
Hasta el siglo XVII, muchas de las palabras que en castellano moderno contienen la letra "j" tenían en su lugar la letra "x", pronunciada (como la "sh" inglesa o la "ch" francesa): así, el Quijote apareció originalmente publicado como Don Quixote y se pronunciaba Don Quishote. Sin embargo, durante ese siglo el sonido evolucionó hacia el de la jota actual, y tras las reformas ortográficas del siglo XVIII se cambió la grafía de la "x" por la de "j". Se han mantenido algunas excepciones, como México, Texas o Axarquía y sus derivados, que se pronuncian como si tuviesen una "j" y que pueden también escribirse como Méjico, Tejas o Ajarquía.
Es la única letra del alfabeto que no está en la tabla periódica.
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