jueves, 15 de agosto de 2013

La buena y la mala suerte

Cuando era pequeña me impactó una escena de Ben-Hur, un golpe de mala suerte hace que su hermana se apoye en el borde de la azotea des su casa y una teja se desprenda al paso de la comitiva que llevaba al gobernador. Este accidente provoca la desgracia de la familia. Este mes de agosto,  en el campo de Villena, cerca de donde Juan Carlos Ferrero tiene la escuela de tenis, cuando todos estábamos hablando en la cocina, oímos un ruido tremendo como si hubiese temblado la tierra. Rápidamente salimos al porche, las tejas de la marquesina, resentidas por una obra reciente, se habían caído inesperadamente sobre el terrario y la casita de  los dos niños de la casa.  Apenas un minuto antes, Luis, el pequeño de dieciocho meses que es la alegría de la casa,  estaba jugando allí. Todos nos quedamos sin palabras, temblando. Al abuelo Luis se le cayeron las lágrimas. Enseguida quitamos todas las tejas.
 No hemos vuelto a hablar del tema.  Constatamos que apenas un minuto puede separar la felicidad de la desgracia, apenas unos segundos suponen un intervalo entre la vida y la muerte. La mala suerte está acechándonos inexorablemente, el destino cruel permanece agazapado  buscando cualquier debilidad. Afortunadamente, esta vez ganó la batalla el ángel de la guarda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Se me han puesto los pelos de punta al leerlo

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