A José María Mijangos lo podemos ver en una librería, convertido en uno de los
personajes que inventa, músicos o escritores que han nacido para perder incluso
en los momentos de mayor éxito. La primera novela que leí, Soul
Man, narra las hilarantes peripecias de Cleophus Taylor Brown, un
afroamericano oriundo de Menphis haciendo barrabasadas por el Madrid casposo y
provinciano de los sesenta. La segunda, publicada unos años antes, Braille para sordos, para mi gusto
mejor y más divertida, cuenta la historia de un escritor de novelas policíacas,
con ecos de Max Estrella y del protagonista de La tía Julia y el escribidor, que había disfrutado también de los años
sesenta y que malvivía arrastrando su ceguera tras pasarse media vida en la cárcel.
Las dos novelas son tremendamente divertidas, con un ácido sentido del humor,
parecido al de Tom Sharpe. He disfrutado
leyéndolas y el único pero que puedo poner es la ausencia de personajes
femeninos creíbles: las pocas mujeres que aparecen son unas arpías que
destrozan a los hombres con los que se casan.
jueves, 27 de junio de 2013
domingo, 16 de junio de 2013
Cuesta arriba
No se estaba nunca quieto, en las fotografías siempre aparecía
movido, columpiándose en todo lo que pillaba de tal manera que mayores y
pequeños aparecían descolocados, más pendientes de él que del objetivo. Un torbellino
de cinco años que, sobre todo, inquietaba al padre Basilio por su espíritu
indomable y su inteligencia fuera de lo común. Sus orejas de soplillo estaban
atentas a cualquier novedad y sus ojos de miope le daban un aire maduro
irritante. Cuando recibía la paga los domingos, salía disparado, con la
fuerza que le daba su cuerpo pequeño, a comprarse golosinas y tebeos al quiosco
de periódicos, luego se sentaba a silbar en un banco mientras leía. Iba a hacer
la comunión junto a sus compañeros en la iglesia de los salesianos y las horas de catecismo se le hacían
interminables. El día que le tomaron la foto estaba escuchando en boca del salesiano: “Dios
lo puede todo, es omnipotente, no hay nada que se escape a su sabiduría, es el
creador del universo, puede hacer lo imposible…”. Emilito se rascó la nuca y le
interrumpió:
-Padre, Dios no lo puede hacer todo.
El sacerdote se preparó para regañarle y le contestó:
-¿Cómo que no puede hacerlo todo?
-¿A que no es capaz de hacer una cuesta arriba que no tenga
cuesta abajo?
Rojo de ira y sin palabras, el padre Basilio le dio un
reglazo en toda la cabeza que le dolió más a él que al niño. Cuando llegó el fotógrafo,
los alumnos, dóciles y calmados, siguieron las instrucciones. No hubo que
repetir la instantánea.
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Trinidad Cuéllar Caturla
domingo, 9 de junio de 2013
El placer de aprender y la pasión de enseñar
Interesante artículo que contiene muchas verdades:
"Pero es que el desprecio con que se trata a los profesores desde la implantación de la dictadura, y que apenas se ha mejorado en la democracia, es otra de las simas que no se han superado y que condenan irremisiblemente al fracaso a nuestro sistema educativo. Mal pagados, abrumados por tareas superiores a cualquier capacidad humana, y denostados como culpables del retraso endémico de nuestra instrucción, los profesores se han convertido en un colectivo de segunda categoría al que muy pocos querrían pertenecer. De tal modo, la enseñanza es el último remedio para obtener un empleo, cuando no se puede administrar una empresa rentable o el nivel de las pruebas no permite acceder a la física nuclear. En consecuencia, una buena parte del profesorado no tiene vocación alguna para una tarea tan dura, tan ingrata, tan mal retribuida y tan poco estimada. Y con la desgana con que enseñan los alumnos no pueden sentirse motivados. En consecuencia, unos constituyen una clase explotada y sin reconocimiento, y los otros se convierten en ciudadanos mal formados, desinteresados de la cultura y frustrados en sus pretensiones de hacerse ricos".
Una mujer de bandera
Parecía una estrella de Hollywood: melena negra y rizada, ojos soñadores, tez blanca, cuerpo delgado y cinturita de avispa. Una luz en el panorama gris de la posguerra, un plato de miel rodeado de abejas, una luciérnaga en la noche oscura. Era oficialmente la guapa del pueblo, la insignia, el estandarte junto con el castillo y la iglesia arciprestal. A su paso se abrían las persianas envidiosas de las mujeres y se levantaban las pasiones de los hombres que, firmes y hechizados, la reverenciaban. Ella lo sabía, aunque su familia puritana la llevaba a raya. “Eres guapa entre las feas, pero fea entre las guapas”, le repetían continuamente. Se fue a estudiar a la capital, lejos del fichaje familiar. “Para qué querrá estudiar con lo guapa que es”. Allí le llovían pretendientes de todas las edades y condiciones. En el escaparate de una joyería, un estraperlista con sombrero y anillo de diamantes, se le acercó: "Lo que le guste es para usted". Halagada, se escapó sonriendo.
sábado, 18 de mayo de 2013
Eufemismos de la crisis
Interesante artículo de "El País": No digan recortes, llámenlo amor
PAGO (Repago) ◗Entre los recortes aplicados al sector farmacéutico se habló de copago. Pero los ciudadanos
pagan dos veces, con los impuestos y en
la farmacia, sus medicamentos.
MOVILIDAD EXTERIOR (Fuga de cerebros) ◗ La ministra
de Empleo, Fátima Báñez, se refirió como «movilidad exterior» a la salida de
jóvenes al exterior en busca de oportunidades.
