viernes, 29 de octubre de 2021

Homenaje a Brassens

El 22 de 
de octubre se cumplió el centenario del nacimiento de Georges Brassens (1921) y hoy, el cuarenta aniversario de su muerte (1981). Buen momento para recordar la figura y las canciones de este cantautor francés cercano al anarquismo. Lo hago con una versión poco conocida de Antonio Selfa, basada en la traducción del filósofo Agustín García Calvo (nacido el 15 de octubre de 1926).
  
"Empecé a oír a Brassens cuando estaba en el instituto y la profesora de francés nos ponía sus canciones, junto con las de Moustaki y Brel. Pero fue realmente a partir de las versiones que cantaban Claudina y Alberto Gambino, las de Javier Krahe y, especialmente, las que grabó Paco Ibáñez, cuando decidí que yo quería hacer eso: cantar temas de Brassens en castellano".


lunes, 25 de octubre de 2021

No mola el tiempo entre vencejos en los años extraordinarios




Este verano no he tenido mucha suerte con las novelas que he leído. A duras penas terminé tres que inundan todavía las librerías y que sorprenden por el nulo interés de sus protagonistas. Carmen Mola no mola ni molaba antes, cuando no sabíamos que se escondían tres hombres bajo su seudónimo, parecía un ejemplo más de prosa "cipotuda" protagonizada por una mujer.  Los vencejos vuelan bajo, la novela de Aramburu es tan roma, aburrida y predecible como su protagonista, un profesor machista hasta las trancas. Sira es un "remake" de Tiempo entre costuras, cosida con los hilos de la novela anterior y adornada con explicaciones históricas sacadas de manuales y descripciones cursis de fragmentos del NO-DO.
La cuarta se me atragantó, Los años extraordinarios de Rodrigo Cortés me pareció un auténtico absurdo insufrible.

Un ejemplo más de lecturas no recomendadas. Que quede clara mi admiración por todos los que escriben y publican. Los comentarios se deben a la desilusión al haberme encontrado con obras que no estaban a la altura de lo que me esperaba después de ser bombardeada por las campañas de publicidad de las editoriales y haber leído con gusto algunas de las obras de los autores citados.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Exposición en el IES Cardenal Cisneros: un tesoro en el centro de Madrid








En expectativa de destino, antes de tener plaza fija, pasé el mejor año de mi vida lectiva entre los muros de esa institución educativa dando clases en el nocturno. Incluso encontré en sus aulas a alumnos del Covadonga. Debo confesar que cada vez que subía la monumental escalera de mármol me sentía una privilegiada, como lo son los alumnos y profesores que pasan por allí. Se cumplía por entonces el ciento cincuenta centenario de su nacimiento. Ahora celebra con una exposición virtual sus 175 años de existencia con un recorrido por los espacios y colecciones científicas que aún se conservan. La muestra podrá visitarse, con cita previa, hasta el próximo 20 de diciembre.


Entre los objetos expuestos en el centro con motivo de este aniversario destaca un hombre clástico*, fabricado en París en 1830, que adquirió el Instituto para el Gabinete Natural que dirigía el profesor Galdo, modelos en papel maché de plantas y animales, ejemplares naturalizados de animales, especímenes conservados en alcohol, instrumentos históricos del laboratorio de física, láminas de zoología, botánica y anatomía, mapas históricos y ejemplares de gran valor del fondo bibliográfico antiguo.

El centro, situado en la calle de los Reyes nº 4 entre las calles de San Bernardo y Amaniel, fue fundado en 1845 por Isabel II con el nombre de Instituto de Noviciado, en 1877 pasó a llamarse Instituto Cardenal Cisneros. En el edificio, proyectado por Francisco Jareño, autor de la Biblioteca Nacional de España, y concluido en 1888, se formaron las élites madrileñas de los siglos XIX y XX y en sus aulas se sigue impartiendo enseñanza de secundaria y bachillerato. Es el primero de Madrid, junto al San Isidro, y en su historia se refleja la de la Enseñanza Secundaria y por extensión la historia en general.

