miércoles, 25 de diciembre de 2013

Hoy triunfo

Ante el espejo se atildó y se atusó el bigote a lo Carl Gable, después se dirigió a la cocina y se tragó una viagra. “Esta noche triunfo”. Tenía 90 años y no lo aparentaba, o por lo menos así lo creía él y todas las que se arrimaban a su rolex de oro. De mediana estatura, con hechuras de galán antiguo y voz atiplada, saludaba militarmente y se deshacía en elogios cuando veía aparecer una hembra. La vocación de donjuán la tuvo siempre; pero los tiempos de la dictadura y un matrimonio aburrido con una mujer de escasa salud, que no le dio hijos, le ataron corto. En la transición, ya viudo, se hizo asiduo a los bares y raro era el día que no pegaba la hebra con una sudamericana de buen ver, con necesidad de dinero y moral distraída. Hasta lo intentó con la mujer de su mejor amigo de la que estaba enamorado desde los treinta años cuando la vio amamantar a su hijo. A medida que fue cumpliendo años, junto a los piropos recurría a regalar  joyas.
Vaya que si triunfó, dos días después se lo llevaron en olor de multitudes en una ambulancia. Dos dominicanas espectaculares se le habían acercado, las invitó a unas copas y luego dejó de recordar. Un policía le comunicó que le habían dormido con Rohypnol, un anestésico quirúrgico de actividad hipnótica y sedante. En un cajero le sacaron todo el dinero que pudieron y luego fueron  a su casa donde tropezó con la alfombra y cayó desmayado mientras le desvalijaban. Su sobrino, alarmado por su ausencia,  lo encontró y avisó a urgencias. Maltrecho y dolorido se dijo en el hospital: “Esta es la última vez”. Un  mes después volvió a las andadas. Sangre y figura hasta la sepultura. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Maritú

La mujer delgada, vestida de negro y peinada con un moño, se acercó sigilosamente a la cama donde había dado a luz su hija, acarició la frente sonrosada de la criatura y sentenció:
- Es nena, vivirá
Ella sabía de estas cosas, había parido cinco hijos y solo le habían sobrevivido las hembras, como era costumbre en su familia. A esa niña le siguieron otras, en total tuvo seis nietas que se criaron sanas y rollizas. Todas se llamaban María: Maricarmen, Marialuisa, Maritere, Mariaisabel, Mariángeles, Mariadolores.  La abuela ideó un plan infalible para no equivocarse con sus nombres: a todas las llamó Maritú. Siempre había una Maritú para ayudarla a levantarse, para rezar el rosario, para encender las velas, para hacer un recado.  Pero todas las Maritús se sintieron ninguneadas y no demostraron ningún afecto por esa figura de corazón helado, forjado en las desgracias, que siempre tenía un reproche en la boca.
- Ahora os reís, pero acabaréis llorando.
Las Maritús no tuvieron ningún éxito con los hombres, se quedaron en un matriarcado forzoso: tres solteras, una viuda, una separada y una madre soltera. Sólo tuvieron hijas que perdieron el María delante del nombre en rebeldía con su abuela, una mezcla entre doña Perfecta y Bernarda Alba, pero que conservaron una m en la inicial: Marta y Miriam. Como estaba previsto, las bisnietas sobreviven con buena salud y su color preferido es el verde.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Palabras moribundas, Alex Grijelmo y Pilar García Mouton

Las palabras moribundas tienen un poder evocador que lleva hacia nuestra memoria el recuerdo de personas queridas que ya no están, épocas de nuestra vida que pasaron, utensilios perdidos, tareas superadas, antiguas modas divertidas.
Este libro puede ser una especie de álbum de fotos familiares para muchos lectores que algún día utilizaron términos como chipén, pasquín, pickup, chiticalla, romadizo, almazuela, piscolabis, patatús, córcholis, mandil, encetar, garrotillo, mancar... o elepé o tomavistas. Pasaron por nuestras bocas y nuestros oídos, pero ¿cuánto tiempo hace que usted no oye, lee o pronuncia la palabra desgalichado?
He aquí un ejemplo:

