sábado, 20 de febrero de 2016

Albañil a la fuga (1)

Llevo exactamente diez meses de calvario. Los que ha durado la obra en casa de mi madre, que estaba sin reformarse, excepto la cocina, desde el año 64.  La experiencia previa que hemos tenido de pequeños arreglos ha sido tan mala (en una entrada ya expliqué que el Corte Inglés nos timó 150 euros) que acabé acudiendo a un albañil del barrio que previamente me había hecho una reforma de puertas y suelo en mi casa. No quedó del todo bien, pero siempre me han dado pena los pequeños autónomos que luchan por sobrevivir y pasé por alto muchas de las deficiencias porque sé que algo siempre sale mal y él parecía de fiar, me ayudó a colocar la casa después y conocí a su familia que era encantadora. ¿De cara? Regular,  ni precios tirados ni se subía a la parra. Mi obra acabó bien, salvo algunas cosas, incluso le llegué a incluir en mi blog con una entrada elogiosa (soy una ingenua) titulada: No hay deuda ni plazo que no se cumpla y que ya he borrado. Es más, pensé que había conocido a alguien que merecía la pena.
Pero la reforma de la casa de mi madre fue total, a la mitad del trabajo descubrimos que las tuberías eran de plomo y los cables de la luz de papel. Lo que iba a durar tres meses (de mayo a julio) no se ha terminado todavía.  Encima hemos sido denunciados al Ayuntamiento por un vecino. Los azulejos se pusieron torcidos, el suelo cruje, las puertas no encajan, las ventanas no son aislantes y se oye el ruido de la calle más que cuando eran de hierro. Han desaparecido la mayoría de los enchufes, el cuarto de baño huele a cloaca, se ha unido una tubería de hierro de la calefacción a una de cobre y se creó una fuga de agua que ha estropeado la tarima, el rodapié y  los muebles nuevos de una habitación. Todavía hay un agujero de tamaño de un obús en la pared. El armario empotrado tenía la barra tan alta que teníamos que saltar para poner las perchas. Resumiendo: una chapuza en toda regla que ha costado millones de pesetas (no me hago al cálculo en euros).
El albañil ha abandonado la obra más de tres veces antes de darse a la fuga, alegando problemas con los suministros; se ha inventado enfermedades de su madre y suyas, incluso una operación,  para dar pena. No ha sabido manejar los tiempos y los materiales que ha utilizado son baratos y de poca calidad (nos ha llevado a sitios donde le hacían descuento y estaban en liquidación), ha contratado a carpinteros, fontaneros y electricistas que no están preparados para su trabajo y, cuando había que reclamar, desaparecía. No se ha hecho responsable de sus errores.  Me he tenido que hacer una experta en aluminio, electricidad y carpintería para pelearme con ellos. Siempre he pensado que el refrán Bien está lo que bien acaba es cierto; pero aquí no se ha cumplido.  
Me siento como una mujer a la que el novio le ha salido rana. El albañil ha salido chulo y  estafador, además de carero, porque promete cosas que están fuera de su alcance. He descubierto que a los mentirosos, que juran en vano, el olor les delata. No sabe hacer de maestro de obras, la obra le ha venido grande.  Le debería denunciar  por negarse a emitir factura, por incumplimiento de plazos  y por estafa, entendiendo como tal recabar un dinero por un servicio que no tiene intención de satisfacer.  Ahora sé que tiene una mala fama merecida en el barrio, que ha sido llevado a los tribunales y ha perdido. No tiene seguro porque le han echado de todos y lo único que le gusta es ver trabajar a los demás, beber y contar chistes. Me parecía listo y es un listillo de poca monta, Otilio y Pepe Gotera todo en uno.
Solo me quedaría denunciarle, proceso lento y costoso que prolongaría la agonía. En lugar de eso, lo desenmascaro en mi blog (Manolete, si no sabes torear, para que te metes) como aviso de navegantes para que sepan cómo es su forma de trabajar, aunque no cite ni su nombre ni sus apellidos.
 Incluyo recomendaciones antes de hacer una obra, sobre todo si sois mujeres solas y no tenéis ni idea de albañilería:
·        Es mejor invertir tiempo en tenerlo todo bien atado antes de la obra que es cuando tienes energías. Te evitará muchos sinsabores.
·        Pedid siempre varios presupuestos y contactar con empresas solidas. Poneos en manos de un arquitecto o aparejador. Al final la obra saldrá más barata.
·        Desconfiad del que viene a trabajar sin materiales: cintas métricas, bolígrafos,  escaleras, trapos, herramientas, si lo hace el primer día, lo hará durante toda la obra.
·        Pedid permiso siempre al ayuntamiento.
·        Vigilad que tengan seguro y que se hagan cargo de los desperfectos que puedan causarte a ti y a los vecinos.
·        No te fíes nunca de las personas que se hacen las simpáticas y son dicharacheras. Ante todo seriedad y eficacia. Que sean resolutivos y no te cuenten pamplinas, ellos son los expertos y tienen que salir del atolladero sin quejas.
·        Las facturas siempre con iva en tres plazos, dejando siempre para el final una cantidad  elevada. Así podrás demandarle. No entregues ninguna cantidad fuera de plazo, aunque te lloren.
·        Poned en el contrato que se penalizará el incumplimiento de plazos en la terminación de la obra. Es la única manera de que se pongan las pilas.  
·        Que se cumplan los horarios laborales. Nada de trabajar sábados o domingos. En ningún caso hará que la obra se acelere.     
 Inhabilitad la nevera cuando hacen la obra, aunque sea el mes de agosto, porque como te descuides, te la llenan de comida y bebidas alcohólicas. Desgraciadamente, tratar bien a las personas en este gremio no supone que te vayan a tratar bien a ti. El intrusismo y la crisis ha hecho estragos en la profesión.

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