miércoles, 25 de marzo de 2015

Arma de destrucción masiva: un tanque de libros gratis

Ángel, Gracias
Buena idea la del artista argentino Raúl Lemesoff. Ya tenemos un poster para bombardear a los alumnos (y padres, y profesores, y políticos) el 23 de abril y olvidarnos de los huesos de los escritores que ya no sirven  ni para hacer un caldo.


Incluyo también el enlace al texto de Rosa Regas, El valor de la lectura (2005)

martes, 24 de marzo de 2015

Una buena parte del desastre educativo ha sido dejar de hablar de los profesores

Un resumen de lo que ha ocurrido estos años está muy bien sintetizado en la entrevista del Diario.es a Luisa Juanatey, profesora durante 32 años, que reivindica la figura del docente ante las críticas en su libro Qué pasó con la enseñanza. Elogio del profesor y critica a expertos y pedagogos.

Durante muchos años he ido recopilando algunos artículos de escritores y periodistas sobre la situación de los profesores en las aulas. Ahora es el momento de pasarlos al ordenador y tirar los recortes a la papelera. Están puestos por orden cronológico y demuestran una vez más que un escritor tiene mucha más sensibilidad que un pedagogo y que un político a la hora de detectar los problemas que vienen sucediendo desde que la educación obligatoria se amplió a los 16 años. No vendría repasarlos para preparar entre todos una buena reforma de la enseñanza.

1984 PREGUNTAS DE UN MAESTRO A SÍ MISMO,  José Antonio Labordeta
A veces me pregunto
qué hago yo aquí,
explicando la historia
que recién aprendí:
los líos de romanos,
de moros y cristianos,
el follón del marxismo
y el del otro côté
donde los yanquis tienen
el mango y la sartén.
A veces me pregunto
qué hago yo aquí.
Viendo cómo la tarde
se duerme frente a mí,
mientras usted Martínez
se evade en el jardín
y la dulce Encarnita
García Cortejón
confunde etruscos
con negros del Gabón
entre miradas tiernas
de Pablo el empollón.
A veces me pregunto
qué hago yo aquí
intentando que aprendan
lo de la Ilustración,
cuando ellos solo entienden
cosas del rock and roll
y diciendo que comprendan
una revolución.
La rusa, la francesa,
la de Tutankhamon
y encontrando a Picasso
perdido en un balcón.
A veces me pregunto
qué hago yo aquí.

1998 Escuela, Vicente Verdú
Guillermo, te he dicho cien veces que en clase no se come chicle, y menos se hacen pompas". "Juan y Gonzalo, dejad ya de tirar bolitas a la papelera. Al baloncesto se juega en casa". "Isabel, al rincón; y tú, Javier, cambia el sitio con Maite". "Soledad, al pasillo". "Vosotros dos, para mañana, diez veces la página 30 de Naturales". "Eduardo, por favor, deja ya de tocar el pelo a tu compañera, por favor". Estas oraciones, entre otras, forman parte del cortejo de admoniciones que van repartiendo los profesores de EGB mientras dan las clases. No es raro que acaben enfermos. La ansiedad, la depresión, la frustración, son las dolencias más frecuentes. No sólo ' se trata de que su trabajo es arduo y les pagan mal. Encima no saben -como decía Torrente Ballester- para qué enseñan, a quién enseñan, cómo y qué deberían en su caso enseñar. La sociedad apenas les reconoce y los niños cada vez son más bordes.

1999, Echar elcierre, Elvira Lindo
"Me gustaría decirles a los padres que si ellos se cansan de sus hijos en verano, que piensen cómo se cansan los maestros al apacentar a treinta criaturas que cada vez vienen menos educadas de casa. Ahora que tantas cosas se están revisando en los métodos educativos, ahora que tanta pedagogía liberadora está haciendo aguas, aprovechemos el cierre que se acaba de echar en los colegios para reflexionar sobre algo que nos concierne casi más que cualquier otra cosa. Tanto debate cultural sobre si los niños leen o no leen, cuando lo importante es que los hagamos seres educados y sensibles, compasivos, respetuosos

El 80% de los profesores de centros públicos señala los trastornos psicológicos como su mayor problema

2000 Ovillos,pellas, Elvira Lindo
Francamente, no creo que ninguna persona sensata pueda pensar que no dejar salir a la grey adolescente a estirar las piernas a la calle durante el recreo arregla en modo alguno el desconcierto educativo que parecen compartir profesores, padres y, según encuestas internas de los centros, algunos alumnos.Los que en mis tiempos de instituto hacíamos pellas sabemos que cuando un alumno no quiere entrar en clase puede empezar a desmadrarse no en la media hora estricta del recreo (se trataría de un gamberro ejemplar), sino a partir de la primera hora, a fin de fumarse la mañana en toda su magnífica extensión.

2004 Mestizaje, Eduardo Mestizaje
"Ell inicio del curso escolar trae una estadística que viene al caso: 6 de cada 10 alumnos que se incorporan a este curso son extranjeros. Una cifra curiosa para quien la lee, pero una realidad cotidiana de aquí te espero para un colectivo que a menudo trabaja en condiciones precarias, con sueldos raquíticos, a veces en zonas donde la policía no se atreve a entrar y siempre ante la indiferencia de una sociedad que guarda su dinero, su estima y sus aplausos para otras faenas más vistosas.