ACERICO
Es un diminutivo de hazero, que viene de fazero, ‘almohada’, del latín vulgar *faciarius y éste, del latín facies, ‘cara’, sin duda porque es la cara la que se apoya en la almohada. La Academia da como primer sentido el de «Almohada pequeña que se pone sobre las otras grandes de la cama para mayor comodidad» y, como segundo, el de «Almohadilla que sirve para clavar en ella alfileres o agujas». Éste es el orden desde 1726, cuando aparece la palabra en el Diccionario de Autoridades, el primer diccionario de la Real Academia (llamado así porque las palabras, además de su definición, incluyen ejemplos de alguna autoridad de nuestra lengua), definida así: «Almohada pequeña que se pone sobre las de la cama, para tener más alta la cabeza. / Se llama también una almohadica mui pequeña con una borlita ò puntada en medio, que passa de una parte à otra en la cual clavan las mugeres los alfileres para que no se les pierdan». Una vez más vemos que los académicos eran más estilosos siglos atrás, porque frente a estas definiciones las de ahora resultan escuetísimas. Está claro que la segunda acepción, la relacionada con el mundo de la costura, deriva semánticamente de la primera, pero también parece claro que hoy no se guarda recuerdo de la primera, a pesar de que el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) la conserve —¿por tradición?— y en primer lugar. En el propio banco de datos académico, el corpus histórico sólo documenta dos casos de acerico como almohada pequeña en dos inventarios, uno de 1582 y otro de 1615. Todos los demás, antiguos y modernos, corresponden a la segunda acepción.
El hecho de que el acerico de las modistas y los satres sea en origen una miniatura del otro se refleja en el sufijo diminutivo -ico, lexicalizado aquí, pero muy general en otras épocas y hoy regional, y en el sufijo -illo con el que también se puede encontrar, como acerillo.
Muchos testimonios defienden que acerico no es, ni por asomo, una palabra moribunda, y se pueden subagrupar. En primer lugar, estarían los de quienes hablan de su infancia, de sus madres y abuelas, y de que fueron ellas quienes les transmitieron acerico con recuerdos infantiles de tardes de costura y radio, acompañados de palabras como dedalcanesú,pespuntemanga ranglanhilván… Son las madres, en general, las que todavía usan acerico, porque son ellas las que aún cosen en vez de llevar la ropa a arreglar fuera de casa, y, por otra parte, cada vez hay más personas aficionadas a hacer bolillos que necesitan un acerico donde pinchar los muchos alfileres que usan.
La comparación con el acerico da para muchas frases hechas: por ejemplo, la de decirle a un chico con muchos piercings que «parece un acerico»; también recuerda, por ejemplo, a la abuela que, cuando había que ir al practicante, decía: «¡Te van a poner el culo como un acerico!». El mismo Antonio Gala, en su obra de teatro ¿Por qué corres, Ulises?, estrenada en 1975, hace decir a Ulises: «Él no se conformaba con beberse la vida a pequeños sorbos. Su alma no era la de un oficinista. El tiempo que corría se le clavaba como en un acerico».
En el segundo grupo están quienes han tenido relación profesional con la palabra, por dedicarse a la costura, o sus conocidos, unos cuantos hijos de modistas y de sastres. Alguno recuerda al calamitoso sastre con un acerico en el antebrazo izquierdo que tenía su negocio en el 13 de la rue del Percebe, aquel memorable edificio dibujado por el gran Ibáñez. Hay quien llama alfiletero o almohadilla a nuestro acerico. Muchas personas —la gran mayoría, mujeres— siguen usando el acerico, lo conocen por ese nombre y se refieren a acericos con el nombre bordado o en forma de corazón.
Finalmente, está el grupo de los que jugaban al juego del boni con los alfileres y el acerico; por ejemplo, la periodista Nieves Concostrina, que cuenta:
Yo no uso la palabra acerico desde, más o menos, el Cretácico Superior, cuando los niños jugábamos en la calle. El juego consistía en hacer un montoncito de tierra donde se enterraban los bonis de todas las niñas que jugaran. Los bonis eran alfileres con cabezas redondas de colores. Sobre el montón de tierra se dejaba caer una piedra y, si con el golpe se desenterraba un boni de la jugadora contraria, te quedabas con él y lo pinchabas en el acerico.
La conclusión es fácil: acerico es palabra bien viva y no corre peligro en su segunda acepción académica; la primera no está moribunda, está muerta.

Interesante entrevista en la radio:

Palabras maltratadas

Las palabras maltratadas del español, artículo del periódico 20 minutos

Novelas fallidas


Hoy me toca hablar de las últimas novelas que he leído, a  las que califico de fallidas no sé bien por qué. Algunas están escritas por buenos escritores, los temas a priori son interesantes, son ambiciosas con algunos diálogos interesantes, con un planteamiento admirable, pero que no enganchan al lector, nunca formarán parte ni de las más vendidas ni de las mejor escritas. Yo las depositaré en el cajón del olvido. Como lectora compulsiva que soy, las clasifico a continuación en tres grupos:
a) Buenas, pero con la sensación de haberlas leído ya antes:
- El hombre discreto de Vargas Llosa. Interesante por la técnica que enlaza diferentes díalogos, pero que no aporta nada nuevo a la extraordinaria trayectoria del autor y que nos recuerda demasiado a obras anteriores.
-Las lágrimas de san Lorenzo de Julio Llamazares
-Inés del alma mía de Isabel Allende
b) Aburridas
- La señorita Harriet de Natalia Sanmartín
-La mujer que llora de Zoe Valdés
- La berlina de Prim de Iam Gibson
- La nieta de la maharani de Maha Akhtar
-Las chicas de Riad de Rajaa Alsanea
c) Totalmente fallidas, he dejado de leerlas a la mitad:
- El camino del mozárabe de Jesús Sánchez Adalid
-Dispara que ya estoy muerto de Julia Navarro

domingo, 24 de noviembre de 2013

Coplas por la enseñanza pública

domingo, 3 de noviembre de 2013

Prohibir lecturas


Interesante artículo de Juan Cruz publicado por El País,

Prohibir un libro es invitar a leerlo


Errata



Donde dijo Cicerón: “Si junto a la biblioteca tienes un jardín, no te faltará de nada”, dijo Diego: “Si la biblioteca está cerrada y el jardín talado, tendrás un gimnasio”.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Sola ante el peligro