VEHÍCULOS DE LIQUIDACIÓN DE LARGO PLAZO (Banco malo) ◗Cinco
palabras para evitar otras dos que el Gobierno intentó esquivar el mayor tiempo
posible.
MEDIDAS EXCEPCIONALES PARA INCENTIVAR LA TRIBUTACIÓN DE
RENTAS NO DECLARADAS (Amnistía fiscal) ◗A esas medidas se refirió
el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, el mismo día en que de la
presentación de los Presupuestos de 2012.
FLEXIBILIZAR EL MERCADO LABORAL (Despidos baratos) ◗Así se presentó la reforma laboral, que se interpretó como
despidos más baratos.
La escalera interminable
Apenas jubilado, fue consciente de su decadencia. En un café le robaron, sin que se diese cuenta, el reloj Omega que había permanecido en su muñeca desde que se casó. Fue la primera de una serie de pérdidas a las que asistió con una mezcla de rabia y frustración. Trabucaba los nombres. Farfullaba sin que le entendiesen. Cometía faltas de ortografía. Él, que era matemático, se quedaba en blanco al hacer una suma. Vagaba por la casa sin saber dónde se encontraba. Buscaba objetos que desaparecían misteriosamente. Se volvió taciturno y silencioso, el más tonto de los tontos. Se deslizaba inexorablemente por una interminable escalera de pequeñas ausencias y olvidos.
Su ritmo de vida se hizo más metódico y predecible. Todos los días hábiles a la misma hora, periódico en ristre, acudía al hermoso edificio de la Bolsa de Madrid para estirar las piernas y de paso observar in situ los movimientos azarosos de los pocos ahorros que había conseguido. Un día espléndido del mes de marzo, junto a las columnas hexástilas del pórtico, buscó en su bolsillo las monedas que tenía preparadas para su mendiga particular y se acordó extrañamente del chiste que le contaba a su hija, el del tonto más listo del pueblo que escogía los céntimos y no el duro, porque así se aseguraba un dinero mientras se extendía su fama por la comarca. Después de pagar este peaje cotidiano y oír el consabido piropo: “Adiós, guapo”, el sol le cegó. Fulminado por un rayo interno, se desvaneció mientras sentía una inundación relajante en su interior y caía a cámara lenta como un pelele por la escalinata interminable. Los cuatro relieves que representan el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Navegación asistieron mudos al tránsito.
Su ritmo de vida se hizo más metódico y predecible. Todos los días hábiles a la misma hora, periódico en ristre, acudía al hermoso edificio de la Bolsa de Madrid para estirar las piernas y de paso observar in situ los movimientos azarosos de los pocos ahorros que había conseguido. Un día espléndido del mes de marzo, junto a las columnas hexástilas del pórtico, buscó en su bolsillo las monedas que tenía preparadas para su mendiga particular y se acordó extrañamente del chiste que le contaba a su hija, el del tonto más listo del pueblo que escogía los céntimos y no el duro, porque así se aseguraba un dinero mientras se extendía su fama por la comarca. Después de pagar este peaje cotidiano y oír el consabido piropo: “Adiós, guapo”, el sol le cegó. Fulminado por un rayo interno, se desvaneció mientras sentía una inundación relajante en su interior y caía a cámara lenta como un pelele por la escalinata interminable. Los cuatro relieves que representan el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Navegación asistieron mudos al tránsito.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Tu perfume embriagador
La atraía más que una tarta de chocolate. Daba vueltas ciegas a su alrededor como una
polilla ante la luz, notaba que un inexistente imán la acercaba a su cuerpo más
de lo que dictan las buenas costumbres. Era su olor lo que la subyugaba, un
perfume embriagador (tatatatatataaaaa que decía la canción de El Padrino) que
le hacía quedarse en éxtasis con cara beatífica. Le atraía más su olor que su
sonrisa, la fragancia que exhalaban sus poros más que su generosidad, el aroma percibido
más que su sentido del humor, la vaharada de sensaciones más que su
inteligencia. Lo notó nada más darle la mano y lo percibía todas las mañanas
cuando le veía por los pasillos, incluso cuando se confundía con el olor de la
tortilla de patatas del desayuno. Unas veces henchida de satisfacción y otras
herida de hiperestesia vagó todo un año husmeando ese efluvio atávico destilado con feromonas y masculinidad. Envidiaba a la mujer que se bañaba en ese prodigio todos
los días y que seguramente era el origen de esa esencia artificial. Pasado un
tiempo se lo encontró por casualidad y en un beso de rutina recordó todas las
sensaciones pasadas. Armándose de valor, por fin, se atrevió a preguntar como quien no quiere la
cosa:
- - ¡Qué bien hueles! ¿Qué colonia utilizas?
Sorprendido, le respondió: Massachusetts. Con esa
estrambótica marca por botín, se fue inmediatamente
a pedir la droga más dura que había inhalado. Cuando llegó a casa se la regaló
al hombre de su vida y todas las noches ponía la nariz en su hombro para sentir
la más absoluta plenitud.
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Equipaje profesora,
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Julián Moreiro
domingo, 12 de mayo de 2013
¡Cómo odio a mi endocrino!
La sala de espera del endocrino es la antesala de la
depresión, el calvario de la autoestima, el sepulcro de los placeres, el
cadalso de las menopáusicas. Allí las pacientes arrastramos lastimeramente kilos
de infelicidad y de colesterol como Sísifo empuja su enorme piedra.
