domingo, 23 de abril de 2017

Las mil grullas, Juan Bautista Gallardo

Los profesores no dejamos nunca de serlo. Mientras yo les explicaba a mis colegas jubilados el relato de Elsa Bornemann Mil grullas y la actividad tan interesante que hice con mis alumnos en clase, Juan Bautista realizaba con movimientos sabios y precisos una grulla en papel verde. ¡Cuánta belleza puede salir de unas manos delicadas!  Hoy he recibido esta hermosa reflexión sobre la figura mítica de la grulla en la cultura nipona.

 LAS MIL GRULLAS 

       La grulla es la figura más famosa y más mítica de la papiroflexia mundial (lo que llaman origami en japonés). Tiene un origen tradicional, lleva siglos haciéndose en Japón. Igual que la pajarita en España, otra figura mítica para nosotros, tradicional y ya citada por escritores desde hace siglos. La grulla se difundió por todo el mundo a lo largo del siglo XX, como se difundió toda la papiroflexia tradicional de cada zona al resto del mundo. 
      Había en Japón una leyenda según la cual plegar una grulla produce un efecto beneficioso, se cumple un deseo del corazón, y regalarlas es transmitir un deseo. Estas grullas se pueden colgar del techo insertadas en un hilo, como las cuentas de un collar, en un grupo de cinco, número básico en la cultura japonesa. No en vano tenemos cinco dedos. Nosotros al comprar vasos, platos o huevos, los compramos de seis en seis, el 6 es un número básico en nuestra cultura. En Japón es el número 5. 
      Pero si se doblan mil grullas, se consigue un deseo importante, como la curación de una enfermedad o una larga vida. Las mil grullas se van insertando en hilos, y las ristras se apilan o se cuelgan juntas, en número par, por ejemplo 50 de 20 grullas, o 40 de 25, formando un tapiz multicolor, que recibe el nombre se "senbazuru", lo que significa exactamente "mil grullas". Es un valioso presente para un recién nacido, o para un profesor hospitalizado, realizado colectivamente por los alumnos. (En Japón es muy valorada la profesión de maestro. Toda la población, excepto los profesores, está obligada por tradición a inclinar la cabeza ante el Emperador).
      La realización colectiva es una actividad muy emotiva. La noche posterior al tsunami de marzo de 2011, en la casa de Japón en Madrid se juntaron docenas de aficionados para plegar grullas durante horas. Es un acto teñido de espiritualidad, algo parecido al rezo en las religiones mediterráneas.
      En 1945 Sadako Sasaki, una niña de dos años, que vivía cerca de Hiroshima, sufrió los efectos de la radiación de la bomba atómica. Diez años después, como muchas otras personas, y más los niños, desarrolló una leucemia maligna. Sadako en el hospital comenzó a plegar grullas, esperando llegar a 1000, y esperando su curación. Lo difícil era conseguir el papel, utilizaba envoltorios de todo tipo, sus amigos le traían papel, pero solo consiguió 644. Sus compañeras de colegio completaron las 1000 grullas y la enterraron con ellas. La historia de Sadako se difundió mucho y se hizo muy popular, hoy diríamos viral, y ha dado pie a documentales, cuentos, e incluso hay un monumento a Sadako en el parque de Hiroshima. Hoy día, más de sesenta años después de su muerte, siguen llegando cada día a la tumba de Sadako grullas realizadas por escolares de todo el mundo.  
      La grulla se ha convertido, a partir de esta historia, en un símbolo de la paz mundial, en un referente para los movimientos pacifistas. Cada vez que plegamos una grulla estamos contribuyendo un poquito a la paz mundial. Y si la regalamos, estamos transmitiendo un deseo, un sentimiento de solidaridad, de hermandad entre los seres humanos.
      Realizar una grulla es muy fácil, solo son diecisiete pliegues. Hoy con vídeos, o mejor con un amigo al lado que te dirija, es muy fácil. Busca un cuadrado de papel, y... anímate.





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