 Un voto negativo frente a cincuenta a favor.  Este harakiri  incruento en el claustro lo hice por coherencia. No deberíamos votar lo que es injusto y perjudica a la comunidad escolar. No se puede escribir en el proyecto del centro que se está a favor del fomento de la lectura y no haber contemplado el servicio de préstamo de la biblioteca, necesario cuando la mayoría de nuestros alumnos no tienen dinero para comprar  libros. Tampoco se pueden aprobar unos horarios escupidos por el ordenador, irregulares, descompensados y cargados de horas, que impiden desarrollar la calidad de la enseñanza. Con ellos se da una vuelta de tuerca más al desmantelamiento de la enseñanza pública.

P.D.:Cuando me jubilé, después de cinco años en el instituto (15/10/2014),  no recibí  por parte de la dirección ni una mención, ni un ramo de flores, como se había hecho con otros compañeros que habían estado menos tiempo. Menos mal que mis compañeros sí estuvieron a la altura de las circunstancias.  

Chema, loco de la vida

Ana iba, como siempre. corriendo cuando se tropezó con él en una esquina de la Gran Vía. Se quedó tan helada que no supo reaccionar. Un hombre que no pedía dinero, de unos sesenta años, con  bigotes pelirrojos y gafas de montura redonda, estaba sentado inmóvil mirando al vacío, a su lado había una multitud de bolsas. Inmediatamente se acordó de ese chico moreno, Chema, fibroso y delgado con boina a lo Ché Guevara, que ocultaba una calva incipiente. Nunca supo por qué apareció de repente entre el grupo de compañeros de la facultad en la feria de San Isidro, ni por qué se arrimó a ella como a ese cachorro de perro que llevaba en sus brazos. Hablaba poco, arrastraba oscuras historias del pasado en tierras de Cuenca, no tenía ocupación alguna ni domicilio conocido. Ana pasó de sentirse halagada por ser la elegida a sentirse acosada por ese ser hermético que parecía sentirse feliz a su lado sobre todo cuando la besaba. Esos besos a ella le sabían raros, a desequilibrio mental y a soledad. Un día casi se matan en el parque del Oeste porque no se dieron cuenta de que había una escalera y la bajaron prácticamente volando. Otro tuvo que echarle de casa porque no se iba. Al día siguiente algunos vecinos dijeron que había un hombre sospechoso que había pasado la noche en la escalera. Empezaban los exámenes y tenía que estudiar, lo dejó plantado en el metro de Banco de España. No quiero volver a verte, esta historia ha llegado a su fin. Chema se quedó inmóvil, con el alma partida, viendo como desaparecía.

domingo, 27 de octubre de 2013

Un día de huelga del profesor esquirol: descansado y sin descuentos

A pesar de las críticas, entiendo que algunos profesores, hartos de solucionar con sus descuentos los problemas económicos de la comunidad de Madrid sin haber conseguido resultado alguno, no hayan hecho las últimas huelgas. Yo misma no hice la anterior, aunque sentirme esquirol me amargó la mañana. Esto me sirvió para descubrir con sorpresa cómo transcurre un día para los no huelguistas; como apenas vienen los alumnos, la mayoría de la jornada se la pasan relajados en la sala de profesores. Además, firman a la entrada,  no a la salida. Resultado: un día descansado sin descuentos. Pero lo que más me indignó fue que se enviará al salón de actos a los alumnos sin profesor y se les pusiera la película Lo imposible. Esperé en vano que mis pocos alumnos de primero de la ESO vinieran a mi clase de lengua porque todos estaban más a gusto viendo el desenlace de la película. Una película dura una hora y media y las clases cincuenta y cinco minutos. Ni entiendo que se ponga ese día un examen, cuando la huelga está apoyada por padres y profesores,  ni veo ninguna razón para una actividad lúdica muy alejada de la docente,  que no se corresponde con las horas lectivas, aunque la ley les ampare.  Hay que tener un mínimo de sensibilidad, porque la huelga se hace para reclamar derechos para todos, es absurdo intentar dar una sensación de normalidad, evitando que los alumnos estén en el patio. Ante esta nueva moda de los equipos directivos, algunos con camiseta verde y que acuden a las asambleas informativas, no cabe más remedio que preguntarse de parte de quién están.  Los enseñantes deberíamos haber aprendido de la huelga de los médicos donde formaron una piña para defender sus derechos y los de los pacientes.
En la última huelga las cámaras de televisión junto con la Jefa de Gabinete de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid eligieron mi instituto para hacer un seguimiento. Todo su interés era sacar clases muy llenas. ¡Viva la objetividad! Después pusieron dos películas. Al día siguiente uno de los peores alumnos del centro me comentó que así da gusto venir al instituto, que por qué no lo hacemos todos los días.

