viernes, 6 de agosto de 2010

¡Tierra trágame!: situaciones de ridículo


Ahí van algunas de Jorge Wagensberg:

El pésame. Acaba de perder al amigo que le enseñó bucear. Ha muerto trágicamente con las aletas puestas. Era un amigo reciente, pero había hecho muy buenas migas con el él y con sus simpatiquísima esposa. La cola para reconfortar a la viuda es muy lenta, demasiado lenta... Da tiempo para pensar en el difunto... y en otras cosas. La menta se va de una cosa a la otra hasta que, de repente, se encuentra delante de una cara deshecha, ausente, con la mirada sin foco... Cuando su cerebro envía la orden urgente de cerrar la boca, ya es tarde. La palabra se ha escapado: Enhorabuena. Ha sido un susurro, pero ha sonado como un trueno. ¡Tierra trágame!

La entrevista. Es periodista y, tras una buena carrera de quince años, acaba de perder su empleo por primera vez. Pero es muy posible que todos se solucione en los próximos minutos. La entrevista con la jefa de la sección de economía de un gran rotativo de ámbito nacional. No se conocen, pero cada una sabe quién es la otra. Incluso es muy posible que se admiren mutuamente. La conversación arranca fluido Todo parece encajar, talante, sentido del humor, personalidad. Ya se tutean con cierta intimidad. Es entonces cuando la aspirante descubre un pelo negro en el blanco pecho escotado de su futura jefa y amiga. Su inconsciente mira al pelo y, sin encomendarse al consciente, ordena uin gesto a la pinza que forman el pulgar e índice de la mano derecha. Es un gesto, cómplice y cariñoso, de mujer a mujer: agarrar el pelo y tirar de él con gracia y decisión. Un seco y agudísimo ¡ay! Cruza la redacción levantando miradas de alarma a su paso. Las abiertas sonrisas de las dos mujeres son ahora dos muecas de idéntico estupor. Aquí, y nunca mejor dicho, acaba la historia. ¡Tierra trágame!

El nacimiento. Tiene cuatro años y acaba de llegar a la clínica para conocer a su hermano recién nacido. Le han explicado de manera un poco confusa como vienen los bebés al mundo. Cuando entra en la habitación de la mano de su padre, el asunto aún le da vueltas en la cabeza. Piensa, a su manera, que lo que le han contado quizá sea una especie de metáfora ¿qué puede ser si no? En la habitación encuentra al recién nacido, mamá y una enfermera de colosal y afiladísima nariz. El niño no mira a su hermano, ni a su madre, ni a su padre. Mira fijamente la nariz. La enfermera pone los ojos en blanco como diciendo “ya estamos otra vez”. La madre mira al padre como diciendo “haz algo”. El padre mira a la madre como respondie3ndo “dime tú qué”. Pero el niño no aparta la vista de la nariz, como comprendiendo por fin, sonríe de lado a lado y concluye: “Ah, tú debes ser la cigüeña, ¡no? ¡Tierra trágame!

Aquí tienes la de un antiguo alumno, Ángel Lucas:
El moco. Fue en primavera y andaba yo en celo. Había quedado con Mari Puri, bueno miento, ella quedó conmigo y eso era algo fenómeno, porque no veas como estaba. Así que aquel día me puse mi camisa favorita, me lave todos los dientes y ensayé miradas a lo Bogart. Así como a las 7, apareció Mari Puri y enseguida mi cuerpo entró en reacción, fui a calcarla un par de besos, cuando un fenomenal moco verde se descolgó de mi nariz y resbalando por la barbilla se instaló en mi flamante camisa. Mari Puri miró primero al moco y después a mí y de pronto recordó que tenía que irse porque tal, tal y tal... Así que se fue y yo me quedé sin Mari Puri y con moco. ¡Qué pena! Porque no veas como estaba.

Ahí va la mía:
La sudadera. Iba a trabajar a la oficina tan contenta. ¡Estrenaba sudadera! Preciosa, de color azul, con las siglas UCLA bien visibles, como esa se veían pocas por Madrid. Me gustaban las miradas que cosechaba al pasar. Cuando de repente oí unos pasos presurosos detrás de mí. La desconocida me dio un ligero golpecito en el hombro y me dijo:
-Perdona, tienes la etiqueta con el precio puesta en tu sudadera.
Le di las gracias amablemente. Me la quité como pude.

Ahora redacta la tuya: recuerda o inventa una situación ridícula y escríbela para contársela a tus compañeros. Cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra Sudadera:
De camino a clases particulaes me encontré con que me sobraban 15 minutos asi que decidí entrar a una conocida tienda de ropa. Quería unos vaqueros. Pero cosas de la vida, acabé en el están de sudaderas, casualmente al lado de una estupennda empleada del lugar. "¿Quieres algo?",me pregunto. Pensé en su respuesta a "una cita contigo" pero lo cambien por un "ehhhhh si esto una sudada contigo...digo sudadera...".Silencio absoluto de 3 segundos. Una mirada de soslayo escondia un cerebro femenino que pensaba "jodido anormal". El caso es que lo hice lo mejor q pude y la cosa mejoró en los siguientes minutos de conversación...tanto q se me pasó la hora!. Mi profesor era más regio que un atlas asi que ensayé un "Bueno encanto, llego tarde ya dejamos para mañana lo de la ... suda-dera"...le dediqué mi mejor sonrisa y me comí (literalmente pq todabia no habia cerrado la boca) las lustrosas puertas de vidrio.
Miré a la chica q sostenía atónita un Limpiacristales y un paño y le dije "Buen trabajo"...mientras me perdía en una calle atestada, un coro de risas me escoltó hasta la academia.

Mª Ángeles Cuéllar dijo...

Gracias, anónimo, por tu contribución. Muy divertido. A veces nos pasan unas cosas...

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