2004 Quisiera pedirperdón, Emilio Garoz Bejarano
 Quisiera pedir perdón por haber malgastado mi vida estudiando una carrera, haciendo un doctorado y preparando una oposición, mientras los demás se labraban un porvenir.
 Quisiera pedir perdón por no haberme dado cuenta de que los institutos no son lugares donde se va a aprender, sino guarderías, y que mi función no consiste en enseñar, sino en cuidar a los hijos de todos aquellos que sí realizan un trabajo productivo y provechoso para la sociedad.
Quisiera pedir perdón por no saber hacer mi trabajo y no aprobar a alumnos que no saben nada, porque cuando llegan a casa después de un día agotador juegan a la Play Station y ven Crónicas marcianas con la aquiescencia de sus progenitores que comprenden, no como yo, lo dura que es la vida del estudiante.
Quisiera pedir perdón por no saber aguantar el desprecio, la humillación y el insulto diario; incluso la agresión. Quisiera pedir perdón por querer dignificar mis condiciones laborales, las condiciones de estudio de mis alumnos y la enseñanza en general.
Quisiera pedir perdón por no haber sabido aceptar humildemente mi situación de desprestigio social; por no haber sabido aceptar que soy un paria, un ciudadano de segunda, un desecho social, y me lo tengo merecido porque soy un vago que no quiere trabajar y que sólo piensa en las vacaciones.
Quisiera pedir perdón, en suma, por ser profesor.
De todo corazón.


2005 De Franco a laLOGSE, Elvira Lindo

2005 La ley delsilencio, Benjamin Prado 
"Sólo en Madrid, tal y como acaba de hacer público el defensor del Menor de la Comunidad, más de 12.000 alumnos de enseñanza secundaria sufren el calvario del acoso escolar y el 14% de ellos lo sufre en silencio. Otros 53.000 han sido agredidos y también han callado. Los que les hacen la vida imposible les hablan de honor mientras les golpean y, de esa forma, los convierten a la vez en víctimas y en cómplices. Si te quejas, eres un chivato, un delator, un cobarde, una escoria. Qué infierno."

2005 Y alumnosenvalentonados, Javier Marías 
"Boicoteadores de las clases los ha habido siempre en los colegios, pero las Leyes de Educación no se ponían de su parte ni les daban la razón, como sucede desde la LOGSE en adelante, en el mayor desatino imaginable".

2006 Años de tiza, Moncho Alpuente
"No recuerdo que ninguno de mis compañeros de aulas y fatigas pidiera alguna vez la baja por depresión. Hoy son los maestros, los enseñantes, los que sufren malos tratos y vejaciones de los alumnos; han cambiado las tornas, pero la soñada revancha del alumnado no se ejerce contra aquellos energúmenos de mano larga y seso reseco, sino sobre pacientes y a menudo ejemplares educadores que devolvieron bien por mal, que trataron y tratan de educar a sus pupilos como seres humanos y racionales, con raciocinio y comprensión".

2008 Reconquistarlas aulas, Fernando Savater
Las aulas no pueden entregarse a la desidia, al matonismo y a una indisciplina que no es creadora más que de fracaso escolar. Luchar por reconquistarlas -para empezar, reforzando la indispensable autoridad del maestro- es el principio de cualquier regeneración democrática verdadera.

2008 La miseria dela escuela, Vicente Verdú

2008 ESO, ESO, Elvira Lindo

2009 Instrucción pública, Antonio Muñoz Molina

2010 Me mandaron esta carta como verídica, aquí la dejo:


2011 Profesores , Juan José Millas



2012 Amor y odio en las aulas, Manuel Rivas



2013 Nuevo curso, Elvira lindo 
"Si un profesor era ya, desde hace años, alguien que tenía que ejercer labores de asistencia social, lidiar con problemas disciplinarios, o que echaba en falta profesores de apoyo que facilitaran la integración de niños inmigrantes o con otro tipo de problemas, ahora padece lo mismo pero multiplicado por más alumnos y menos docentes. Los profesores se han hecho visibles por los recortes económicos, y bien está que así sea, pero llevan muchos años clamando al cielo. Pienso en ellos, ahora que empieza el curso."

"Estamos ante un sistema perverso que ahoga el potencial de igualación social de la enseñanza pública, su misma razón de ser. Se reducen las plazas de interinos, no se aumentan las de fijos, sube la ratio de alumnos por aula y los profesores se ven obligados a aumentar sus horas lectivas, convirtiendo la jornada laboral en una carrera atolondrada de una clase a otra, y a menudo, de un universo a otro, dado que hace tiempo que los niños más tiernos comparten el instituto con alumnos de bachillerato. A los profesores no les llega la camisa al cuerpo y sufren ese desgaste sabiendo que ya no hay bajas que valgan, que las jubilaciones se retrasarán y que una vez que se apague el ruido de las manifestaciones públicas ellos solos habrán de enfrentarse a la precariedad diaria. Así ha sido siempre."


2015 El costoso legado de Lucía Figar,,Beatriz Galiana Blanco  y Santos Chiches, candidatos a las primarias de Podemos para  la Comunidad de Madrid


"Madrid ha estado en manos del PP desde que esta región asumió las competencias en educación. Y tras analizar brevemente sus principales apuestas educativas podemos concluir que, al igual que ha ocurrido con otros servicios sociales, han generado un modelo en el que la educación no se concibe como un derecho que se debe garantizar a todos los ciudadanos y ciudadanas. Sin olvidarse de la satisfacción de los intereses ideológicos, económicos y de poder de la Iglesia española, se ha potenciado su carácter de negocio y se ha dado, gravemente, marcha atrás en los pasos hacia la cohesión social , la igualdad de oportunidades y las posibilidades de movilidad social que se habían puesto en marcha durante el periodo democrático." 

Pantallas, Manuel Vicent

Artículo aparecido en El País en 2008. Nota frívola:  Manuel Vicent y Pablo Abraira (cantante) son igualitos.