La máquina expendedora de billetes y las monedas falsas de dos euros

Son las 7,30, Plaza de España, Conde de Toreno, introduzco un billete de 20 euros para un bono de diez viajes y me devuelve 4 monedas de dos euros, dos de ellas falsas. Juro en hebreo y trato de introducirlas para sacar otro bono. Error, no las admite. No reclamo porque tengo prisa y además pienso que dudarían de mí. Ahorro monedas de 2 euros para combinarlas con las falsas. Una semana después lo consigo.
Unos meses después, a la misma hora y en el mismo sitio,  con el nuevo abono de transporte, introduzco 55 euros en billetes y pulso la tecla de emitir justificante. Al instante la máquina, repentinamente loca, me devuelve la cantidad introducida en monedas de dos euros, algunos de ellas falsas. El ruido ensordecedor que producen al caer es el mismo que el de una máquina tragaperras, solo faltan las lucecitas y la musiquilla. Las monedas no me caben en ningún sitio y algunas caen al suelo. Esta vez, cabreadísima,  aviso al altavoz que amablemente me responde que tengo que ir a la entrada de Leganitos, justamente a diez minutos de donde estoy. Cuando llego, al contar el dinero me faltan 2,10 y hay cuatro euros en monedas falsas. Menos mal que la chica es simpática; después de varias llamadas y de rellenar un impreso, me devuelve el dinero íntegro sin pedir explicaciones y me ayuda a sacar el nuevo abono. Deduzco que no es la primera vez que pasa. Llego al instituto veinte minutos tarde con el justificante en la mano y el jefe de estudios me dice:
-¡Qué imaginación tienes, qué cosas te inventas para justificar un retraso!

domingo, 29 de septiembre de 2013

El velcro imantado

El anorak se lo regaló su chica después de mucho buscar por todas las tiendas de Madrid. Que sirva para la lluvia, que lleve capucha, que tenga bolsillos interiores y exteriores, que no sea oscuro. No pasaba desapercibido, era de color azul eléctrico con forro polar de color gris, por lo menos tenía seis bolsillos y se hacía impenetrable al frío exterior por medio de varios velcros que se podían plegar. En el metro ocurrió el extraño fenómeno, se abrió la cremallera e inmediatamente se le pegó a la cinta adhesiva del  velcro la bufanda de una chica rubia que pasó a su lado. Se deshicieron en excusas. Al día siguiente fue el pelo de un chaval de cuatro años el que se adhirió a su manga. Hubo lloros. Por la tarde, virutas de jamón del bocadillo de su vecino inexplicablemente acabaron en su pechera. Luego fueron las monedas que una anciana intentaba introducir en la máquina expendedora de billetes. Se las devolvió.  Todos los objetos que se caían a su alrededor acababan misteriosamente imantados por el velcro: periódicos, dientes, pelusas, caramelos, carteras, rosarios, gafas... Por la noche los depositaba en  un vaciabolsillos. Harto de ser un  cazatesoros de objetos absurdos, decidió cerrar el anorak a cal y canto. Aunque sudara. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

El guardián invisible, Dolores Redondo

La novela se lee bien y entretiene.

La casa redonda, Louise Erdrich

Interesante novela costumbrista, reivindicativa de la historia y de las instituciones indias con tintes de novela negra. A lo largo de esta novela (que reci­bió el Natio­nal Book Award en 2012) Erdrich nos mos­trará de la mano de su joven protagonista cómo es la vida en una reserva india, cómo los adul­tos aún con­ser­van sus tra­di­cio­nes y cos­tum­bres, mien­tras que los jóve­nes son cada vez más “blan­cos”, así como las situa­cio­nes de racismo a las que toda la comu­ni­dad se ve some­tida . Más interesante al comienzo, cuando exalta los valores de la familia, el amor, la lealtad y la amistad con dosis de humor, que al final, cuando hace presagiar el desenlace trágico.

Conductas fuguistas

Es bien sabido que a todos nos gustaría ausentarnos alguna vez de la cárcel  en la que vivimos en busca de la libertad y felicidad, pero no nos atrevemos por pereza, cobardía o egoísmo. En la familia García, excepto el abuelo, al que el sentido del deber le impidió hacerlo, todos lo intentaron por lo menos una vez. Todos volvieron. Nunca hablaron de ello. La abuela se escabullía una vez al mes. El hijo menor se escapó cuando era pequeño aprovechando un descuido de la cuidadora. El mayor se fue a vivir a otro país.  Una nuera se fue con la música a otra parte y abandonó el domicilio común. El nieto pequeño con apenas dieciocho meses se fugó de la guardería y se subió en un autobús sin que nadie se diese cuenta y consiguió llegar hasta el final del trayecto.  Otros dos nietos construyeron un túnel del colegio junto a la verja del patio para evadirse con sus compañeros. Incluso lo intentaron los animales domésticos.  La perrita se soltó del collar y apareció una hora después temblando en el garaje debajo del coche familiar. Dos perras rescatadas de una perrera estuvieron perdidas en el campo cuatro días hasta que fueron encontradas casi deshidratadas. El loro se esfumó por la ventana un día nevado. 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Tuberculosis y literatura