El colesterol me apareció a los veintipocos años en un
análisis rutinario. No me sorprendió, en mi familia se han dado casos de esta
enfermedad genética y silenciosa. Hice régimen estricto, entonces estaba
delgada y la comida era algo secundario para mí, pero la cifra no bajó y empecé a tomar pastillas, una servidumbre eterna
que te obliga a tener una sensación lacerante de cometer pecado mortal cada vez
que comes embutido o un huevo frito, cosas simples y placenteras. En estos años
me han tocado todas las modas restrictivas sobre el colesterol: al principio el
pescado azul estaba prohibidísimo, igual que los frutos secos, y ahora lo aconsejan. No hay duda, estos palos
de ciego solo sirven para beneficiar a las multinacionales farmacéuticas,
porque yo no tengo muy clara la relación entre hipercolesterolemia familiar y
enfermedades coronarias.
A los cuarenta me diagnosticaron hipotiroidismo y mi
colesterol llegó a la alarmante cifra de 500. A partir de entonces me lo tomé más en serio y
empecé a ser asidua a los endocrinos. Hasta ahora llevo dos: el primero, el
doctor Chorra, un impresentable que hablaba por teléfono
mientras te desatendía y que intentaba sacar dinero para compensar, supongo, lo
que no le pagaba Asisa, por medio de estudios del índice de masa corporal, pastillas saciantes a precio de caviar beluga
o un curso prescindible sobre colesterol. Lo abandoné a los diez años y me fui
con otro, al doctor Alacana que tiene una extraña forma de atrapar a las enfermas: te
obliga a un análisis cada cuatro meses si has sido buena y tus niveles han
bajado; si has sido mala, cada mes y medio. Su régimen es tan rutinario e
insoportable como la propia vida: verduras, carne y pescado a la plancha, sin
un ápice de imaginación. Siempre pregunta: "Cómo está usted" mientras
lee tus análisis y te fulmina con una acusadora mirada desde su colosal altura.
Tus problemas, tus dudas le traen sin cuidado, solo se oye un silencio vergonzante mientras firma un
nuevo volante. Su consulta es un trajín de mujeres entrando y saliendo y
ninguna de ellas está gorda. ¿Por qué
solo van mujeres? ¿Por qué no hay gordas? Me lo he preguntado muchas veces y
creo que ya tengo la respuesta: las gordas glotonas no han podido soportar sus
reproches, solo se mantienen las super-mujeres con ligero sobrepeso y gran
fuerza de voluntad y yo, que tengo el síndrome de Estocolmo y lo paso tan mal
como cuando iba al colegio de monjas. ¡Cómo odio a mi endocrino!
Como todas las gordas me he mentido a mí misma y he dicho
que como muy poco, que engordo cuando comen los demás a mi alrededor. He hecho
de todo en la báscula para pesar menos que la vez anterior: ir sin ropa
interior y casi desnuda, intentar ponerme en el borde, no desayunar; pero no ha servido de nada. Cada vez que me
peso tengo instalados incómodamente doscientos gramos más en mi cuerpo dispuestos a no abandonarme.
En los últimos diez años he engordado diez kilos y he desarrollado todos los efectos rebote de
una dieta aburrida: solo me gustan las comidas grasas y los dulces, odio las
frutas y las verduras. Definitivamente, al borde del infarto, como para engordar
mi colesterol, ese alien inmisericorde que tengo instalado en mi interior, que
me hace pasar hambre y que se ha
apoderado de mi voluntad. Como como
mucho, me siento culpable y como más como para fastidiarlo. Que reviente.
¡Qué envidia me dan las gorditas felices sin colesterol y sin
remordimientos!
He encontrado en la
red, la viñeta de Forges que aparecía en unas tazas de café de El País: dos
muchachas en un bar y la una le susurra a la otra: “El rubio del fondo no te
quita ojo”, a lo que la otra le contesta: “Es por mi bocata panceta… es mi
endocrino”. Gracias a Rafa García, que hizo la foto.
De repente llaman a la puerta, Etgar Keret
Ángel, seguro que este libro te gusta por la portada (¿a qué se debe esa extraña obsesión que muestras por las portadas de los libros?) y por el disparatado sentido del humor (como el tuyo) que rezuma su autor, un judío inteligente. Son cuentos sorprendentes, surrealistas, que ayudan a entretener cualquier momento, incluidos los trayectos del metro.
No soy lectora de narraciones
breves, me cuesta entrar en ellas y, cuando lo hago, me da rabia que haya
terminado tan pronto; además es difícil encontrar un libro de relatos en los
que te gusten todos.
Si pinchas el enlace encontrarás una muestra.
domingo, 28 de abril de 2013
La verdad de la señorita Harriet, Jane Harris
La verdad de la señorita Harriet, bien escrita, se lee con interés desigual. Empieza con una
trama lenta, la intriga va apareciendo en la segunda parte y se hace
vertiginosa al final. La autora nos plantea un juego muy interesante entre la
realidad y la apariencia. El punto de vista de la protagonista nos atrapa desde
el principio para hacernos dudar de lo que ha contado. ¿Es una dama encantadora
y altruista o una arpía que busca la infelicidad de los que la rechazan? ¿Por
qué su padrastro no quería ni verla? Todo parece indicar que el veredicto tiene
razón. Esta vez sí recomiendo la novela.
Como Mihura, yo siempre he sospechado de las visitas, del enemigo silencioso, de los
quintacolumnistas que poco a poco se van apoderando de ti y de tu espacio,
porque lo que quieren es huir de su aburrimiento y vivir tu propia vida.
¿Por qué no fui?
El concurso de redacción del instituto en el Día del Libro empezaba con la frase escogida al azar en un libro de lengua: ¿Por qué fui? Mientras ellos escribían intenté pergeñar unas líneas en un papel. Tuve que modificar el título con un adverbio de negación para que las musas me acompañasen porque últimamente estoy enquistada, hay demasiado ruido en unas mañanas interminables que solo puedo compensar con soledad y susurros.
