miércoles, 20 de julio de 2022

Nadie me echa de menos, salvo las plantas, es natural

Mi limonero, el 25 de junio

Nunca he tenido mascotas, no me gusta que ningún ser vivo dependa de mí. Sin embargo, para alegrarme la vida me he ido rodeado de plantas a las que hablo, mimo y cuido como si fueran familiares. El problema surge en verano cuando me voy de vacaciones, el riego automático aprovecha cada ola de calor para volverse loco, se estropea, se queda sin pilas o produce fugas de agua. Necesito a alguien que lo vigile y supla con la manguera sus deficiencias, un verdadero engorro para los allegados, que no distinguen una planta crasa de una que no lo es. Mantener las plantas en verano se convierte en una misión imposible. Cuando he vuelto, me he encontrado con cinco plantas que han sucumbido a los rigores de la primera ola de calor; además, el limonero que nos aprovisionó de limones durante la pandemia se secó, y el níspero que planté hace más de quince años presentaba un aspecto lamentable con las hojas alicaídas. El limonero, después de una poda drástica que casi me hizo llorar, ha resurgido más vigoroso que nunca (la foto da testimonio). 

Me creo, por tanto, las hipótesis que afirman que las plantas tienen sentimientos, son capaces de reaccionar no solo ante la voz humana, sino también ante los estados de ánimo de sus cuidadores, ya que el organismo de los vegetales establece una comunicación directa con el de las personas que las acompañan de manera habitual. Incluso distintos experimentos llegan a esa conclusión. En la década de 1960, Cleve Backster, un estadounidense que se había especializado en interrogatorios como agente de la CIA, comenzó a hacer pruebas, por simple curiosidad, con un polígrafo y descubrió que las plantas, cuando él iba a regarlas o les manifestaba afecto, producían unas señales similares a las que durante los interrogatorios caracterizaban a sensaciones como bienestar o satisfacción. De la misma manera, evidenciaron signos negativos a través del polígrafo cuando la actitud era amenazante contra su seguridad, como cuando acercaba unas tijeras o fuego a sus hojas o tallos.

Mi limonero, tras la poda, el 15 de julio

1 comentario:

Guillermo Cabañas dijo...

Lo del polígrafo para plantas no lo veo claro, pero que tu tienes unas manos mágicas para cuidar las plantas ¡es una evidencia científica!

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