendo que les resulte difícil la paternidad porque nunca la desearon, porque tenían dudas o no estaban preparados para ella por egoísmo o por múltiples razones; pero huir de sus obligaciones sin dejar rastro me parece de canallas. Si encima el abandono se debe a alguna discapacidad del hijo, hay que añadirles rasgos de crueldad extrema. Hombres infelices que hacen infelices a la prolongación de ellos mismos: su familia. Hombres que no debieron tener hijos. Mi amigo Nacho sigue todavía hoy preguntándose por qué su padre les abandonó - a él y a sus tres hermanos-, después de decir que bajaba a la calle a comprar tabaco. Aunque pensándolo bien, tal vez sea mejor la huida que el maltrato psicológico o físico.
Por eso me sorprende que grandes escritores, que me han hecho pasar momentos deliciosos con sus obras y que están dotados de una gran sensibilidad, actúen de esta manera. Me temo que la vida es así, llena de miserias y de grandezas, que lo Cortés no quita lo Hernán. Como escritores pueden ser unos genios, pero como padres un desastre.


Este verano los periódicos se han hecho eco de dos ejemplos claros de literatos que no amaban a a sus hijos: Pablo Neruda y Ramón J. Sender. Eduardo Lago en un artículo del 2010 Hijos a la sombra de padres geniales ya había abordado el asunto incluyendo al escritor Arthur Miller que estuvo siempre del lado de los desfavorecidos, pero abandonó en un asilo a su hijo con síndrome de Dawn

La historia silenciada de la única hija del gran poeta chileno  Pablo Neruda ha salido a la luz con motivo de la publicación de Malva, primera novela de la escritora holandesa Hagar Peeters. Malva nació con hidrocefalia en un hospital de Madrid en 1934 y murió a los ocho años. Su padre pasó de la emoción a la ocultación para posteriormente borrarla de su vida. No me ha extrañado la actitud del escritor porque leí su biografía Confieso que he vivido donde aparecían estos rasgos de su personalidad.

La historia de la familia Sender ha aparecido de nuevo en la prensa con motivo de la reedición de Muerte en Zamora de 1990, escrita por Ramón Sender Barayón, libro que intenta indagar sobre el asesinato de su madre, Amparo Barayón, porque su padre nunca les permitió profundizar acerca de las razones y los detalles de su muerte, se sentía culpable. Los dos hermanos fueron adoptados por una familia norteamericana en 1939. Tuvieron relaciones a larga distancia con su padre y escasas visitas, lo que supuso un alivio para Ramón y un constante dolor para su hermana Concha. "Nuestro padre actuó como los famosos pájaros cuco que dejan caer sus huevos en el nido de otros pájaros y luego se van volando."  En 1943, Ramón J. Sender se casó con Florence Hall con la que tuvo otros dos hijos, el matrimonio no duro mucho debido a las constantes infidelidades del escritor. 

Otra forma de abandono es deshacerse del hijo problemático enviándolo a un reformatorio. Este es el caso de la hija rebelde de Alfonso Paso,
el dramaturgo favorito del franquismo (1926-1978), y nieta del genial escritor Enrique Jardiel Poncela (1901-1952). Rocío Paso Jardiel (Madrid, 1954) fue criada por sus criadas, apenas veía a sus padres que tenían un matrimonio de apariencia que aparecía en las revistas como un matrimonio ejemplar. Cuando su padre las abandonó para irse con otra mujer, los problemas con su madre se acentuaron. El escritor decidió enviar a su hija con 15 años, al reformatorio de las hermanas Oblatas del Santísimo Redentor en el antiguo Palacio de Eugenia de Montijo, en Carabanchel, uno de los centros de reeducación para jóvenes contestatarias, consideradas por la dictadura como chicas descarriadas. ¿Por qué me castigaron mis padres de aquella manera? --se pregunta--¿Qué es lo que yo había hecho tan mal? Es verdad que volvía tarde cuando salía con mis amigas; es verdad que contestaba a mi madre, pero eso no justifica que me metieran en un lugar como ese. Me arrancaron de la familia, quisieron deshacerse de mí, esa es la explicación y eso es algo muy duro de aceptar".


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada, nada en este mundo es más triste que la historia de Malva Marina Trinidad Reyes Basalto que, gracias a Dios, no lleva el nombre más conocido de su padre aquel genial y. gran poeta e infeliz y desnatado que susto cantar al mar, a su partido politico (aunque creo que esto fue una montadura y sólo parte de una moda del tiempo) al viento, al amor y a todo lo que le dio la gana, pero fue incapaz de decir una palabra a esa flor que nació en un recoveco de lo que debió ser un jardin, hablo de Pablo Neruda, el hombre que la única poesia dirigida a su hija (estoy seguro que él lo pensó así), le dijo cuando le vio por la primera y quizá ultima vez : "SAPO" y que después tan sólo en cartas le nombro punto y coma, y vampiresa de tres kilos... para abandonarla en Holanda en medio de la Segunda Guerra mundial con su madre para que vivan de la caridad pública escondidas en los refugios para protegerse de las bombas que caían cada día mientras el "EMBAJADOR" de Chile bebía vino en España, protegía a gente de su partido politico y proclamaba la grandeza de Estalin del que después diría que se equivocó, mientras en secreto ansiaba poder pisar el suelo de Norte América. Pobre Malva y pobre su madre María Antonieta Hagenaar (Maruca) que pedia al monstruo que le ayude a salir del infierno de la guerra... Y hay más, en su autobiografía nos cuenta que cuando fue diplomatico en Asia, creo que en Birmania, un dia cuando su sirviente, una pobre mujer induista, arregaba su cama, se le acercó por detrás y la violó; lo que él resalta del caso, es que ella lo aguantó en silencio. ¿Qué desgraciado!
Estas tres mujeres son mis heroínas de la vida de este gran escritor y pobre hombre.

Mª Ángeles Cuéllar dijo...

Muchas gracias por tu extraordinario comentario. La frase final lo resume estupendamente: Neruda, gran escritor y pobre hombre.

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