¿Por qué no fui? Por el miedo a encontrarme con recuerdos del pasado, de otra época, de otra vida. No quiero ver a las personas que una vez amé y no me correspondieron, porque nunca me comprendieron. No quiero preguntas y respuestas banales, no quiero ironías ni condescendencia, no quiero ver en sus rostros los estragos del paso del tiempo ni en sus ojos la cobardía, el egoísmo, la falta de empatía. No quiero saber de su existencia porque antes buscaba su presencia. No quiero encontrar más vacío a mi alrededor. No hubo buenos tiempos, fueron unos momentos jóvenes y difíciles que intentamos llenar de cualquier manera. No quiero preguntarme por qué los deseé, si no merecen la pena, si sé todos sus miedos. No quiero encontrarme a esos profesores. No fui al funeral, porque hace más de veinte años que asistí al nuestro; no quise ir a la obra de teatro porque, en carnaval, en un portal cercano al instituto a distancia, arrojé bilis entretejida con ácido acetilsalicílico y versos malos; no me interesa saber que vives y das clases de dibujo en un pueblo de Madrid, supongo que para no se te olvide llegar pronto; ya ni te saludo, vecino, donjuán de pacotilla, camino a las tragaperras. Todos sus recuerdos fundidos en negro sólo me aportan desamor. ¿Qué fueron en mi vida? Nada. ¿Qué signifiqué yo en las suyas? Nada. Estamos en paz. ¿Por qué no fui? Por el miedo a encontrarme en el desierto agosto una mirada directa a la médula ardiente que no podría esquivar. Quería encontrarlo en la Gran Vía y, por eso, lo rehuí.
¿Por qué no fui? Por el miedo a encontrarme con recuerdos del pasado, de otra época, de otra vida. No quiero ver a las personas que una vez amé y no me correspondieron, porque nunca me comprendieron. No quiero preguntas y respuestas banales, no quiero ironías ni condescendencia, no quiero ver en sus rostros los estragos del paso del tiempo ni en sus ojos la cobardía, el egoísmo, la falta de empatía. No quiero saber de su existencia porque antes buscaba su presencia. No quiero encontrar más vacío a mi alrededor. No hubo buenos tiempos, fueron unos momentos jóvenes y difíciles que intentamos llenar de cualquier manera. No quiero preguntarme por qué los deseé, si no merecen la pena, si sé todos sus miedos. No quiero encontrarme a esos profesores. No fui al funeral, porque hace más de veinte años que asistí al nuestro; no quise ir a la obra de teatro porque, en carnaval, en un portal cercano al instituto a distancia, arrojé bilis entretejida con ácido acetilsalicílico y versos malos; no me interesa saber que vives y das clases de dibujo en un pueblo de Madrid, supongo que para no se te olvide llegar pronto; ya ni te saludo, vecino, donjuán de pacotilla, camino a las tragaperras. Todos sus recuerdos fundidos en negro sólo me aportan desamor. ¿Qué fueron en mi vida? Nada. ¿Qué signifiqué yo en las suyas? Nada. Estamos en paz. ¿Por qué no fui? Por el miedo a encontrarme en el desierto agosto una mirada directa a la médula ardiente que no podría esquivar. Quería encontrarlo en la Gran Vía y, por eso, lo rehuí.
Los profesores de literatura, Luis García Montero
Interesante artículo de Luis García Montero de Público (lectura en internet que recomiendo a todo el mundo porque encima es gratis) que me manda mi alumno Angeloxo y del que destaco las palabras que nos dedica a los sufridos profes de literatura que nos debatimos entre la realidad y el deseo:
"Los planes de estudio suponen la decisión más evidente sobre el futuro. ¿Qué lugar ocupa la literatura en los colegios y los institutos? Si pensamos en la crisis del libro, no está de más recordar –en medio de las celebraciones del 23 de abril y de las campañas oficiales de animación a la lectura- la pérdida radical de espacio que la literatura ha sufrido en ese horario escolar que luego contagia cualquier minuto y se extiende por todos los rincones de la vida. Ninguna campaña ocasional marcada por un día festivo en el calendario puede compensar la situación precaria de la literatura en los planes de estudio.
Guardo pocas certezas sobre el futuro. Una de ellas es que la debilidad de la literatura en los planes de estudio simboliza los aspectos más negativos del mundo que se nos prepara. La aspiración de formar personas ha sido desplazada por el adiestramiento en una información seca al servicio de los mercados y de la servidumbre. En medio de esta inercia, los profesores de literatura son unos verdaderos resistentes cuando procuran contagiar el amor por los libros y por la imaginación. Su vocación les lleva a no dar la batalla por perdida. A ellos les pertenece el 23 de abril tanto como a los escritores, los editores, los bibliotecarios y los libreros".
"Los planes de estudio suponen la decisión más evidente sobre el futuro. ¿Qué lugar ocupa la literatura en los colegios y los institutos? Si pensamos en la crisis del libro, no está de más recordar –en medio de las celebraciones del 23 de abril y de las campañas oficiales de animación a la lectura- la pérdida radical de espacio que la literatura ha sufrido en ese horario escolar que luego contagia cualquier minuto y se extiende por todos los rincones de la vida. Ninguna campaña ocasional marcada por un día festivo en el calendario puede compensar la situación precaria de la literatura en los planes de estudio.
