lunes, 29 de mayo de 2017

Alabama Monroe, película belga

El sábado por la noche, sin saber qué hacer, encendí la tele y puse el cine europeo de tv2 que lo dan sin anuncios. No tenía ni idea de lo que ponían, es más, me extrañó el título, Alabama Monroe, y pensé: " Vaya timo, si la peli parece americana", menos mal que el periódico me informó de que era belga y había sido nominada al Oscar a la mejor película extranjera en 2012. Al rato estaba subyugada por la música, las imágenes y el atractivo de los protagonistas; a la media hora empecé a llorar de la emoción y no pude parar hasta el final. La historia es simple: chico conoce a chica, él es un músico apasionado, un soñador antisistema, y ella es una tatuadora profesional y partidaria del pensamiento mágico. Viven alejados de la ciudad y, sin quererlo, tienen una hija con la que comparten su felicidad hasta que enferma de cáncer y todo se viene abajo, empiezan los reproches y la desintegración de sus vidas. La historia no está contada de forma lineal y no cae en el melodrama porque se redime con la música country, especialidad “bluegrass”, que es el eje central. Y es que la vida es así, como la película, está llena de amor, desamor, felicidad, sexo, dolor, muerte, duelo y música.

sábado, 20 de mayo de 2017

Juan Beltrán Cruz, profesor y periodista

Siempre es una alegría encontrarte con antiguos compañeros que además son amigos, Juan Beltrán es uno de ellos. Cuando le hicimos la entrevista para el periódico del instituto, con un titular llamativo por su ambigüedad, había dejado de dar clase en la cárcel y estaba estudiando periodismo, su gran pasión. Todavía sigue en la enseñanza, es más joven,  y colabora en la sección de cultura de La Razón. Destaco la estupenda entrevista que realizó al escultor Martín Chirino.


viernes, 19 de mayo de 2017

Amor gatuno

Le gustaban los animales. Alguna vez llegó a pensar que prefería los cachorros a los niños. De pequeña alimentó con su boca a un gorrión que acabó aplastado por el culo de una pariente. Como siempre estuvo de la ceca a la meca, no pudo tener ninguna mascota propia y acariciaba a cualquier perro o gato que encontrara en su camino. Invariablemente, ellos la perseguían con un amor incondicional. Solo consiguió tener periquitos y canarios, a los que liberaba de su jaula. Estos, henchidos de amor, acababan buscando cobijo y calor en su cuello, mientras que a los demás miembros de su familia, encargados de limpiarlos, solo les picoteaban en la cabeza. En el chalé donde veraneaba, reunía a todas las mascotas de la vecindad sin utilizar ninguna flauta, los hipnotizaba en silencio con sus manos delicadas y bellas. Su admirador más insistente era el gato blanco de los vecinos que, agitando su cascabel, se paseaba majestuosamente a su alrededor para acabar acurrucado en sus pies. Septiembre suponía la vuelta a la rutina, se cerraba la casa y se disolvía la corte de mascotas. Cuando volvió por Navidad, se encontró con un espectáculo dantesco al abrir su habitación. Entre un olor nauseabundo, la ropa de la cama revuelta y rasgada, el colchón carcomido, los visillos llenos de heces, yacía, casi momificado, el gato. Se había quedado encerrado en la habitación de la amada cuando silencioso la siguió para ver cómo preparaba la maleta. Al saludar a los vecinos, se enteró del disgusto que tenían por la desaparición del gato. Reprimió sus lágrimas y calló sobre su muerte en su cárcel de amor. Hoy todavía se pregunta cómo nadie oyó sus desesperados maullidos. 

martes, 16 de mayo de 2017

Pilates/dislates

El método Pilates es un sistema de entrenamiento físico y mental creado a principios del siglo XX por el alemán Joseph Hubertus Pilates, que lo ideó basándose en su conocimiento de distintas especialidades como gimnasia, traumatología, ballet o yoga, uniendo el dinamismo y la fuerza muscular con el control mental, la respiración y la relajación.