No recuerdo haber visto nunca en una película norteamericana el interior de una casa donde apareciera una biblioteca familiar. Tampoco a ningún héroe del cine clásico, Gary Cooper, John Wayne, Henry Fonda, leyendo un libro en la mecedora del porche después de realizar cualquier hazaña. Por los descampados del lejano oeste puede que a veces cruzara un tipo con un levitón polvoriento vendiendo biblias. Queda la estampa cinematográfica de algún reverendo abriendo el libro de los salmos al borde de una fosa descarnada en el momento de mandar a los verdes valles del Edén a cualquier fiambre, pero luego, nada. Los deudos devoraban la tarta de frambuesa que había preparado Maureen O'Hara para después del funeral. Nadie será capaz de imaginar una secuencia con Robert de Niro, Jack Nicholson o Brad Pitt enfrascados en la lectura de una novela. Ni siquiera Woody Allen se ha permitido el lujo de decorar el despacho de su psicoanalista con una estantería cargada de volúmenes manoseados. Los libros en el cine no existen. Esos best sellers con títulos dorados en relieve, que las amas de casa meten en la cesta de la compra junto a las zanahorias, nunca se quedan en casa después de ser leídos. Cuando las cámaras llegan, el trapero ya se los ha llevado. Se ha dicho hasta la saciedad que las pantallas han derrotado a los libros. Media humanidad se pasa el día sentada devorando imágenes. En el avión, en el tren, en el bar, en el hospital donde te acaban de rajar, en el sofá en el que caes rendido al final del día siempre hallarás enfrente una pantalla vertiendo en tu cerebro infinidad de monigotes. Las fotos de los periódicos cada día más grandes, los cuerpos gloriosos de belleza visual que pueblan las revistas satinadas, también se han puesto de parte de las pantallas en la guerra contra la letra impresa. Pero de los libros se salvan siempre las imágenes. Se trata de saber qué tiene más fuerza todavía, si la imagen literaria que conservamos en la memoria después de la lectura o la visión de toda esa fantasmagoría de luces y sombras. Qué deja un oro más profundo en el alma, la goleta Hispaniola navegando rumbo a la Isla del Tesoro a través de las páginas del libro o Gary Cooper soplando la boca del revólver en la pantalla.

La realidad y la ficción en el equipaje de la profesora

"¿Por qué no hemos hablado de esto que tanto te preocupa? No solo tenemos que hablar de frivolidades para pasar el rato y reírnos, que también es bueno. Somos amigas, al menos así lo siento, no dos personas que se ven un rato y hacen cuatro comentarios tontos mientras se toman unas cañas."

Tengo una amiga que se asusta cuando me lee en el blog porque cree que, sobre todo al utilizar la primera persona, son mi diario íntimo. Sabe que en la vida cotidiana siempre digo la verdad y no acaba de entender que mienta y fabule en estas humildes entradas. Como me cree al borde de la depresión, enseguida me escribe diciendo que puedo contar con ella para lo que sea y que ánimo.

 Tengo pocas certidumbres, una de ellas es que la literatura siempre es ficción, aunque tenga elementos personales y la otra es que la lengua es una mezcla de lógica y arbitrariedad. Por lo tanto, exagero, miento, cambio los datos cuando lo creo oportuno en el apartado equipaje de la profesora. A veces, no me han ocurrido a mí, las manipulo a mi conveniencia para fabular. Juego con los datos. Puro divertimiento. No soy escritora (ojalá), escribo para liberar mis fantasmas. Y no es fácil. Escribir estos pequeños retazos me produce desasosiego, mezclo el placer con el dolor, como cuando te hurgas en un padrastro porque me hacen sentir viva. Algunas veces incluyo escritos de amigos míos que existen verdaderamente y me han dado permiso para la publicación  y ella piensa que son heterónimos, que también he escrito yo. No se da cuenta de que las ideas y la expresión no se parecen en nada a las mías.

Tranquila, Aurora, no mezclemos la vida con la literatura, las churras con las merinas. Se mezclan ellas solas.

domingo, 22 de marzo de 2015

Hasta pronto, ilustres vecinos de Malasaña

Ayer me levanté con la intención de disfrutar, como todas las mañanas, de la lectura de Moncho Alpuente en el diario Publico, cuando me encontré  con la inesperada noticia de su muerte como un rayo fulminante en un viaje a Canarias, no sé si de la tercera edad con descuentos. Le conocí en la obra de teatro Castañuela 70 y le llevo viendo toda la vida en su barrio y el mío, Malasaña, y concretamente en la calle del Pez. En sus breves columnas con humor satírico y fina ironía diseccionaba la vida de este Madrid que nos tocó vivir. Ha sido un  gran escritor que nunca fue lo suficientemente reconocido porque era particularmente incómodo para el poder.
Con su desaparición he recordado otras dos muertes de cantautores y vecinos del barrio que me impactaron. En primer lugar la de Enrique Urquijo, líder de Los Secretos, muerto en 1999 por sobredosis, que siempre estuvo sumido en un círculo vicioso que le llevaba de la depresión a las drogas y de las drogas a la depresión.  Lo encontraba por la mañana en el kiosko de prensa de la glorieta de san Bernardo y por las noches en la Vía Láctea.  La otra es la del cantautor, Hilario Camacho que, en agosto de 2006, buscando desesperadamente un algo, que sé yo qué misterioso (como decían los versos de Blas de Otero), se fue por voluntad propia. Lo encontraba comprando en el Día.
No me atreví nunca a saludarlos. Lo haré cuando nos encontremos en el otro barrio.
A los anteriores tengo que añadir a Javier Krahe que vivía también en la calle del Pez.
Malos tiempos para la lírica.





He encontrado el entrañable y divertido Blog de Antonio Gómez,  Memoria músico-festiva de un jubilado tocapelotas. que refleja con mucho sentido del humor lo que significo la música y el teatro en los últimos años del franquismo y en la transición:
http://aplomez.blogspot.com.es/search/label/A%20modo%20de%20biograf%C3%ADa
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viernes, 20 de marzo de 2015

El discurso, Manuel Rivas (patadas al diccionario)

Aunque el texto es un poco antiguo (2003), no está mal recordarlo en los tiempos que corren. Estaría muy bien utilizarlo para los alumnos de 2º de Bachillerato. Hay que fijarse en la foto que acompaña a esta entrada, en el logo de los juegos olímpicos que nunca se realizaron, en lugar de 2020, las chanclas señalan la fecha de 20020.