Guardo pocas certezas sobre el futuro. Una de ellas es que la debilidad de la literatura en los planes de estudio simboliza los aspectos más negativos del mundo que se nos prepara. La aspiración de formar personas ha sido desplazada por el adiestramiento en una información seca al servicio de los mercados y de la servidumbre. En medio de esta inercia, los profesores de literatura son unos verdaderos resistentes cuando procuran contagiar el amor por los libros y por la imaginación. Su vocación les lleva a no dar la batalla por perdida. A ellos les pertenece el 23 de abril tanto como a los escritores, los editores, los bibliotecarios y los libreros".
domingo, 14 de abril de 2013
Lecturas no recomendadas
Es lo que tiene el e-book, las lecturas que haces son a ciegas, sobre todo si son gratuitas porque te las ha pasado la amiga de una amiga. Te mandan libros sin portada, sin que puedas hojear el contenido, sin que tengas ninguna referencia del autor. A eso se añade que lees en el metro porque gran parte de tu jornada laboral la pasas allí y sigues la lectura porque no tienes otra cosa que hacer. No recomiendo ni Mañana lo dejo ni El verano sin hombres. Ambos libros los leí porque me gustaba el título, nada más. Han supuesto una pérdida de tiempo, ¡tantos clásicos que leer o revisitar y yo con tonterías que ni siquiera me han entretenido!
El verano sin hombres es una novela feminista
bienintencionada, pero aburrida y previsible. La protagonista ha sido
abandonada por su marido y en ese verano escribe un diario sobre sus relaciones
con mujeres de todas las edades. Siuri Hustvedt es la mujer de Paul Auster. ¿A
qué averiguáis el final?
Mañana lo dejo es una
novela para adolescentes tontorronas que recuerda al diario de Bridget Jones.
La protagonista, torpe y divertida, se ha enamorado (busca desesperadamente su
media naranja) de su misterioso vecino. El libro es tan pastelero que pensé que
lo había escrito una mujer (tampoco escapo de los prejuicios), pero me he dado
cuenta al buscar información para escribir esta reseña que es un hombre. Tal
vez el descubrimiento justifique la visión tan estereotipada de los
planteamientos vitales de la protagonista. Ha sido un éxito de ventas en
Francia, pero no entiendo que le pueda gustar a alguien que tenga más de quince
años. Y el caso es que el comienzo de la novela prometía.
domingo, 31 de marzo de 2013
El hombre que amaba a los niños, Christina Stead
Leí la crítica que hizo Almudena Grandes en El País y me
pedí para mi cumpleaños El hombre que amaba a los niños . Leí el prólogo de Felipe Benítez Reyes y me
enfrenté a la novela como si se tratará
de una obra maestra. He tardado más de una semana en leerla y su lectura, a
ratos, se me ha hecho insoportable. La novela no ha respondido a mis expectativas,
es repetitiva e incongruente. El estilo
de la autora resulta cargante sobre todo en los múltiples diálogos entre el
padre y los hijos en los utilizan un lenguaje dadaista. En esta pesadilla
kafkiana, el matrimonio tiene mucho odio y
poco dinero; el padre es una mezcla de anarquista nazi que pretende
vivir con su extensa familia como en un falansterio; la madre es una Madame
Bovary, llena de deudas y de hijos. La hija adolescente del primer matrimonio
del marido ejerce de cenicienta vengativa, refugiada en sus amistades lésbicas
y en la literatura. Los niños son aparentemente felices en ese nido de cuervos. Los episodios transcurren
sin ningún interés entre escenas de malos tratos. La diferencia social entre
los personajes no justifica su comportamiento. Estaba
deseando acabarla y cuando cerré el libro, el hedor insoportable de la cocción del pez aguja en
Spa House desapareció. Por fin se acabó la pesadilla de
crueldad obsesiva y té negro.
martes, 26 de marzo de 2013
Blue Valentine
Al salir del cine tienes la sensación de que tú también has vivido algo parecido en algún momento de tu vida. A veces, has sido el chico y otras, la chica.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Quesada Graciosa: fácil y sabrosa
En el instituto es la tarta que todos hacemos para quedar bien, es muy suave y fácil de hacer (recomendada para los inútiles como yo). Gusta a todos. Nos la pasó Gracia Ramírez, profesora de Química. Es la primera receta que pongo en el blog:
Ingredientes:
Gracias, Gracia, por la tarta, por los libros, por tu amistad. No pude ir ni al tanatorio ni al funeral. Llámalo debilidad, cobardía, comodidad o falta de ganas. Tal vez te fallé. Pero sé, o quiero creer, que me comprendes.
Ingredientes:
- tres quesitos
- tres huevos
- brik de nata líquida (200 o 250 gramos)
- yogur natural
- una medida de yogur de harina
- Dos medidas de yogur de leche
- dos o una y medida medidas de azúcar
Gracias, Gracia, por la tarta, por los libros, por tu amistad. No pude ir ni al tanatorio ni al funeral. Llámalo debilidad, cobardía, comodidad o falta de ganas. Tal vez te fallé. Pero sé, o quiero creer, que me comprendes.
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Equipaje profesora,
Hogar del Empleado
Adiós, tambucho
Veinticinco años después, por fin, hacía la reforma
de su casa. Los recuerdos embalados. El alma por los suelos. Los apuntes en la
papelera. La memoria en el olvido. Las fotos a buen recaudo. El suelo, mil
veces pisado y fregado, había sido forrado con tarima flotante. Las puertas de cartón piedra, llenas de
rasguños, eran ahora de un blanco resplandeciente. Los sanitarios rotos de
color sepia inmaculadamente sustituidos. Ya no había grifos goteando por la cal, ni nidos de cable escalador por las paredes. La regleta del aire acondicionado había desaparecido
a golpes de albañil y de talonario,
incluida la mordida para Hacienda. Pero de lo que más liberada se sentía
era de soltar lastre, de deshacerse del tambucho, de la caja situada encima de
la ventana del salón dentro de la cual se enrollaba la persiana. Bonita palabra
que se convertía en la metáfora de estos años con abultados recuerdos,
impregnados de polvo, descascarillados, estancados y retorcidos. Tenía la
esperanza de que con la pérdida irreparable del tambucho desapareciera también
el insistente dolor de muelas, que tenía instalado en la mandíbula hacia más de
tres meses, sin que los antibióticos le hubiesen ganado la batalla a la
infección que anidaba en lo más profundo de la raíz; pero no ha sido así, la muela deberá ser arrancada como el tambucho.
viernes, 8 de febrero de 2013
Antigua luz, John Banville
«Billy Gray era mi mejor amigo y
me enamoré de su madre. Puede que amor sea una palabra demasiado fuerte, pero
no conozco ninguna más suave que pueda aplicarse.»