Lo que más me gusta es estar en casa relajada y leyendo. Siempre odié la educación física (gimnasia en mi época) y ahora que me vienen todos los males de la senectud, me veo obligada a hacer algo que beneficie a mi cuerpo y, por ende, a mi alma. Así que decidí apuntarme a Pilates que todo el mundo dice que es estupendo. Me incorporé cuando el curso ya estaba empezado y el primer día a punto estuve de ponerme a llorar en mitad de la clase. "Haz lo que puedas, tú conoces mejor tu cuerpo que nadie", me dijo el profesor. No había sitio para poner la esterilla, ni oía ni veía, era imposible realizar los ejercicios que todo el mundo se sabía de memoria. Cuando intentaba repetirlos después de haber convertido mi cuello en un telescopio, ya habían pasado al siguiente; si todos se giraban a la derecha, yo lo hacía a la izquierda; no sabía respirar con el diafragma y me faltaba el resuello. Pero lo peor vino cuando nos tumbamos boca arriba y comenzamos a hacer abdominales, las posturas eran imposibles y me sentía como Gregor Samsa aleteando mis extremidades sin orden ni concierto, tratando de estirar unos músculos que ni sabía que existían. El tiempo se me hizo eterno, al final me incorporé como una anciana de noventa años y llegué a casa tan dolorida que me metí en la cama. Intenté buscarme excusas, pero volví a la tortura como el asesino al lugar del crimen. Poco a poco he ido interiorizando los ejercicios, la clase se me pasa más rápida, pero en ningún momento he tenido la sensación placentera que produce el dominio del cuerpo como recompensa al esfuerzo. Mis compañeros, llenos de endorfinas, están encantados como si perteneciesen a una secta. Solo me consuelo cuando llega un alumno nuevo y le cuesta tanto esfuerzo como a mí. La única ventaja del método es que no hay que dar saltos, las tetas no se mueven, se suda poco y el corazón no se te pone en la boca. ¡Cómo admiro a los gimnastas! Y digo yo si a los normalitos no nos vendría mejor andar y follar más y dejarnos de dislates.

domingo, 14 de mayo de 2017

La Escuela Normal



Mi prima Marisa y yo estábamos hablando de lo extraño que nos pareció que en las labores de nuestra abuela, Carmen Prats, que habíamos encontrado en un arcón en el pueblo, apareciese un sello de Escuela Normal de Castellón, cuando pensábamos que había estudiado en Valencia, ya que había nacido en Onteniente. Mi sobrina Marta, que nos escuchaba casi sin prestarnos atención y que casualmente estaba cosiendo, se quedó sorprendida y exclamó casi enfadada:
-¡Qué fuerte! Entonces, ¿los niños con problemas iban a una escuela "anormal"?.
Entre carcajadas le explicamos que ese era el nombre que se daba a las escuelas de magisterio antes de los años 70. El término proviene del francés école normale y su objetivo era establecer las normas o modelos de enseñanza. En España, en agosto de 1834 se creó en Madrid una Escuela Normal de Instrucción Primaria para formar maestros idóneos. El 8 de marzo de 1839 se inauguraba en el número 80 de la calle Ancha de San Bernardo, la Escuela Normal-Seminario Central de Maestros, que ocupaba el antiguo convento desamortizado de religiosas franciscanas de Santa Clara, lugar donde hoy se encuentra el IES Lope de Vega.  En 1848 se dispuso establecer Escuelas Normales en todas las provincias. 
Por lo que sabemos, mi abuela debió estudiar magisterio sobre 1.905 porque es la fecha de un cuadro pintado al carboncillo que parece un trabajo de clase. 

viernes, 12 de mayo de 2017

El tornillo, microespacio feminista

Irantzu Varela nació en Portugalete (Vizcaya) en 1974. Periodista y activista feminista desde hace muchos años, es conocida por su microespacio feminista en La Tuerka, llamado El Tornillo. Sus vídeos se encuentran en la web de la cadena, en Público TV o en Youtube. En ellos vemos como semanalmente con mucho humor aborda en cuestión de cinco minutos, un tema específico sobre feminismo, que puede ir desde la custodia compartida, hasta una crítica al machismo en los medios de comunicación, pasando por una protesta a los cánones de belleza que impone el patriarcado. “Yo creo que como dice Simone de Beauvoir que mujer no se nace, sino que se hace a través de un proceso de socialización que te impone cómo debes de vivir; lo que se considera feminidad en esta sociedad”.
Aquí os dejo algunas muestras de su trabajo:




domingo, 7 de mayo de 2017

Regalarte/regalar arte/el arte de regalar

Regalar es un arte y regalar arte lo es aún más. Siempre me acuerdo de la anécdota que contaba Agustín, un compañero de instituto, para ejemplificar los regalos envenenados. Un amigo suyo pintor les regaló un cuadro. No les gustaba y, después de ponerlo en un pasillo, decidieron bajarlo al trastero. El problema era que ese amigo los visitaba una vez al año y estaban obligados a subirlo, hasta que se les olvidó y pasaron el momento más vergonzoso de su vida. Esto pasó mucho antes de que en la película francesa Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014), en una escena hilarante los padres de Ségolene, artista plástica, casada con un banquero chino, hicieran exactamente lo mismo que mi amigo Agustín.
A mí, que solo soy aprendiza, me ha ocurrido algo parecido al revés. Se casaba la hija de mi mejor amiga y, como tenía de todo, decidí regalarle un cuadro hecho por mí a propósito que me llevó algunas horas y que me parecía moderno y colorista, de acuerdo con la personalidad de la regalada. Y cuál fue mi sorpresa cuando su madre me contó que no era del agrado del novio y que no lo iban a colgar en su casa.  No sé si agradecer tanta sinceridad. Ahora me explico por qué tengo mis paredes llenas de óleos pintados por mí.