lunes, 9 de diciembre de 2013

Maritú

La mujer delgada, vestida de negro y peinada con un moño, se acercó sigilosamente a la cama donde había dado a luz su hija, acarició la frente sonrosada de la criatura y sentenció:
- Es nena, vivirá
Ella sabía de estas cosas, había parido cinco hijos y solo le habían sobrevivido las hembras, como era costumbre en su familia. A esa niña le siguieron otras, en total tuvo seis nietas que se criaron sanas y rollizas. Todas se llamaban María: Maricarmen, Marialuisa, Maritere, Mariaisabel, Mariángeles, Mariadolores.  La abuela ideó un plan infalible para no equivocarse con sus nombres: a todas las llamó Maritú. Siempre había una Maritú para ayudarla a levantarse, para rezar el rosario, para encender las velas, para hacer un recado.  Pero todas las Maritús se sintieron ninguneadas y no demostraron ningún afecto por esa figura de corazón helado, forjado en las desgracias, que siempre tenía un reproche en la boca.
- Ahora os reís, pero acabaréis llorando.
Las Maritús no tuvieron ningún éxito con los hombres, se quedaron en un matriarcado forzoso: tres solteras, una viuda, una separada y una madre soltera. Sólo tuvieron hijas que perdieron el María delante del nombre en rebeldía con su abuela, una mezcla entre doña Perfecta y Bernarda Alba, pero que conservaron una m en la inicial: Marta y Miriam. Como estaba previsto, las bisnietas sobreviven con buena salud y su color preferido es el verde.

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