Antes de hablar, enfatizó el presidente, quiero decir unas palabras.Y lo que voy a decir es una verdad como un témpano. Hemos estado entre la espalda y la pared. Hemos ido de caspa caída. Hemos tenido el handicap en contra. Hemos pasado de castaño a oscuro. Nos hemos visto metidos en más de un membrete. De mí se ha dicho que soy un higocéntrico. Pero, recordad, siempre insistí en que todo era pataca minuta, que no había que confundir los churros con las merinas, ni agobiarse en un vaso de agua, ni hacer caso de las antenas paranoicas ni de la fiebre óptica. Yo siempre lo tuve herméticamente claro: Renaceremos de nuestras cenizas como el gato Félix, diga lo que diga el obstáculo de Delfos.
Bien sé que a todo Napoleón le llega su Water-polo, pero yo fui llamado a llenar el vacío de las ausencias y no me voy a salir por la tajante. Mis adversarios dicen que he colocado a España en un lugar antipático a los ojos del mundo. También en eso les ha salido el tiro por la horma del zapato. Me cuentan y no paran de chistes que circulan por Internet, en Portugal, sin ir más lejos. "¿En qué se parecen un presidente español humilde y Superman? En que ninguno de los dos existe". Je, je. Y otro: "¿Por qué cuando empatan a cero, Portugal mete cero goles y España cero golazos?". Muy simpáticos estos portugueses. Será por eso que en las Azores estábamos cuatro y sólo se habla del famoso trío. La verdad es que cuando nos presentaron al primer ministro portugués, le guiñé un ojo a Bush y le dije: "¿Sabías, George, que el nuevo puente de Lisboa sobre el Tajo es el más grande del mundo y uno de los más grandes de Portugal?" ¡Cómo nos reímos!
A mis presuntos sucesores, paciencia. Hay que saborear el éxito en pequeñas diócesis. No quiero que dividáis el partido en tres mitades ni que comiencen las hostialidades. Siempre me tendréis aquí, donde debe ser, a babor, a la derecha. Y ahora viene, lo fundamental. Como dice nuestro patrón fundador, marcando el paso de los tiempos, sin asombro de duda: llegado el momento, y si es menester, hay que sacar los votos hasta de debajo de los ladrillos. Porque, y esta es la gran cuestión, ¿qué futuro vamos a dejar a nuestros antepasados?

Procrastinación o síndrome de Escarlata O'Hara

"Tarditas et procrastinatio odiosa est" (Cicerón) 

Me gusta aprender palabras y más si estas designan comportamientos. La procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. El término pertenece a la psicología, a mí me gusta más llamarlo síndrome de Escarlata O’Hara, la protagonista de la película Lo que el viento se llevó, cuya  incapacidad de enfrentarse con la realidad se plasma en la frase: “Ya lo pensaré mañana”, que con diversas variantes, aparece en cerca de 40 ocasiones a lo largo de la novela y que se convierte en un rasgo inherente a la joven. La procrastinación como síndrome que evade el responsabilizarse posponiendo tareas puede llevar al individuo a refugiarse en actividades ajenas a su cometido. 
La costumbre de posponer genera dependencia de diversos elementos externos como navegar en Internet, leer libros, salir de compras, comer compulsivamente o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral, entre otras, como pretexto para evadir alguna responsabilidad, acción o decisión. Un famoso refrán que combate la procrastinación es el que dice: «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Ese era mi lema antes de jubilarme, ahora pretendo que las cosas sigan un ritmo más pausado y me gusta entretenerme en actividades que antes no podía realizar.
Para saber más:

martes, 10 de marzo de 2015

Amistad rota

¿Cómo es posible que se pierda la amistad de más de treinta años en un instante? Pues se rompió en un segundo como un jarrón. El cariño, forjado desde la adolescencia, se terminó en una tarde fría y lluviosa del mes de octubre en una cita por sus cumpleaños respectivos. Juntas, las dos amigas habían vivido los acontecimientos más importantes de sus vidas: los guateques, el primer amor, la facultad, la primera borrachera,  la tesina, la boda, el nacimiento de un hijo, las oposiciones, las visitas al sanatorio, la muerte de los padres, viajes, el adulterio, la muerte del marido. Al principio compartieron amistad y barrio, al final solo reproches. Habían quedado para comer ese día aciago y no se encontraron a la hora prevista. Una de ellas, de baja por depresión, bañada en alcohol durante la espera, se puso fuera de sí como ya había hecho otras veces, y recibió a la otra chillando. Carente de toda lógica, la echó de su casa con cajas destempladas. El recuerdo del portazo en la entrada entre insultos, mientras el cachorro de perro adoptado se restregaba en su pierna, es una escena que se repite muchas veces en las pesadillas de ambas. Fue la gota que colmó el vaso, pensé mientras mis lágrimas se mezclaban con la lluvia que caía salvajemente sobre mi rostro y mis medias rotas; muerta de hambre y de rabia llegué a duras penas al metro, veinte minutos después. Fue imposible pegar los fragmentos de esa amistad rota. La llamada de la reconciliación no se produjo y el tiempo ha ido pasando inexorablemente sin que ninguna de las dos haya pedido perdón. 

domingo, 8 de marzo de 2015

Malas noticias

La taimada, mentirosa, incombustible y mala actriz,  ha sido designada para la alcaldía de Madrid. No tengo palabras. Solo  palabrotas. ¡Qué mala imagen para el día de la mujer trabajadora!

