jueves, 26 de junio de 2014

Luciérnagas en la la noche de san Juan

El 24 despedía a dos alumnas que abandonan el centro, una porque se va a estudiar medicina y la otra, Bachillerato de Artes. Ambas, inteligentes y sensibles, han estado enfermas este año, porque, paradójicamente, no están preparadas para la supervivencia en la vida cotidiana. Son rara avis en el instituto; no quieren solo aprobar, sino aprender; se esfuerzan para ser cada día mejores y eso les lleva a enfrentarse con su entorno. Son perfeccionistas y sensibles  en un entorno hostil en el que todo vale. A veces se han sentido aisladas porque sus valores no son los de sus compañeros. Y el cuerpo es tan cabrón que se ha resentido, y han tenido que tomar fármacos para poder sobrevivir en un mundo donde los más idiotas lo hacen fácilmente y automáticamente, sin reflexionar. Este año de crisálidas, en el que han aprendido a vivir, no será un año para olvidar, porque han vencido y se han hecho fuertes. Su sonrisa fue el mejor regalo que me dieron. Sé que encontrarán, ahora que han aprendido a volar, su lugar entre nuevos compañeros y que seguirán ayudando a los que son como ellas, luciérnagas. Estas dos mujeres cambiarán el mundo para mejor allá donde vayan. La noche de san Juan es  la época  para olvidar, para quemar todo el bagaje negativo, el lastre que te hunde. Y para meterse en el mar para resurgir de nuevo, con una ceremonia ancestral, rito de tránsito necesario hacia la felicidad.
Os echaré mucho de menos.  No estáis solas. Todos los enfermos de sensibilidad y de tristeza, de soledad y de hastío, con miedo al triunfo y miedo al fracaso, tienen su refugio en la escritura y en los buenos libros.

4 comentarios:

Almanaque dijo...

¡Qué belleza de comentario y qué emoción destila!
Las palabras finales resultan proféticas y encaminadas: "Todos los enfermos de sensibilidad y de tristeza, de soledad y de hastío, con miedo al triunfo y miedo al fracaso, tienen su refugio en la escritura y en los buenos libros".
SI ellas pudiesen leer este comentario les diría que su profesora sí que ejerce y es una verdadera luciérnaga dentro del obtuso mundo educativo. No la perdáis de vista.

Cecilia Yacobi dijo...

Me has hecho llorar, profe. La verdad es que no se como agradecer todo lo que has hecho por mi (y por otras tantas personas) a lo largo de todos estos años en los que nos has dado clase, y no sabes lo agradecida que estoy por haber podido llegar a conocerte, no solo como la gran maestra que eres, sino también como una amiga. Gracias por haber estado ahí, por ser así como tú eres.
Espero que de ahora en adelante todo te vaya muy bien, que utilices el tiempo que ahora vas a tener para viajar, visitar sitios, disfrutar de la vida, porque te lo mereces. Y, sobre todo, que no nos olvides nunca, porque nosotros nunca te olvidaremos. ¡¡Ángeles, te queremos!!

Aurora dijo...

Qué hermoso lo que tu escribes y lo que dice tu alumna, comentarios como ese si que animan.

Guillermo Cabañas dijo...

A mi también me emocionas, compi y me alegras con tu lucecita de luciernaga.

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