Buen comienzo para una novela y sorprendente final, que no cuento. Un actor de teatro recuerda su iniciación
sexual a los quince años en un pequeño pueblo de Irlanda en los años cincuenta.
Al mismo tiempo entabla relación con una
joven actriz que ha intentado suicidarse y busca las claves del suicidio de su
hija en la costa italiana. Pero lo mejor de la novela es cómo está escrita.
Como dice su autor, John Banville: “Lo siento, la escritura
es mucho más interesante que la vida”.
Nota: La protagonista de Antigua luz es la señora Gray, el libro es
erótico como sugiere la portada, pero no hay que confundirlo con el erotismo
barato de "Cincuenta sombras de Grey".
sábado, 2 de febrero de 2013
Casa de verano con piscina, Herman Koch
domingo, 27 de enero de 2013
Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan
Nada se opone a la
noche es la historia de una familia como cualquier otra, aunque no lo parezca, lo que ocurre es que en
ella se dan con más profusión que en otras suicidios, accidentes, adopciones, embarazos
adolescentes, alcoholismo, ataques psicóticos, incestos... Y estos se cuentan sin ningún tipo de pudor, probablemente porque están educados fuera de cualquier sentimiento religioso de culpa. La autora, Delphinede Vigan, trata de indagar en la vida de su madre para comprender su anunciado suicidio
y así encontrar su propia paz. La novela es
desigual en el estilo y en cierto modo predecible; sin embargo va directamente a nuestros
sentimientos y a nuestra memoria. Se sigue con interés.
La primera parte es la historia autobiográfica de los
abuelos y su familia numerosa, la vida alocada y feliz de la infancia, aunque no exenta de tragedias. La
segunda parte es la historia de Lucile, madre casi adolescente con un trastorno
bipolar, y de la relación con sus hijas. Entrelazadas a estas historias aparece
el problema de cómo conseguir que el relato fiel a la realidad, para ello la autora utiliza distintos testimonios.
lunes, 21 de enero de 2013
El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles) de Víctor González
Un libro de cuentos (Anaya 2006) para todas las edades y para saborear a pequeños sorbos, lleno de
humor gallego y de guiños a la literatura. Está magníficamente ilustrado.
Pinchando en el enlace de su autor se pueden leer algunos. Destaco: El cuento
de la lechera, Honolulú existe, la máquina de cuentos, El prólogo más largo del mundo y los patos de
Chelm que transcribo:
Este cuento no es mío sino de
Samuel Tenenbaum, pero es tan bueno que lo pongo aquí igual.
«Los habitantes de Chelm conocen una manera
infalible de distinguir un pato de una pata. Le tiran un trozo de pan. Si el
pato corre en su busca, es pato; si es la pata la que corre a buscarlo, es
pata.»
domingo, 20 de enero de 2013
Misteriosa reducción de la letra de los periódicos y de los asientos de los vagones del metro
Con los asientos del metro está pasando lo mismo que con la letra
de los periódicos, ambos están reduciendo misteriosamente su tamaño. Un día,
inexplicablemente, se van haciendo muy pequeños
y te preguntas por qué no los harán más grandes, total qué más les da.
Parece una conjura para los mayores de cuarenta años. Primero pruebas a acercar y
alejar el periódico, pero ni por esas. Has entrado en la espiral de la vista
cansada sin que nadie te haya avisado. Compras con vergüenza unas
lentes de una dioptría en un todo a cien y ya estás perdida, ya no
podrás vivir sin ellas, el cuerpo de la letra ha recobrado su tamaño original y
además con luz, no como en los libros electrónicos donde todo es gris (excepto
los caros y de última generación). Pero la alegría, como el enamoramiento, dura
poco. En seguida el fenómeno paranormal del oscurecimiento del papel y el empequeñecimiento de las letras hasta el tamaño de hormigas vuelve a ocurrir: pasas en pocos meses de una dioptría a tres.
¡Dios mío, si esto sigue así tendré que ponerme dos lupas en los
ojos! ¿Por qué los actores de Hollywood no las utilizan? ¿Por qué me está
pasando sólo a mí? Te gastas un dineral en gafas porque las pierdes en todas
partes, las rompes porque te sientas encima de ellas, las patillas se caen con
tanto tira y afloja, los cristales están siempre sucios y sirven de imán para cualquier tipo de comida. Sin darte cuenta pasas a estar colgada de unos anteojos,
ahorcado por una cadena que te condena a vivir dependiente con la fecha de
nacimiento escrita en la cara. Asustada, acudes al oftalmólogo que te recibe
con tus mismas gafas de presbicia anidadas en la punta de la nariz y te dice
que es irremediable, que solo se solucionará cuando tengas cataratas, la única
noticia buena que te da es que de cuatro dioptrías no pasa. A tus
alumnos se lo pones fácil, ya eres fácilmente parodiable.
Pues ahora, con más de cincuenta (años, no dioptrías), me está ocurriendo el mismo fenómeno con los
asientos del metro: se están haciendo cada vez más pequeños. Otra confabulación
inexplicable. Al principio pensaba que los estaban reduciendo para que cupiera
más gente sentada o que me había tocado el transeúnte gordo. ¡Mira que culo
tiene, invade mi sitio! ¡Es que con los abrigos es muy difícil moverse! Empecé
a utilizar los asientos externos para poder desenrollar sin dificultad mi
periódico al mismo tiempo que el cordón de mis gafas, lo que tiene su
intríngulis, mientras el viajero de al lado se removía y me clavaba su codo.