Paralelismos
Como cada vez que uso el transporte público urbano suele tocarme de compañera gente de pocos recursos y bajo nivel social, a veces extranjeros, que hacen que mi trayecto no me resulte lo cómodo que podría esperarme, voy a proponerle a mi alcalde que suprima alguna línea actual y en su lugar cree otra que, para el mismo trayecto, cueste algo más cara, lo suficiente como para que esa gente siga usando la línea antigua y en la nueva sólo vayamos los que disponemos de más medios. Total, a ellos les dará igual tenerme o no de compañero y yo, desde luego, iré más cómodo así. ¿Que soy un egoísta? ¿Que mis argumentos son despreciables? ¿Que ninguna Administración pública será tan irresponsable como para hacerme el juego? ¡Qué va! Cambiemos “transporte” por “educación” y… ¡ahí está!: ¿o qué es, si no, la enseñanza concertada?— Roberto García de la Calera.

sábado, 7 de marzo de 2015

Extraños compañeros de viaje

Fue un viaje a ciegas. No se sabe cómo, pero los dos fueron enrollados para pasar unos días con una pareja de amigos. No se conocían. A cada uno de ellos le dijeron que si no le importaba que fuese su amigo-a, muy majo-a, por cierto. Pues claro que no, contestaron. No hicieron preguntas, no se vieron antes de emprender la marcha. Los cuatro eran profesores jubilados. En el aeropuerto se miraron de reojo con gran susto. Ella pensó: qué tipo más extraño, delgado, inexpresivo, calvo con una estrella roja en la boina. Él pensó: qué mujer más estrafalaria, gordita, nerviosa, con una escarola pelirroja en la cabeza. Cuando se repartieron las habitaciones en el hotel, dijeron al unísono que ellos compartirían una. En el ascensor ella le comentó: tengo que avisarte que ronco, me lo han dicho mis sobrinos y un sobrino nunca miente. No importa, respondió. Ella no había dormido nunca en una habitación con un desconocido, se sentía insegura; el primer día durmió fatal, no sabía dónde cambiarse, qué hacer con la ropa, cómo apañárselas en el cuarto de baño. Él durmió a pierna suelta, acostumbrado a viajar a sitios exóticos con compañías de todo tipo. El segundo todo fue mejor. Los dos, callados, con un peculiar sentido del humor, están acostumbrados a estar solos. La convivencia fue muy fácil. Distantes y cercanos, nunca se contaron sus sentimientos. Pasados los cuatro días, se despidieron con una mezcla extraña de pena y liberación. Les resultó muy duro acostumbrarse a la vida cotidiana después de unos días tan intensos. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Las cuatro estaciones

Hice estas cartulinas para ayudar a una compañera que estaba preparando las oposiciones de infantil. Solo se necesita un poco de paciencia y creatividad. Utilice elementos diversos que hay en todas las casas: cartulinas de distintas texturas, telas, algodón, rotuladores, fieltros... Las pongo aquí por si sirven para otras personas.









Peligrosa obra del futuro parque de bomberos de la zona centro




 Como se acercan las elecciones e interesa que la economía se reactive, se está empezando a crear  empleo en la construcción. Primero suprimieron todos los puestos de trabajo, echaron a la gente a la calle, para  luego volverlos a contratar con peores condiciones laborales y por el precio de uno, ahora tenemos hasta tres trabajadores. De esta manera es muy fácil conseguir más contratos y más cotizantes a la seguridad social que maquillen las estadísticas para hablar del milagro de la regeneración de la crisis.  La calle San Bernardo es un ejemplo de ello. Este mes, el Ayuntamiento ha empezado, en un solar abandonado hace más de 6 años, las obras de lo que será el nuevo parque de bomberos de la zona centro, después de muchos años de haberse olvidado del asunto. Ignoro de quién habrá sido la genial idea de poner un parque de bomberos en una de las calles más estrechas y con más tráfico de Madrid, donde es imposible descargar o bajarse de un coche sin formar un atasco desde la Gran Vía hasta los bulevares.  Pero, ahora mismo, lo que más me preocupa es que la empresa constructora se ha apoderado de toda las aceras circundantes instalando unas casetas gigantescas. De nada les valen a los alumnos del Lope de Vega los carteles prohibiendo el paso y advirtiendo del peligro, ellos siguen jugándose la vida en la calzada. Estoy convencida de que habrá un accidente. Me dicen que este tipo de instalación paga muchos impuestos y por eso no se suele hacer. No creo que  la empresa concesionaria del ayuntamiento pague ni un duro por esta invasión peligrosa. Una vez más, el depauperado casco viejo de Malasaña sale perdiendo. No me creo que no haya mejores solares en todo el centro de Madrid con mejores accesos para instalar estas dependencias. He llamado al ayuntamiento y a la policía municipal del peligro y no me han hecho ni caso.  ¿Qué podemos hacer los sufridos vecinos?
Dónde andará el  CPHC (Comando de Peatones hasta los Cojones) que allá por los noventa, para defender los derechos del viandante, realizaba ingeniosos actos sobre los vehículos mal aparcados, amenazando a sus conductores con tomar medidas drásticas. Lo necesitamos. 