Siempre me ha intrigado esta enfermedad que frustraba las pasiones que, mientras debilitaba la voluntad, fortalecía la mente, que propiciaba el reposo y la exaltación de los sentidos y que va unida a la espiritualidad y la creatividad. El instituto donde doy clases fue un antiguo sanatorio antituberculoso, mi abuelo materno y un tío murieron a causa de ella en la posguerra española, sin que nadie en mi familia se atreviese a citar su nombre, como si fuera una enfermedad vergonzante, y trajo como consecuencia que nunca se dieran besos por miedo al contagio; en mi hombro izquierdo tengo la señal de la tuberculina, vacuna necesaria para la matriculación en la carrera de Filosofía y Letras.

La tuberculosis, conocida desde muy antiguo como consunción, tisis, mal del rey o plaga blanca, es una enfermedad infecciosa causada por micobacterias (fundamentalmente Micobacterium tuberculosis) con gran variedad de cuadros clínicos dependiendo del órgano al que afecte.  En el siglo XIX se mitifica la enfermedad e incluso se propaga la creencia de que su padecimiento provoca "raptos" de creatividad o euforia más intensos a medida que la enfermedad avanza . Por esa misma época, Alejandro Dumas, hijo, publica La dama de las camelias, la historia de Margarita Gautier, la elegante cortesana enredada con adinerados jóvenes burgueses, que también desfallece de tisis y de amor. La obra igualmente inspiró otra célebre ópera: La Traviata de Verdi. Pero arte y vida se parecen y la lista de escritores, poetas, músicos y artistas muertos por tuberculosis en el siglo XIX, e inicios del XX, es larga y notable: Novalis, Schiller, John Keats, Bécquer, Chéjov, Chopin, entre otros. Un caso extremo es el sucedido a las hermanas Brontë: las tres, todas ellas escritoras, murieron en un lapso de siete años, entre 1848 y 1855, víctimas de la tuberculosis.
La leyenda comenzó a desvanecerse a partir de 1882 cuando Robert Koch descubrió el bacilo que causaba la infección. En el siglo XX la enfermedad será asociada a la pobreza e insalubridad y su aura romántica se apagará para siempre. Miguel Hernández murió en la cárcel de tuberculosis. Padecieron está enfermedad: Vicente Aleixandre,  Rafael Alberti, Miguel Delibes, Camilo J. Cela, Ángel González y Rosa Montero, que desde los cinco años hasta los nueve estuvo recluida en casa donde se dedicó a leer y escribir.

La novela  brinda numerosos ejemplos de la influencia de la tuberculosis en el pensamiento cultural:

La montaña mágica de T. Mann (1924)
El joven Hans Castorp visita a su primo Joachim Ziemssen, enfermo de tisis, en Davos y acaba sucumbiendo al hermético encanto del lugar. Una ligera afección lleva a que la estancia, planeada en principio para siete días, se alargue primero a siete meses y finalmente a siete años. Castorp sólo saldrá de allí para alistarse en la gran guerra.

Pabellón de reposo de Camilo José Cela (1943)
Cela describe sus vivencias durante el tiempo que vivió en un sanatorio para tuberculosos. En ella siete enfermos casi terminales ven pasar sus últimos días en un pabellón que les proporciona de todo menos reposo. Aislados físicamente del resto del mundo por su dolencia, reflexionan constantemente sobre la enfermedad y la muerte; porque antes del descubrimiento de la estreptomicina (aislada en octubre de 1943), la cura sanatorial era la última esperanza para intentar escapar a una enfermedad que, prácticamente, era sinónimo de muerte. El libro llegó incluso a ser prohibido en este tipo de instituciones, temiendo los médicos que causase en sus pacientes el mismo desasosiego que sufren los protagonistas.

El jardinero fiel  de John Le Carré (2001)
En la novela de John Le Carré El jardinero fiel, llevada al cine por Fernando Meirelles (2005), se desarrolla una trama alrededor de las pruebas para un fármaco antituberculoso realizadas por una multinacional farmacéutica en África y desarrolla el tema de una posible pandemia mundial de tuberculosis debida a la aparición de cepas muy resistentes a los tratamientos antibióticos conocidos hasta el momento. 

