domingo, 5 de junio de 2016

Javier Marías, Las amistades desaparecidas

Qué maravilla cuando los buenos escritores (Javier Marías, El País Semanal, 29 de mayo de 2016) escriben tus propios pensamientos mejorados. Andaba dándole vueltas a escribir sobre la amistad y me he encontrado con este artículo que suscribo de principio a fin:
"Pero demasiadas veces no sabemos por qué se desvanece una amistad. Por qué las cenas semanales, o incluso la llamada diaria, se han quedado en nada, quiero decir en ninguna cena ni una sola llamada. Sí, aparecen nuevos amigos que desplazan a los antiguos; sí, nos cansamos o nos desinteresamos por alguien o ese alguien por nosotros; sí, un ser querido se torna iracundo, o lánguido y perpetuamente quejoso, o exige invariablemente sin aportar nunca nada, o sólo habla de sus obsesiones sin el menor interés por el otro. De pronto nos da pereza verlo, nada más. No ha habido riña ni roce, ofensa ni decepción. Poco a poco desaparece de nuestra cotidianidad, o él nos hace desaparecer de la suya. Y falta de tiempo, claro está, el aplazamiento infinito. Esos son los casos más misteriosos de todos. Quizá los que menos duelen, pero también los que de repente, una noche nostálgica, nos causan mayor incomprensión y mayor perplejidad".
Creo que, en el camino que desandamos a medida que cumplimos años, muchos estamos en la fase de aprender a jugar solos sin molestar a los demás. Las causas por las que aparecen amistades nuevas siempre son mágicas, no tienen explicación. Pero hubo mucha felicidad en todas las amistades presentes o desaparecidas. Con esto me quedo.

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