Acerca de un libro que trata de la rivalidad entre escritores

Este es un libro que preferiría no haber leído. Lo he hecho casi a hurtadillas, como temiendo a cada momento ser sorprendido en una práctica vergonzosa, a regañadientes, tomando el libro cada vez con cierta repugnancia y dejándolo ya francamente en la náusea, pero sin ser capaz de abandonarlo definitivamente y acechando pronto la ocasión de retomarlo, como uno de esos vicios que nos estragan pero nos retienen con su viscoso atractivo. Pero, como han dicho muchos, Cervantes entre otros, no hay libro, por malo que sea, que no contenga algo bueno.
      Algunas de las trifulcas recogidas en el volumen son muy conocidas, pero otras muchas no, al menos para un lector medio no especializado, como es el caso. La impresión general es profundamente desagradable, pero, por decir también de entrada algo positivo, nos hace bajar del pedestal a algunas de las grandes figuras de nuestras letras de ambas orillas, por si acaso alguien pensara que eran seres adánicos, angélicos y seráficos. Pero hay más problemas.
   El primero es el de la crítica de los textos en que se fundamenta el volumen. En general, el autor los documenta de modo genérico, pero no preciso (en general no se cita por página, párrafo, referencia bibliográfica exacta, es decir, si los textos provienen de consulta directa o de segunda o tercera mano… etc.). Es verdad que el volumen no parece pretender ser una obra de investigación rigurosa stricto sensu, sino más bien de carácter divulgativo. Pero en un terreno tan delicado como la imagen personal, literaria, ideológica, histórica de los autores tratados todo el cuidado es poco. Se precisaría una crítica textual depurada para asegurar en lo posible (siempre hay en esto un margen de duda e inseguridad) la fiabilidad de los documentos aducidos. El autor del libro, o los precedentes consultados, ¿han hecho ese trabajo crítico en todos los casos? ¿Cuántas erratas o errores (involuntarios o deliberados) se han podido deslizar en la larga cadena de transmisión textual hasta llegar al libro editado? No se trata, por supuesto, de las posibles malevolencias y tergiversaciones que entren en las opiniones vertidas por los personajes, sino de la limpieza básica de las fuentes. Por otra parte, ¿se han contrastado siempre las distintas y a menudo divergentes versiones de un mismo hecho o de las palabras pronunciadas? El autor del libro presenta en ocasiones algunas variantes de los hechos, pero otros muchos quedan en la duda. Estamos, pues, en un terreno peligrosamente resbaladizo entre la divulgación científica o cultural de carácter serio y la prensa amarilla y sensacionalista, lejos del buen periodismo (si este emparejamiento no es oximórico) que siempre contrasta fuentes, exige más de un informante, etc. Desde luego no quiero decir que el libro caiga siempre de ese lado malo, sino de la inseguridad que nos transmite en una lectura crítica.
   Otro aspecto, más de fondo, es la finalidad a que apunta la obra. ¿Qué nos aporta saber que un escritor haya dicho de otro que olía mal? Los insultos (y hasta golpes) que otros se cruzaron en un lance de acaloramiento ¿deben influir en nuestra consideración de sus respectivas obras? Recuerdo el desagrado que me produjo leer que una de nuestras cimas poéticas quedó horrorizado al ver en casa de otro gran autor un huevo frito olvidado en una silla (y luego lo contó), incidente omitido, por fortuna, en el presente libro, como tampoco aparece lo que vi, con crispación paroxísmica, hace muchos años en la crónica de un escritor de 2ª o 3ª fila donde relataba que, al ir a entrevistar a un gran prosista que vivía retirado, ya anciano, en su masía, este lo recibió “con la bragueta aparatosamente abierta”.
   Dicen los sabios que las especies carroñeras (buitres, hienas…) contribuyen eficazmente a mantener un buen nivel de salubridad en el medio ambiente, pero en el caso que nos ocupa no se trata de drenar y, por tanto, hacer desaparecer los detritus, sino de hacinarlos y depositarlos de modo permanente, como un gran muladar, ante el público, y además con la agravante de que, por las razones antes apuntadas, no hay seguridad sobre el fondo y la forma de los testimonios.
   Al dar fin a estas líneas me asaltan dos temores. Uno, que este tipo de asuntos y de obras no deberían ser comentados y aireados, como estoy haciendo ahora, sino velados en un prudente y avergonzado silencio; en definitiva, como dijo el Otro, peor es meneallo. Y el segundo, que me queda la impresión de haberme excedido en la crítica sobre un libro tan entretenido e incluso interesante, aunque sólo sea porque, como dijo Torres Villarroel, “oir mal del vecino nunca fue ingrato a la oreja”. Pero hay otro dicho, más antiguo y popular: todo se contagia menos la hermosura

martes, 24 de febrero de 2015

La memoria del olvido

 Me ha impresionado para bien la película Siempre Alice. Una profesora de Lingüística sufre al drama de la pérdida del lenguaje y del pensamiento cuando le detectan a los cincuenta años Alzheimer precoz. Esta enfermedad me asusta sobremanera porque la he visto asomar sin diagnóstico en mi abuela y en mi padre y yo me parezco mucho a ellos. Mis manos, que han entrelazado las suyas, son una réplica perfecta: el mismo tamaño, los mismos dedos, las mismas uñas. De pequeña tuve que luchar con una dislexia que me hacía cambiar las sílabas de orden. Con el paso del tiempo he ido trabucando los nombres de los autores o de las personas que conozco. Los últimos años he sido incapaz de aprenderme los nombres de los nuevos alumnos. A veces, me he quedado en blanco mientras explicaba y el nombre de los actores de las películas que me gustan se me enredan en la lengua para salir diez minutos después. No sé la de veces que pierdo objetos cotidianos o realizo acciones automáticamente. Tampoco sé qué contienen los cajones de los armarios que una vez al año me obligo a ordenar para tirar lo superfluo. A veces, por sitios poco habituales, me desoriento. Nunca me acordé del final de las películas y los libros, y ahora no retengo ni el título ni el autor; me digo para justificarme que la culpa la tiene el ebook que carece de solapas y solo marca la página en la que detuviste la lectura. Otras veces, me empeño en repetir una palabra que no es la correcta y, muchas veces, me callo por no meter la pata. También sufro y lucho con el mal humor que provocan estas pérdidas constantes y, hasta ahora, poco significativas. Internet me ayuda para salir de dudas y repasar lo que creía aprendido. Procuro reírme de mi misma y soltar la frase de todos los amigos: ¿Te acuerdas cuándo hablábamos de corrido? Antes lo achacaba al estrés y a la edad, ahora que estoy jubilada, consciente de que todavía tengo memoria de lo que olvido, espero no tener este mal incurable más duro que el cáncer.