Para saber más:

domingo, 8 de septiembre de 2013

A una damita bizca y hermosa

El señor vestido de blanco y con manos blandas le repetía una y otra vez:
- Concéntrate y dime si ves al soldado dentro de la garita.
Resultado de imagen de a una damita bizca y hermosa  bloggelesLa pequeña de seis años lo intentaba con todas sus fuerzas, atrapada su barbilla y su frente en el extraño aparato. Para contentar a todos deseaba ver dentro de la pequeña casita la figura del soldado valiente de sus cuentos de hadas, pero no había manera, la figura se superponía, se colocaba a la derecha o a la izquierda, nunca dentro. Después de las gotas, los parches y  las gafas,  vino la operación. A punto estuvo el oftalmólogo de operarle el ojo bueno, menos mal que su padre, hombre precavido, enseñó las fotos que le había hecho en un fotomatón y demostró que el ojo que bizqueaba, que sufría un severo trastorno de estrabismo, era el derecho.
De bebé tenía los ojos azules y no se notaba su defecto, la anomalía apareció al año cuando el color cambió y un ojo vago pasó a esconderse detrás del párpado. Todas las miradas de conmiseración se dirigían a sus ojos asimétricos. Era bisoja y trasojada. La madre no entendía estas jugarretas de la herencia y se avergonzaba de su hija que siempre se protegía permaneciendo en un segundo plano, agarrada al extremo de su falda,  temerosa de oír la temida frase: ¡Lástima, con lo mona que es! Encomio y escarnio al mismo tiempo, elogio paradójico, alabanza sesuda y burla. No le hicieron fotos para no avergonzarla, pero quedan algunos testimonios de su mirar zambo y zurdo entre familiares de ojos perfectamente alienados. El trastorno iba también asociado al astigmatismo y a la torpeza, tropezaba con objetos que no veía, no se hacía una idea de las distancias. Se volvió invisible, callada  e hierática.
Pepe, el primer chico al que amó, le preguntó:
-¿Por qué no me miras nunca a los ojos?
No se atrevió a revelar su secreto y a responderle: para que no te des cuenta de que soy bizca e indigna. Como no había nadie para protegerla con su mano, decidió alejarse para que él no se sintiese avergonzado.
Demasiado tarde supo que, en otras culturas como la maya, a los niños que tenían esta deformación se les consideraba superiores, algunas familias colocaban en la cabeza de su hijo un cordón con una figurita en el extremo que les caía delante de los ojos, para que al mirarla forzaran la vista.



lunes, 2 de septiembre de 2013

Las últimas palabras de los escritores

Hasta ahora solo me había ocupado de las primeras frases de un libro, tan importantes a la hora de continuar la lectura. Buscando en la red,  me he encontrado con las últimas palabras de grandes escritores; pero inmediatamente surge  la duda: ¿Las tenían preparadas?, ¿realmente las dijeron ellos en el momento de su muerte o las dijeron los que estaban a su lado para engrandecer su figura? Tal vez se las haya inventado el propio autor del libro. Me cuesta creer que los escritores desaparezcan como los actores de teatro después de decir "me muero". 
El libro de los finales contiene tres partes: la primera se ocupa de las últimas palabras de celebridades –desde Benito Mussolini o el Che Guevara a Blas Infante, pasando por Gabriele D’Anunzio, Emily Dickinson o Marcelino Menéndez y Pelayo—; la segunda se ocupa de epitafios célebres y la tercera de notas de suicidio.  

Tortuosas relaciones de parentesco de los grandes autores, Colm Tóibin

La gloria literaria gracias a los demonios familiares y a los secretos íntimos

  • Colm Tóibín retrata en 'Nuevas maneras de matar a tu madre' las tortuosas relaciones de parentesco de 20 grandes autores: Austen, James, Mann, Yeats, Beckett, Williams, Borges, Cheever...
  • El lado oscuro y los secretos íntimos que han servido para hacer grande a grandes escritores que ayudan a comprender mejor sus obras