¡Qué impertinente, se cree que todo el asiento es para él! Hubo un día en que mi
vecino se levantó después de rezongar ininteligiblemente. Hoy, por culpa de la
publicidad, el espejo del probador de las rebajas me ha contestado a una
pregunta que no le he hecho: estás poniéndote gorda como una foca, a tu lado,
en el metro, no se sienta nadie porque
no cabe.
¿En qué libro de texto te enseñaban que con la edad todos los
cuerpos se expanden con gafas colgadas del cuello? Pues yo, para
remediarlo, no pienso volver a leer sentada en el metro y, menos aún, ponerme delante de un espejo acusador con voz de malvada madrastra.
sábado, 19 de enero de 2013
Ángel Lucas, parecido razonable
A Ángel Lucas, con su torpe aliño indumentario, me lo encuentro cada cierto tiempo en el ascensor de Conde de Toreno. Trabaja en el Ministerio de Injusticia y antes fue alumno, delegado de clase y administrativo del Colegio Covadonga. Es un seguidor fiel que me recomienda libros y me hace acertados y divertidos comentarios. Algunos de sus escritos los he utilizado como ejemplo en el blog. Le he visto crecer, pero no he conseguido enterarme bien de todo su historial amoroso por distintas zonas de Madrid. Ahora anda por la Fuente del Berro con una estela de hijos adoptivos. Angeloxo, acuérdate de mandarme el libro que me prometiste.
Etiquetas:
Equipaje profesora,
Hogar del Empleado
domingo, 13 de enero de 2013
Ediciones Pregunta
David Francisco, mi querido ex alumno del IES Luis Buñuel, vino a enseñarme su primer hijo, un libro de relatos. Ha sido una niña, pequeña, sonrosada, guapa, producto de muchos meses de trabajo, que viene con un pan debajo del brazo: un proyecto de futuro. Los dos la mirábamos arrebolados.Lecturas navideñas
Estas navidades he leído con emoción e interés Shefarad de Muñoz Molina, el
libro me había echado para atrás varias veces por su desagradable portada, pero
su lectura ha sido como una intensa lluvia en tiempos de sequía. Absolución de Luis Landero ha hecho que los trayectos en metro sean una delicia, aunque el final me ha defraudado un poco. El protagonista del libro
es un inolvidable ser solitario, apático
y divertido, que huyendo de sí mismo, va en busca de la felicidad para acabar huyendo de la felicidad en busca de sí mismo. Los dos libros me
han servido para conocer más a los dos autores y, sobre todo, para quererlos. He
aquí una muestra de la acertada visión del profesorado que tiene el autor (quién lo probó, lo sabe):
"Y luego estaban los profesores. Había que verlos. Unos
parecían descorazonados, otros cansados o aburridos, otros lo confiaban todo a
la severidad y a la eficacia, y otros fingían un dinamismo que quería ser sincero
y contagioso pero que a Lino le recordaban a esos payasos de circo que, de
pueblo en pueblo, se esfuerzan cada noche en divertir a la concurrencia porque
no tienen otra opción, porque ese es su oficio y en él han de poner lo mejor de
su talento, de su pasión, de sus a veces escasas energías. Parecían buhoneros
yendo y viniendo con sus fardos de sabiduría a cuestas, subiendo y bajando por
valles y collados, escaleras arriba a, escaleras abajo, a campo través por los
pasillos. Y si eran dignos de admiración, también daba un poco de lástima el
verlos allí, adultos y tan sabios como eran, y algunos eran viejos, mezclados
siempre con los muchachos, condenados a convivir con la incansable, y cansina,
y bullanguera juventud".
Misión Olvido de
María Dueñas es, como su propio título indica, un libro para olvidar. El tema a
priori parecía interesante (exiliados españoles en EE.UU), pero el desarrollo de la trama, los personajes
y el estilo resultan perfectamente
olvidables. En esta novela tan desigual solo se salvan algunas historias
secundarias.
La trayectoria de Muñoz Molina y Luis Landero es la dos magníficos escritores de escritura magnética, siempre tienen algo
interesante que contar con ironía y sentido del humor. María Dueñas, hasta ahora, parece una mediocre
escritora de estilo romo que una vez tuvo la suerte de contar una buena
historia en forma de ameno folletín.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Los funcionarios: además de insultados, apaleados
El año pasado no falté ni un solo día a clase. Tuve suerte porque gocé de buena salud. Este año, en cambio, llevo dos constipados y una conjuntivitis. He ido a clase en unas condiciones pésimas: casi sin ver y con la garganta destrozada. He tirado tanto de mis reservas que al final he tenido una infección grave de garganta con fiebre que me ha forzado a estar en cama más de tres días. Finalmente, la salud es más importante que la economía, y la enfermedad me supondrá 150 euros de penalización más 20 euros en medicinas que no cubre MUFACE. Todo porque la CAM ha establecido una Ley con afán recaudatorio contra el absentismo de los funcionarios que penaliza al enfermo. Todo esto el mismo año en que me han subido el IRPF y me han quitado la paga extra, pero me hacen pagar los descuentos correspondientes a su parte. Todo esto el mismo mes en que todavía no me han pagado el trienio y el plus de tutoría que me deben desde septiembre.