Entre los alumnos de este centro destacan nombres como Enrique Tierno Galván, Antonio y Manuel Machado, Jacinto Benavente, Ramón Menéndez Pidal, Salvador de Madariaga, Enrique Jardiel Poncela, Julián Marías, Camilo José Cela, Fernando Fernán Gómez, Manuel Azaña, Ramón Gómez de la Serna, María Moliner, Victoria Kent, Clara Campoamor, José Antonio Primo de Rivera y Manuel Gutiérrez Mellado. En el curso 1876-77 se incorporaron las primeras mujeres estudiantes, alumnas con matrícula libre que únicamente acudían a los exámenes, entre ellas María Goyri y las hijas de la escritora Pardo Bazán. El aumento de alumnas se produjo en la década de 1930. Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista suprimió la enseñanza mixta y el instituto fue exclusivamente masculino hasta el curso 1984-85.

Entre su profesorado se encuentran figuras de la talla de Manuel María José de Galdo, Celso Arévalo, Nicolás Salmerón o Serafín Casas. Los profesores y alumnos participaron en la Exposición Universal de París en 1878, en la que el Instituto recibió la medalla de oro.


* adj. Dicho de un modelo anatómico: Que puede dividirse en piezas desmontables para su estudio.

viernes, 15 de octubre de 2021

Cumpleaños en la suave pendiente de la ola


La respuesta de un amigo de mi edad a mi felicitación por su cumpleaños me ha parecido muy ingeniosa: "Pues bien, como deslizándome sobre una tabla de surf por la suave pendiente de la ola..."

Conjunta una metáfora y una ironía: en vez de bailar con las olas, mantenemos el equilibrio como podemos con la vida en su atardecer. Tarea que todos sabemos que es muy difícil. 

jueves, 14 de octubre de 2021

Alberto Torres Blandina, Las clases de literatura no sirven para nada


Gracias Angeloxo, querido alumno, por pasarme el enlace.