martes, 27 de agosto de 2013

Juicio de conciencia, novela inédita de Trinidad Cuéllar Caturla

Deshaciendo la casa de mis padres en Villena, donde han ido a parar todos los trastos que no cabían en Madrid, he encontrado todos los apuntes de la carrera de mi padre y el borrador de la novela, Juicio de conciencia, que mandó al premio Nadal en  1948 o 1949,  porque no aparece el año. Él nunca me habló de su aventura literaria, solo se lo oí comentar a mi madre que fue la que pasó el original a máquina. Sus 200  páginas me las he leído con emoción e interés en dos días. Me ha sorprendido su habilidad narrativa, sobre todo para hacer diálogos,  y descubrir en él un espíritu joven e idealista muy diferente del talante de sus últimos años. Así era mi padre, todo un misterio, un hombre de ciencias enamorado de la literatura. La novela no le salió  redonda, tiene un tufillo antiguo, propio de los años en que fue escrita, es una novela iniciática, de aprendizaje muy parecida a la de los escritores del 98, mezcla de literatura intelectual, sentimental y religiosa, con alguna que otra pincelada costumbrista; pero refleja fielmente las lecturas juveniles y su propia personalidad.
El tema fundamental es la defensa de las mujeres caídas a través de la historia de amor de dos jóvenes del mismo pueblo y de caracteres muy diferentes, la indecisión de él y la búsqueda de nuevas experiencias en ella les separarán. La novela comienza con el famoso examen de estado que varios jóvenes realizan en Alicante y que supone una ruptura con su antigua vida. Carmen Rosales y Pedro Torres irán a Barcelona, él estudiará Derecho y Carmen empezará la carrera de Químicas que no terminara, porque en su camino se cruza un don Juan, el barón de Cornellá y la hará su amante. Se desarrolla entre 1927 y 1934, cuando se celebra el extraño juicio que en que la voz de la conciencia hace de abogado defensor y de fiscal. 
 El narrador se muestra claramente omnisciente, parece observar con un teleobjetivo la vida de sus criaturas, dialoga con el lector,  anticipa conversaciones y acontecimientos, es testigo de cómo Carmen acusa de su caída al incrédulo Pedro "porque siempre se goza culpando a los mejores hombres de las faltas graves". Pedro, huérfano de padre, es un buen estudiante en busca de la perfección y la felicidad, es inteligente e inmaduro, con grandes ideas y poco espíritu práctico,  lleva una vida diáfana: " estudia, ama, siente impulsos de juventud por conocerlo todo".  Carmen es una mujer bella a la que la búsqueda de la felicidad le va a acarrear la desgracia, "halagada por todos  llora en silencio la existencia de un verdadero amor". Un hombre rico con una mujer enferma de tuberculosis que vive en Suiza, deslumbra a nuestra pueblerina. Carmen quiere vivir esa vida de lujo que no le ofrece Pedro. Cuando su mujer muere, la abandona compensándola con dinero.  Después de dilapidar su fortuna en viajes, lujos, drogas  y amantes, abandonada por todos, esta  femme fatal, decide ir contra su amigo y amor de juventud para solucionar sus problemas económicos.  Le demanda porque de joven la corrompió con sus ideas librepensadoras sobre el amor libre, a través de un diálogo intrascendente entre el amor espiritual y el amor carnal que le leyó Pedro.
En este inusual folletín no podía faltar el final feliz, Carmen es redimida por el amor de Pedro. Junto a los dos personajes principales, aparecen muchos secundarios: una compañera de la carrera con la que Pedro tiene una relación fugaz, Julia Montañola,  muchos estudiantes que quieren vivir libremente fuera del conservadurismo que les rodea, una madre (Virtudes), una hermana de la protagonista,  un cura y un marqués. Como fondo tres ciudades, Túrtula (nombre antiguo de Villena), Barcelona y Valencia.

En sus páginas hay pocas descripciones, solo algunas pinceladas costumbristas de Villena: canciones populares, referencias a las fiestas de Moros y Cristianos, con comparsas muy distintas a las que hay ahora, y a José María Soler, ganador del prestigioso premio internacional Montaigne.  No puedo copiar toda la novela, pero he entresacado estos párrafos que dan una idea del estilo del autor.
"Ninguno de los protagonistas sabe lo que es el aburrimiento y están esperando que vengan las fiestas de la Virgen para pasarlas como las mejores de su vida.  Con ellas se escaparán de la rutina de las vacaciones y del trabajo. Los festejos como en años anteriores están anunciados con programas policromados. Se trata de las fiestas de Moros y Cristianos tan arraigadas en la región levantina.  Desde el cinco de septiembre hasta el nueve, todas las horas están ocupadas bien con simulacros de batallas y alianzas, bien con procesiones y sermones, bien con corridas de toros y charlotadas, bien con contrabando, bien con desfiles, bien con bailes o bien con conciertos. Tradicionalmente se ha ido elaborando el programa de festejos que difiere poco de unos años a otros. Su finalidad consiste en dar las mayores facilidades para que cada individuo del pueblo goce del mayor número de diversiones. La comisión que redacta el programa encauza los gustos de sus paisanos: no quieren que la iniciativa propia malogre lo que cuesta tantos sinsabores y dineros, y tan solo a las comparsas a altas horas de la noche les dejan cierta libertad para que organicen bailes y reuniones".
"Como el año anterior las Fiestas de Moros y Cristianos se celebraban con todo su esplendor y Rafael se sintió atraído por la policromía de los diversos trajes. Esos moros con sus dibujos arabescos y pantalones de raso, color encarnado, amarillo y azul. Los estudiantes con la misma vestimenta de los españoles célebres del Siglo de Oro. Los marineros con la sencillez de sus vestido calcado de los que llevan los trabajadores del mar, con la clásica camiseta de rayas horizontales blancas y azules. Los contrabandistas, viva estampa de los fieros bandidos de Sierra Morena; ni José María el "Tempranillo" llevaría el garbo que al andar esos turbulenses proporcionan a sus cuerpos disfrazados. Los americanos, retrato fiel de los hombres del Oeste de Norteamérica, pues también aquí en este rincón de España un puñado de jóvenes se sintieron atraídos por las luchas legendarios de Eddie Polo, William Duncan, Tom Tyler* y otros, y esos cinco días del 5 al 9 de septiembre, salen a la calle del pacífico pueblo a hacer realidad las aventuras de Él, Ella y el Bandido. Los Maseros o labradores manifestando el poder de la gleba, pues hasta en las fiestas se cuenta con ellos. Los romanos, hombres serios y graves que con los Cristianos cierran las últimas comparsas, para al final de los cinco días, después de haber permitido el triunfo de la morisma, acabar con ella y obligarla a la conversión al cristianismo en el santuario donde se venera a la Virgen.
De todas estas comparsas Rafael se sintió atraído por los Americanos, era la voz de la sangre la que se le inflamaba, pues tenían algo de aquellos pamperos que dominan con el látigo el potro salvaje y el toro de carne  de muchas arrobas. Y así él en las retretas, fiesta de noche en donde se permite todo cuanto inspire el vino, dejaba a sus amigos y se juntaba a estos festeros para correr y saltar al compás de los pasodobles que una música traída ex profeso de un pueblo vecino les seguía a todas partes".