Tengo suerte porque tengo trabajo en un país en el que nadie
trabaja (demasiado trabajo, diría yo: dos horas lectivas más y dos horas y
media más de dedicación sin derecho a tomarme un bocadillo, en contra de lo que
dice el Estatuto de Trabajadores). Tengo suerte porque me han reducido una hora
lectiva por mayor de 55 años, cuando me correspondían tres. Tengo suerte porque
me han adjudicado una tutoría con un plus de 70 euros que me obliga a tener dos
horas más complementarias de atención a padres y de reuniones con el Departamento
de Orientación. Tengo suerte porque tengo un gobierno que está haciendo
esfuerzos por salir de la crisis a costa de mi salario y de mis derechos. Tengo
suerte porque soy una privilegiada
profesora de la pública. Si el Estado trata así a sus trabajadores, no nos
extrañemos de cómo está tratando a los demás colectivos.
Ahora les ha tocado a los sanitarios, ya han empezado con
los insultos, que si todos los médicos trabajan por la tarde en la privada, que
si son unos privilegiados... Los tertulianos en las televisiones lanzan sus
consignas paniaguadas sin ningún pudor como ya lo hicieron el año pasado con
los profesores. Pero todos tenemos bien claro que mientras la mayoría de los contribuyentes
lleva a sus hijos a los colegios privados (las políticas educativas han sido desastrosas); la mayoría de los españoles quieren
ser atendidos en la pública. Espero que esta vez no les salga bien su política
de acoso y derribo para crear el despotismo demócrata más aberrante y terrible de
principios del siglo XXI: todo contra el pueblo.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Me manda Stradivarius, Rodrigo Brunori
Me la regaló mi compañero Guillermo Cabañas. A ver qué te parece. Tardé en leerla. “Otra novela histórica, qué pereza”. No conocía nada de la obra ni del autor. A veces nos dejamos seducir por la publicidad. Pero en cuanto empecé a leerla no pude parar. La trama es mínima, el placer de su lectura, máximo. Relajación, tranquilidad, gusto por el trabajo bien hecho. Tres personajes solitarios: el luthier (envidioso de Stradivarius), el enigmático ayudante y el hijo, un poco autista y epiléptico. Un nexo común: el gusto por la música y, en concreto, por el violín en la Italia del siglo XVII. El deseo de construir un violín perfecto con pedazos de envidia, codicia, odio, amistad y solidaridad. Un escritor primoroso que busca en todo momento la palabra adecuada con el mismo esmero con el que estudia una partitura. Una obra poco habitual por lo bien escrita. Técnica y arte. “Me parece genial, ahora háblame de su autor”.
Sentencia indemnización por exceso de horas lectivas (CHL)
Por fin tengo la resolución a mi favor del contencioso administrativo,
que tuve con la Comunidad de Madrid en 2009, por haberme dado un horario que no
se ajustaba a la ley (2 horas de compensación horaria por cada hora que
excediese las 18) porque sólo me redujeron una hora. Lo incluyo por si sirve a
cualquier persona que esté en mi caso. La CAM tendrá que pagarme dos horas
extraordinarias a la semana por nueve meses. No sé a lo que asciende la
cantidad, porque es lo de menos, ya me he gastado bastante al reclamar porque
no estoy sindicada. Sé que se ha hecho justicia, aunque haya llegado tarde (ya se ha cambiado la Ley). Lo hice para que no se volviese a repetir. Desde aquí animo a reclamar a todos los que se sientan perjudicados
injustamente.
Lo tremendo no es que pasara el año más duro de mi vida
laboral, sino que, si el director hubiese sido una persona dialogante, se hubiese
podido arreglar; pero lo hizo mal a sabiendas porque quería darme una lección,
como me dijo verbalmente y sin testigos, porque yo había osado enfrentarme a él y le
estaba desacreditando públicamente (todavía hoy sigo sin saber a qué se
refería). En realidad le tendría que haber demandado por acoso laboral, pero
ese es un camino muy duro para el que no estaba ni estoy preparada.
En el blog he ido dejando pequeñas pistas, todas posteriores
a los hechos, para que el lector
inteligente sepa toda la historia. Solo es necesario pinchar a la derecha en
IES Vista Alegre y saldrán todas las entradas. A continuación copio mi recurso
de alzada de Diciembre (después de cinco horarios) que dio lugar a todo el
proceso y que explica mejor y de una
forma más clara lo que la sentencia falla a mi favor.
Mientras se puso en marcha el contencioso, recibí como respuesta a uno de mis escritos el informe peor redactado que he leído en mi vida (23/2/2010). Evito citar el nombre del autor porque da vergüenza ajena, lo mandaron desde el servicio de Planificación y Org. Educativa de Centros Públicos (así nos va):
"El horario reúne los requisitos establecidos en la instrucción 77, citada anteriormente, para que pueda ser considerado excepcionalmente puesto que los profesores del departamento de lenguaje no imparte materias que no sean del departamento, las horas de tutoría no son ajenas al departamento al poder ser impartidas por todos los profesores independientes de su especialidad ya que forman parte de la función docente, y lo exige la distribución horaria que los profesores han hecho en el departamento al comienzo del curso".
PD. Si alguien quiere ver los documentos citados, que se ponga en contacto conmigo.
Mientras se puso en marcha el contencioso, recibí como respuesta a uno de mis escritos el informe peor redactado que he leído en mi vida (23/2/2010). Evito citar el nombre del autor porque da vergüenza ajena, lo mandaron desde el servicio de Planificación y Org. Educativa de Centros Públicos (así nos va):
"El horario reúne los requisitos establecidos en la instrucción 77, citada anteriormente, para que pueda ser considerado excepcionalmente puesto que los profesores del departamento de lenguaje no imparte materias que no sean del departamento, las horas de tutoría no son ajenas al departamento al poder ser impartidas por todos los profesores independientes de su especialidad ya que forman parte de la función docente, y lo exige la distribución horaria que los profesores han hecho en el departamento al comienzo del curso".
PD. Si alguien quiere ver los documentos citados, que se ponga en contacto conmigo.
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