14/10/2021 - Las clases de literatura no sirven para nada, solo para acumular nombres y fechas que olvidaremos en una semana, me dicen a menudo mis alumnos del instituto. Yo les respondo que eso no es cierto y acto seguido me preguntan: ¿Pues para qué sirve estudiar literatura? Y la pregunta proviene solo en parte de ellos. En realidad es una pregunta que está en el aire. Mis alumnos la respiran y luego la expulsan. La respiran de sus padres que distinguen entre asignaturas “marías” (que según ellos son prescindibles, y que suelen coincidir con las artísticas y humanísticas: dibujo, filosofía, teatro...) y asignaturas importantísimas que les ayudarán a conseguir un buen trabajo. La respiran de una sociedad en la que lo útil es lo importante. Y curiosamente llamamos “útil” a todo aquello que nos haga ganar dinero. Si nos ayuda a estar mejor con nosotros mismos, a ser más críticos con la información que recibimos o a pensar con más profundidad no se considera útil. Y es que no nos equivoquemos, ser crítico o pensar demasiado no son características que un jefe quiera en sus empleados: le sirven mejor calladitos y obedientes. Útiles al jefe. A la empresa. A los políticos. A los que mandan. ¿Para qué tenemos que estudiar literatura?, me preguntan mientras clavan sus pupilas en mi pupila marrón. Y yo les confieso que me da igual si en unos años recuerdan las obras de Espronceda o el nombre del caballo de Don Quijote. Que mi propósito es conseguir que aprendan, a través de los textos, a mirar el mundo con madurez. Y esto significa darse cuenta de que si observamos a nuestro alrededor seremos capaces de ver quiénes somos como personas y como sociedad. La ropa que usamos, las canciones que escuchamos o las series que consumimos son signos claros para quien dedique un poco de tiempo (si nos dejan) a observar. Por ejemplo, el Cid no es solo un héroe épico medieval. El Cid representa, como todos los ídolos de una época, las aspiraciones de su sociedad. El Cid es católico, valiente y leal al rey porque eso es el ejemplo de la perfección en el mundo medieval. De ahí llega la inevitable pregunta: ¿Qué héroes tenemos hoy en día? ¿A qué aspiramos como sociedad? Gil y Gil, Belén Esteban o los concursantes de Gran Hermano fueron los héroes de la década del pelotazo español. Nuestra aspiración era enriquecernos sin esfuerzo alguno. Y sin ética ninguna. Comprar pisos y revenderlos, dejarse los estudios para ganar 3000 euros en la obra, meternos en política y poner sobrecoste a las rotondas… Analicemos las “celebrities” actuales (youtubers, futbolistas, kardashians...) y veremos con claridad qué tipo de sociedad tenemos y qué papel queremos representar en ella... Otro ejemplo: los poemas del Romanticismo son incomprensibles sin la Revolución Francesa y su idea de libertad. Pero también se explican por la ley del péndulo, siempre presente en la historia. Esta ley dice que cada generación se aleja de la anterior. O sea, lo que ya sabemos: que los hijos reniegan del mundo de sus padres. A la razón del siglo XVIII (el siglo de las luces) se opone la irracionalidad y el sentimentalismo (a veces barato) de sus hijos, los románticos del XIX. Del mismo modo, el péndulo volverá al otro lado una generación más tarde, cuando los románticos sean los antiguos y la generación siguiente ponga de nuevo el foco en la razón. Los escritores realistas crecerán hartos de la sensiblería romántica, rancia y viejuna desde su punto de vista. E influenciados por el método científico se propondrán llevar la objetividad (que tantos frutos está dando en la ciencia desde la Revolución Industrial) a la literatura. ¿Y adivinan qué? Pues eso, que la siguiente generación, los modernistas, volverán al sentimentalismo para oponerse a sus padres realistas... La ley del péndulo es infalible. Cada generación quiere matar simbólicamente a sus padres. El punk de los 70 con sus crestas verdes o las camisetas heavys de calaveras y diablos de los 80 (no olvidemos que no hay nada nuevo: escritores simbolistas como Rimbaud se pintaron el pelo verde y Lord Byron era satanista como forma de ser antisistema) son solamente una forma de escandalizar a los adultos cargándose la ética y la estética que ellos crearon (oponiéndose en aquel entonces a la de sus padres). Y esto explica tanto lo macabro y morboso del movimiento Romántico como el cine de destape como los tatuajes en la cara de los cantantes de trap. El “Lazarillo de Tormes” no es solo la novelita de un pícaro que se busca la vida. Al igual que el cine kinki de los 80 o series actuales como La casa de Papel o Vis a Vis, nos habla del descrédito social ante el poder, sea este la Iglesia o el Estado. En épocas de bonanza económica observamos productos culturales que no ponen en entredicho el sistema: la música pop hablando de naderías o series de médicos y policías (funcionarios). Pero en épocas de crisis los protagonistas (héroes a los que aspiramos) están fuera del sistema: yonkis, ladrones o presas. O superhéroes. La moda de los superhéroes es el ejemplo más claro de la poca confianza en el sistema que tenemos hoy día. Un sistema que necesita que venga alguien de fuera a salvarlo pues por sí mismo no funciona. Y hacen falta superpoderes para arreglarlo... Los poemas a la virgen del monje Gonzalo de Berceo son pura propaganda cristiana. Marketing del poder como las películas y libros del sueño americano son propaganda capitalista: ¡Si te esfuerzas, lo conseguirás! ¡Si quieres, puedes! Falsa meritocracia que culpabiliza al individuo de su fracaso en la vida sin problematizar un sistema en el que si no te puedes pagar un máster, a ser posible en Estados Unidos, nunca accederás a ciertos trabajos. En el que el empresario suele tener un colchón familiar porque, seamos honestos, pocos se arriesgan a perder lo que no tienen. La pobreza no es pereza como piensan los ricos más miopes. La pobreza es miedo. Y así podríamos poner mil ejemplos más de cómo la literatura, como todos los productos culturales, habla de su época. De cómo los textos literarios nos pueden enseñar a mirar el mundo. Y entonces entenderemos por qué los protagonistas de la mayoría de series y películas actuales son mujeres desde el éxito de la revolución feminista, generando roles y modelos de “ser mujer” hasta ahora pobres o inéditos en la representación cultural. Por qué las distopías surgen en épocas de crisis señalando el colapso del sistema si nada cambia. Por qué la música trap habla de drogas y sexo, al igual que lo hizo el punk, porque ambas eran/son una generación sin futuro, que probablemente vivirá peor que sus padres (sin trabajo, sin sueldos decentes, abocada al alquiler) y ante la falta de expectativas se lanza a vivir el presente hasta el tuétano. O se lanza a la nostalgia del pasado ante la crisis de futuro, y entonces surgen Calderón de la Barca o VOX aferrándose a los valores del sueño imperial español. La seguridad de la tradición y la religión frente a un mundo caótico sin asideros. Entenderemos que la obsesión por el oro, las marcas de ropa y todas esas canciones que hablan de enriquecerse son el ejemplo más claro de la pobreza que nos rodea. Porque el rico no necesita fardar. El rico sabe que es rico. Y sus marcas, carísimas, son a menudo desconocidas por la mayoría. Es el pobre el que necesita llevar oro, excesivo oro hasta lo cutre. Grandes logotipos de marcas de pobre que muestra, a quien sabe mirar, su pobreza. ¿Para qué sirven tus clases de literatura?, me preguntan. Y yo les repito que la literatura es una forma de mirar el mundo. Que la literatura nos atraviesa como individuos y como sociedad. Somos la simpleza ideológica, casi eslogan coucher, de la poesía adolescente que adorna las redes. Somos la falta de futuro del trap y la nostalgia de un pasado (idealizado como forma de enfrentarse a la inseguridad de los tiempos) de la novela “Feria” de Ana Iris Simón o del marxismo ya pasadete de algunos sectores de Podemos. Los medios de comunicación, como el narrador de “Don Quijote de la Mancha”, han dejado de ser fiables porque ha caído La Verdad (medieval o postinternet). Las películas de zombies nos muestran como una masa imbecilizada por el consumismo y el populismo. Black Mirror, como la novela “Frankenstein” en el XIX, nos alerta de los peligros de la revolución tecnológica de su época. Etc, etc., etc. Así que la pregunta correcta sería: ¿Para qué NO sirven las clases de la literatura?