Por fin te has decidido a poner algo más, y uno de esos algos es lo de Tánger, que está muy bien, y esperamos que sea el comienzo de una miniserie. Lo otro es más duro y no va a colar: no conseguirás que te tratemos como una prejubilada precozmente preenferma preferentemente preterida. Esa pretendida preentrada presumiblemente prepóstera predice predicaciones prematuras precedidas de prevalente preeminencia. Y los premonstratenses, en su precalentada prevención previsora de prelados, se prevalen de su presunta prefectura. 
               Premoniciones de preseas
                     

lunes, 23 de febrero de 2015

Cinco días perfectos en Tánger

Recomiendo viajar en el mes de febrero, fuera de temporada y a unos precios más bajos. Los cinco días pasados en Tánger, nublados, perfectos, intensos, sin aglomeraciones y sin calor,  me han distraído de mi rutina y me han hecho recordar los beneficios que la amistad ejerce sobre el sentido del humor. También han servido para darme cuenta de que mi francés es pésimo y de que debo mover más mi cuerpo porque desde el primer día, de tanto trotar por la medina, los zocos y la casba, me dolían hasta las pestañas.
Teatro Cervantes

Viajar en Ryanair tiene sus inconvenientes, en este caso para mi tenía una ventaja: como solo puedes llevar una maleta, eliminas todo lo superfluo y te evitas comprar recuerdos que pueden ser triturados en la infernal máquina de comprimir maletas-sapo  para que quepan en el avión. De esta manera terminas con el regateo, tarea desigual y fatigosa, porque no hay nada que valga semejante pérdida de tiempo, sobre todo, cuando tú eres el único que no sabe lo que cuesta el producto.
Hacía más de treinta años que había realizado un viaje organizado por Marruecos y no recordaba nada de la ciudad. Tal vez porque es la más andaluza de todas y muchos rincones me recuerdan a Alicante. El puerto estaba en obras y la mayoría del casco viejo en remodelación o en ruinas como se puede observar en la foto del teatro Cervantes. Parece que mucho dinero del ladrillo de España ha ido a invertir allí.

Frente al desarrollo industrial, he notado un retroceso en las costumbres. Apenas hay mujeres en los cafés y en las tiendas, y la mayoría de las que pasean por la ciudad llevan velo. El deporte nacional de los varones es contemplar en los cafés los partidos de la liga española. Hablando con un taxista, que ha aprendido español gracias a Antena3, nos explicó que  la presencia del velo era porque es invierno y después nos aleccionó con que la civilización europea se lo debe todo al Islam que es la única religión verdadera. La foto del museo de la Kasbah nos muestran este extraño mapa invertido donde el norte de África está al boca abajo y Europa al sur.
Todas las guías te aseguraban que no hay robos, que hay mucha policía que vigila y  los castigos son desmesurados, pero tuvimos una refriega con un adolescente que intentó robar una cartera y que se saldó con  heridas sangrantes en las manos del único músico del grupo. Los policías, que patrullaban por la ciudad con metralletas al hombro, parecían Hernández y Fernández, recién sacados de las " Aventuras de Tintín" de Hergé, con sus bigotitos turcos. Los trámites a la entrada y a la salida de la aduana son impepinables, los taxistas tienen la obligación de entregar los papeles que marcan su ruta cada 50 kilómetros.  Nos alojamos en el hotel Rembrandt (reservando las habitaciones por internet es más barato) que recomiendo por su aire decadente y amplitud y, para beber alcohol, terminamos algunas noches "El corazón de Tánger", situado en la plaza de los perezosos, cerca del café Paris, custodiado por dos guardias jurado y con una clientela que recuerda a los cabarets americanos en plena ley seca.  
La vida del turista es barata, pero tiene sus contrapartidas, como pagar un impuesto revolucionario. Continuamente tienes que ir esquivando guías-moscones de todas las edades que te envuelven con su tela de araña. No hay manera de quitárselos de encima, entran de maneras muy diversas; unas veces, apelando a la antigua amistad entre el pueblo marroquí y español; otras pegándose porque quieren perfeccionar el español y ayudándote a desenvolverte por la medina porque les gusta. Al final, enfadados, te amenazan con un "te perderás" y acaban pidiéndote dinero. Vaya que si nos perdimos por no hacerles caso, por esquivarlos, por ir en libertad a nuestro aire. Lo mejor es ocultar el mapa y seguir tu intuición. Relajarte viendo pasar la vida como hicieron los escritores que habitaron y dieron fama de cosmopolita a la ciudad a mediados del siglo pasado, desde la posición privilegiada de la primera fila de un café, bebiendo un té moruno con poco azúcar.
Sorprende la cantidad de gatos bien nutridos, alimentados cuidadosamente por sus habitantes. En cambio, no se ve ni un solo  perro, porque Mahoma los prohibió, y los dejo relegados solo para el pastoreo y el cuidado de las casas rurales. Se entiende mejor cómo podía ser de perra la vida allí  de Juanita Narboni, novela de Ángel Vázquez Molina (1976). La comida deliciosa, el pescado achicharrado (hay que advertir que no le echen matojos de hierbas y que lo dejen medio crudo). El té y los pasteles tan empalagosos como los habitantes.
No creo que vuelva a la ciudad, hay muchos lugares que desconozco; pero estoy dispuesta a ir hasta el fin del mundo con los mismos compañeros de viaje.

Más información Tánger,  un fin de semana a bajo coste http://elpais.com/diario/2008/03/01/viajero/1204408626_850215.html

Los mapas al revés http://verne.elpais.com/verne/2015/04/14/articulo/1429016086_681676.html

viernes, 20 de febrero de 2015

La sexalescencia

Me ha llegado por "guasa",  me ha parecido muy interesante y tranquilizador. La palabra es curiosa, mezcla de adolescencia y sesentena, con ecos de sexo. ¡Soy una sexalescente de libro!
SI miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años:
LA SEXALESCENCIA. Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el 5º piso del departamento.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas a obedecer y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.
Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60′, en aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A.". Este tipo de mujeres nacidas en los 50s. no son ni por equivocación las clásicas "suegras" que quieren que los hij/as les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "sesenta o setenta"", hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo… Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo…hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.
Autor desconocido.

jueves, 5 de febrero de 2015

Las razones de la sinrazón

Revisando papeles, me he encontrado con un texto de hace unos años que escribí para desahogarme, como casi todos. Ahora que estoy fuera del sistema educativo, me doy cuenta, como nunca, que los profesores son los quijotes de nuestro tiempo: solitarios, infravalorados y luchando siempre contra lo imposible.