"-No te mereces ser turbulense, si yo fuera tú, me las arreglaría para escribir un libro que retratase con fidelidad estas bellas tradiciones que han hecho conocer a tus paisanos. Eres muy serio en comparación con tanta alegría como se reparte por esas calle Túrbula.
-¿Y por qué tengo que ser yo quien escriba ese libro, cuando ya hay un Romancero turbulense y  hay gente como José María Soler que con un espíritu más histórico que el mío, que llevan toda su vida recogiendo datos para publicarlo?
-Pero nadie posee el sentimiento tuyo, amigo Pedro. Estoy seguro que tú descubrirías cada paso con la poesía que nos das a conocer cuando relatas los sucesos más importantes.
-Gracias, Rafael, por lo que me dices, pero si he hecho poesía alguna vez, ésta ha sido un poco trágica, algo existencialista y creo que describiría mejor la semana de Pasión que la semana de Fiestas".

"Tenía por norma Juan encabezar sus epístolas con adjetivos galantes que Carmen iba anotando en una libreta. Nunca se repetía y mientras duraron las ausencias le adornó las cartas con los siguientes piropos:
"Guapa, maja, jarifa, galana, venusta, linda, agraciada, peregrina, relinda, hechicera, jorguina, garrida, graciosa, mirífica, bondadosa, mayestática, álfica, armiñada, leda, etc."

* Los tres fueron actores del cine mudo y sonoro.


domingo, 25 de agosto de 2013

Hay que deshacer la casa del pueblo

Hay que deshacer la casa es una obra de teatro de Sebastián Junyet que vi hace mucho tiempo interpretada por dos hermanas que se deben repartir la herencia en el domicilio familiar, tarea nada fácil puesto que todos los objetos tienen detrás recuerdos y reproches. Este verano, me ha tocado a mí sola la ingrata tarea de deshacer la casa de mis padres, después de haber sido ocupada por unos drogadictos y de que la policía reventara la puerta de entrada con una orden de registro. He tenido que hacerlo en vida de mi madre. Le prometí, cuando la memoria habitaba en ella, cuidar su casa y no lo he hecho, se la he deshecho. Después de llevar más de quince años abandonada y sin limpiar, se asemejaba a una tumba. Había más arena que en una playa y más polvo que en el decorado de una película de miedo. Los ladrones habían reventado con cuchillos los armarios que aparecían destripados y desordenados. Todos los objetos de valor habían desaparecido. El tiempo se había detenido entre habitaciones de principios de siglo pasado, años cuarenta y ochenta, cuando se había hecho la reforma; parecía la casa de Cuéntame. Los muebles que estaban mejor se los he dado a los habitantes de casa Zoilo, que me acogen todos los veranos como si fuera una más de la familia, allí los podré ver.  Mi madre había acumulado cosas y más cosas sin ordenarlas. Han aparecido más de seis tulipas que no se corresponden con ninguna lámpara, el camisón de piel de melocotón de su noche de boda, la ropa de acristianar con las iniciales de mi padre y los bordados que mi abuela materna hizo en la Normal de Castellón. El problema son los recuerdos de mi padre, los libros y las revistas de los años cuarenta (Destino, Campeón) y de los setenta (Triunfo) que  no sé qué hacer con ellos. Todavía quedan sin tirar más de ochenta bolsas de basura llenas de porquería, de objetos rotos, de visillos ennegrecidos y ropa vieja. Parece mentira todo lo que podemos acumular en vida, aunque sepamos que nos vamos ligeros de equipaje. Ha sido muy duro desprenderme de algunos objetos, sobre todo de los ligados a mi infancia. 
Me he acordado de un poema de mi compañero Ángel Guinda, donde se pregunta adónde van las casas y los objetos que las habitaron. La respuesta a este ubi sunt es bastante clara: primero al olvido y luego a la basura.   

¿Adónde van?
Las casas y objetos que nos habitaron,
los grandes descalabros,
los triunfos,
las promesas incumplidas,
la ilusión caducada,
los instantes tremendos,
las huellas que se interrumpen,
los placeres,
los días tenebrosos,
las citas decisivas,
la avidez desplomada,
los álbumes de fotos,
los vivos y los muertos.

La casa es preciosa,  modernista de principios del siglo XX, un dúplex con salón, dos cuartos de baño y cinco habitaciones con mucha luz, situada en el centro del pueblo con inmejorables vistas a las fiestas de Moros y Cristianos, eso sí, sin ascensor. La voy a poner en venta. No fui capaz de hacer fotos ni antes ni después del desastre, supongo que para olvidar. Si la casa estuviera en Madrid, sería muy afortunada.