domingo, 11 de julio de 2010

A diestro y siniestro, Benedetti



Fragmento del artículo de Benedetti, publicado en El País (1983)
Hay un dúo de palabras que siempre me ha parecido revelador, no por lo que designa en sí mismo sino más bien por los significados que ciertos fórjadores de acepciones le han acoplado a través del tiempo. Me refiero a la oposición derecha-izquierda, pero sobre todo como expresión verbal de una contradicción política.Se afirma que ambos términos fueron por primera vez usados con un sentido político durante la Revolución Francesa, pero en ese entonces sólo designaban la ubicación (a la derecha o a la izquierda del presidente) de los distintos grupos políticos en la Asamblea Constituyente. Luego, como los de la derecha defendieron un poder fuerte, y los de la izquierda se oponían, las dos palabras sirvieron para etiquetar las distintas posiciones ideológicas. Y así continuó la historia. Izquierdas y derechas han sobrevivido y se han disputado el favor de los pueblos, pero curiosamente los astutos forjadores de acepciones han ido rescatando del pasado viejos signos e inventando otros, a fin de prestigiar la palabra derecha y desacreditar la palabra izquierda.
Basta abrir cualquier diccionario para hallar una verdadera orgía de virtudes junto a la palabra derechola: recto, discreto, erguido, no encogido, cierto, verdadero, equitativo, razonable, juicioso, sano, honesto, sensato, etcétera, pero derecho es siriónimo de diestro, y éste (además de matador de toros, símbolo del coraje y la habilidad) es, asimismo, inteligente, ágil, experto, sagaz, listo, prevenido, despabilado, ducho, avisado, suelto, virtuoso, afortunado, justo, sincero.
El vocablo izquierdo convoca menos ideas afines, aunque ninguna particularmente lozana: zurdo, zocato, torcido. Hay una, sin embargo, que lo resume todo: siniestro. Y ésta sí que convoca equivalentes: aciago, funesto, infeliz, avieso, trágico, lúgubre, espantoso, espeluznante, espantable, perverso, desgraciado, malintencionado, maligno. Y, por si fuera poco, está el lote correspondiente al sustantivo siniestro, o sea: incendio, naufragio, hundimiento, desgracia, desastre, hecatombe, ruina, azote, plaga, avería, resabios, vicios.
Desde niños nos enseñaron que cumplir algo "a derechas" era hacerlo estupendamente: que "ceder a la derecha" era una inequívoca señal de respeto; que convertirse en el brazo o la mano o el ojo derechos de alguien notorio o poderoso era un signo de eficacia e influencia; que entrar en un sitio o en una situación "con el pie derecho" era asegurar el éxito; que el militar "de la derecha" era siempre el superior, y, por si nos quedaban algunas dudas, que el mismísimo Jesús estaba "sentado a la diestra de Dios padre".
De paso, también aprendimos que había malhechores "con intenciones siniestras"; que la mano izquierda era "la más torpe, y quien insistía en usarla prioritariamente debía ser curado de esa "enfermedad", aunque en buena parte de los casos reemplazara la zurdera por la tartamudez; que una "jornada siniestra" era por ejemplo cuando se nos vencía una letra y no teníamos ni cinco; que quien carecía en su cuenta bancaria de ceros a la derecha podía convertirse en un "cero a la izquierda". Por otra parte, en ediciones recientes, algún diccionario incluye un nuevo hallazgo: izquierdear, obrar insensatamente. Toda una campana semántica contra la izquierda.

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