"Y ahora estaba esa clase insolente, veintisiete chavales de catorce años exaltados, indiferentes a la gramática, a la historia de los hombres, a la poesía italiana: versos que a ellos no les decían nada, tan solo eran sonidos, como tantos otros en la estridente cacofonía del mundo".
Un día perfectoMelania G. Gamuzzo


En el instituto algunos días hay enfrentamientos entre profesores y alumnos. Es normal, forma parte del aprendizaje, del crecimiento como personas.  Si son aislados, no tienen importancia. Unas veces se extralimitan los alumnos, son adolescentes, qué le vamos a hacer; y otras veces los profesores perdemos los papeles, porque esta profesión puede ser  la más bonita del mundo y a la vez la más dura. Todo se soluciona hablando y se queda en mera anécdota. Si estos enfrentamientos se repiten y siempre los protagonizan las mismas personas estamos ante un problema grave.  
Soy tutora de un curso problemático, un cuarto de la ESO donde han ido a parar todos los repetidores y los alumnos que han pasado por imperativo legal, o dicho con otras palabras, los alumnos que llevan sin dar un palo al agua desde que entraron en el instituto y que no se caracterizan precisamente por su buen comportamiento. La mayoría tiene 14 asignaturas que aprobar; este curso, si no lo consiguen, se irán sin titular después de seis años. Junto a ellos hay alumnos que quieren estudiar bachillerato, pero que contagiados por los primeros no están rindiendo lo que se esperaba. En las dos evaluaciones que llevamos solo uno ha aprobado todas las asignaturas. Algunos rechazaron ir a un PCPI o a diversificación “porque eso es para tontos”.  Un alumno cubano, recién llegado de su país, que apenas sabe leer y  escribir no quiso ir a diversificación de 3º porque según él (y su padre) su nivel era superior, ni que decir que solo ha aprobado una. Se les han dado mil consejos orientadores y todos los han rechazado. Los padres son conscientes de lo que pasa, pero no quieren ver la realidad, no saben qué hacer con sus hijos y echan balones fuera. Resumiendo: todos los alumnos se creen muy listos y la culpa de todo la tienen los profesores.
Ha sido un error que el equipo directivo los pusiera en la misma aula. Ante una clase así, enseñar es casi imposible: no atienden, hablan constantemente, si les mandas que hagan los ejercicios  en clase, no los hacen; si se lo pides para el día siguiente, no lo traen hecho. No llevan los estudios al día, cuando hay un examen aprovechan las clases anteriores para estudiar. O están dormidos o dando la lata. Son infantiles y maleducados, no consienten que se les llame la atención, se rebelan continuamente, defienden lo indefendible, son mentirosos, impredecibles, y llegan a acusarse los unos a los otros. Están prohibidos los móviles, pero los utilizan en clase; llegan tarde porque les da la gana y no lo justifican, no sienten ninguna empatía por nadie. Impasible al desaliento lo he intentado todo por ellos, les he dado mil y una oportunidades, he razonado con ellos todo lo que he podido. Les hago exámenes cada dos temas, les digo antes lo que va a entrar, pero ni por esas. Como tutora solo me falta llevarlos de la mano a los exámenes de recuperación de las asignaturas de los cursos anteriores. En compensación, casi todos los días tengo  muestras de comportamientos inaceptables. Cuando se los afeo, me tachan de intransigente y absurda. Encima me toca animar y reconfortar a las madres que desfilan desesperadas una vez a la semana.
En una actividad extraescolar, un grupo se coló en el autobús sin pagar y robó comida en un chino. La explicación inaceptable que me dieron es que todo el mundo lo hace. No hubo sanciones graves, porque. aunque una de ellos lo confesó públicamente, "es muy difícil de demostrar", según la dirección. Otro ha estado expulsado de una asignatura casi un mes porque casi se pega con un profesor. Se levantan cuando les da la gana y para demostrar la alegría que sienten cuando falta un profesor, dan un golpe en la pared. El vaso se colmó este viernes, lo que empezó como un juego en el que todos estaban participando en un clima relajado (hacíamos crucigramas) acabó en un insulto. Un alumno al que llevé la contraria, después de levantarse entre gritos y aspavientos, cuando se sentó, me llamó "puta". Cuando le puse una sanción grave, se armó el alboroto. Todos opinaban indignados que le tengo  manía, que he sido injusta. Que el insulto no iba contra mí, que es como cuando alguien dice: " me cago en Dios". Ha sido sancionado con un día sin venir al instituto. ¿Ocurriría esto mismo en la enseñanza privada?
Las razones de la sinrazón. Estamos creando monstruos. Miramos para otro lado.

domingo, 1 de febrero de 2015

El cuscús

Este viernes, en torno a un cuscús en casa de Evaristo,  he vuelto a encontrarme con los compañeros del comité del Hogar del Empleado.  Desde que nos disolvimos y abandonamos la enseñanza privada por la pública, han pasado más de veinticuatro años. Algunos ya no están en Madrid y otros, aunque siempre han estado cerca, no sé por qué razones, he dejado de verlos. Recordamos las películas canadienses de Denys Arcand "El declive del imperio americano" (1986) y “Las invasiones bárbaras” (2003), donde aparecen los mismos actores y los mismos personajes en un díptico temporal que abarca diecisiete años. Nuestra cena nos brindó el atractivo del reencuentro, el regusto de la nostalgia, el escozor de la melancolía y el placer de la amistad, Son mis señas de identidad. Parecía que el tiempo se había detenido, que veinte años no son nada. Los encontré igual de jóvenes, divertidos y entusiastas que entonces, aunque ya seamos abuelos, estemos jubilados y no sepamos qué hacer con las canas.