domingo, 29 de abril de 2018

Vivir junto a un parque de bomberos: perpetuo escrache estridulante



Contra todo pronóstico y, sobre todo, contra el sentido común, finalmente pusieron el parque de bomberos en san Bernardo junto al IES Lope de Vega. Tanto el anterior equipo de gobierno del Pp como el actual, que no rectificó, son culpables. De nada ha servido la movilización ciudadana, ni la crítica de los propios bomberos, ni las consecuencias peligrosas que acarrea. Han colapsado aún más la única calle de doble vía que accede a la Gran Vía y que ya soportaba el tránsito de dos líneas de autobuses. La contaminación acústica y lumínica es insoportable de la noche a la mañana todos los días del año y, encima, soportamos la algarabía de los jóvenes que acuden a los bares del barrio. Hemos  protestado al Ayuntamiento y a la policía, hemos solicitado la normativa de ruido sin ningún efecto, o no existe o no nos la quieren dar. El vídeo siguiente nos muestra el colapso de los servicios de emergencia una noche de viernes por la calle de San Bernardo: atascos entre sirenas de bomberos, del samur y de la policía.



Ya sé que nadie quiere un parque de bomberos al lado de su casa, pero lo peor es que te lo coloquen a traición. Ayer por la tarde estaba leyendo en mi habitación que da a la calle La Palma y, de 18 a 19 horas, tuve que soportar con el corazón dándome brincos cuatro salidas que consisten en lo siguiente: un timbre interior que avisa a los bomberos, luego se disparan las alarmas de la fachada y de los semáforos, a modo de zafarrancho de combate, para avisar de la salida del camión que también dispone de sus propias sirenas hasta que el ruido desaparece para molestar a otros vecinos de la ciudad. Como se puede ver en el vídeo (que es de otro parque de bomberos muy parecido) toda la operación dura aproximadamente 1 minuto.  



Los vecinos vivimos un escrache perpetuo con un sonido estridente y estridulante equiparable a la sirena de una fábrica, a las siete trompetas del Apocalipsis anunciando el fin del mundo, a la tamborrada de Calanda o a la llegada del 7º de caballería entre tambores de guerra. Peor que el llanto desesperado de un bebé, que los ronquidos horrísonos de un vecino, que el estruendo de un taladro eléctrico, que el rechinante torno de un dentista, que el chirriar de las cadenas oxidadas de un columpio, que el despegue vibrante de un avión.  
Lo más increíble ha sido leer una noticia de Europa Press del 2009 que explica que el Ayuntamiento de Madrid no ha adaptado las sirenas de los vehículos de Bomberos a la normativa del ruido. El director general de Emergencias asegura que es así porque los Bomberos se "resisten a cambiar de sirenas".
Por favor, que solucionen este sinsentido que aumentará el riesgo de incendios en la zona centro. Y, sobre todo, para que no acabemos hablando como el del chiste del comienzo.

Otras entradas del blog que hablaban del tema: Peligrosa obra del futuro parque de bomberos San Bernardo no quiere el parque de bomberos .

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