Alberto Torres Blandina (Valencia, 1976) es escritor y profesor de literatura y creación literaria.
 

lunes, 11 de octubre de 2021

Teatro actual: En nuestro reino de Luis Riera

 

Este viernes acudí a la sala La Encina (Ercilla, 15) para ver la última obra de Luis Riera que se representará todos los viernes del mes de octubre a las 22 h. Este joven autor y actor, al que ya he citado en otra entrada Teatro actual y crítico: El Porvenir de Luis Riera, cultiva un teatro comprometido con el momento actual, basado en el absurdo para dar la vuelta como a un calcetín al pensamiento dominante, a lo políticamente correcto. En una hora de reloj asistimos al drama humorístico en forma monólogo de un alcohólico que ni quiere ni puede dejar de serlo. El título original de la obra Ominona (anónimo al revés) ha sido sustituido por En nuestro reino, el nombre de la terapia que utiliza para buscar la felicidad de los alcohólicos con unos métodos más que dudosos. Mientras, en un esfuerzo agotador, el actor despliega todos sus recursos y trucos escénicos: conecta con el público, se mueve con soltura por el escenario, canta, imita el acento de los personajes con los que se encuentra para divertirnos, emocionarnos y, lo más difícil, hacernos reflexionar.

¿Por qué dejar de beber en una sociedad que bebe? Esta es la pregunta que no ha dejado de asaltarle a José Ángel, quien comienza hoy a dirigir un nuevo grupo de Alcohólicos Anónimos.

Maestro de escuela, número uno de su oposición, un hombre que cumplió con todas las obligaciones que hoy nos impone la sociedad: el estudiar, el tener un trabajo estable, el tener una casa en propiedad, fue sacado de esta sociedad por su extrema inclinación por la bebida.

¿Quién es responsable de su alcoholismo? ¿Él? ¿Su entorno? ¿La sociedad? José Ángel ofrecerá la solución para él y para su público, a quienes presentará nuestra historia actual desde otro punto de vista, a quienes invitará a crear Nuestro reino en este monólogo.

La inmersión en esta reunión de alcohólicos merece la pena.

https://www.elmundo.es/madrid/2021/11/14/6171b2d721efa044248b45da.html


http://tardedeteatro.blogspot.com/

martes, 5 de octubre de 2021

Un aplauso a los profesores en el Día mundial del Docente

En el día mundial del Docente, la UNESCO llama la atención sobre las condiciones en las que se desarrolla esta labor, fundamental para la sociedad.

Desde aquí un aplauso a todos los docentes que son y en el mundo han sido. 

Leed completo el artículo de Pachi Lanzas en El Plural El aplauso no recibido.

"Seguro que hay alguna profesora o profesor a quien recuerdas de forma especial. Esperemos que sea por lo bueno, eso sí. Está claro que una parte muy importante de nuestra personalidad se forja en las aulas. Y la actividad docente en muchas ocasiones no es ni fácil ni gratificante. Por eso, no está mal que dediquemos por lo menos un día al año a recordar la labor de las personas que se esfuerzan por hacernos aprender, lo consigan o no.

Cada día, los profesionales de la docencia se enfrentan a situaciones más complicadas, a la pérdida de control sobre su trabajo y a condiciones laborales menos satisfactorias. Sin embargo, siguen jugando un papel clave en nuestra sociedad, aunque para ellas y ellos no haya aplausos casi nunca".